Chico & Rita, amor con sabor cubano

La animación no se acaba en Estados Unidos ni Japón. Es cierto que allí se encuentran los que probablemente sean los dos grandes estudios de animación del mundo, sobre todo por la calidad de sus cintas, como son Pixar y Ghibli, pero se realizan este tipo de películas en todo el mundo y hay unos cuantos casos que merece la pena rescatar.

Uno de ellos es la cinta co-dirigida entre Fernando Trueba y Javier Mariscal Chico & Rita. Ya la pudimos ver entre las nominadas en la pasada edición de los Oscar, aunque finalmente la estatuilla recayera en la magnífica Rango, pero eso no la desmerece nada. Si la cinta estaba entre las nominadas, es porque tiene calidad para dar y tomar. Tanto Trueba como Mariscal han conseguido crear una obra casi redonda donde todo, absolutamente todo, se subordina a una cosa: la música.

Para cualquier amante de la música latina, de la buena música latina, ver esta película es casi una obligación. En ella se intercalan rumbas y boleros con el jazz y su variante de bebop que tanto se puso de moda en Estados Unidos en los 40. Aparte de la variedad de estilos musicales, que prácticamente no cesan durante todo el metraje, Trueba demuestra conocer perfectamente las raíces de cada uno de ellos y las utiliza perfectamente según lo requiera la historia. Así utilizará el jazz cuando los personajes se encuentran en momentos de mayor exaltación, donde su relación es más fluida, mientras que los boleros quedan restringidos a las escenas de tristeza, secuencias desarrolladas más lentamente donde todo se conjuga para transmitir los sentimientos de los protagonistas.

Estos altibajos que se producen en la película son producto de un guión que demuestra muchas carencias. Parece sacado directamente de una telenovela, donde lo único que importa es la relación entre los protagonistas. Esto no tendría que ser negativo siempre y cuando se realizara de una manera más fluida y sobre todo más verosímil, sin embargo la relación de amor/odio que mantienen durante toda la película los personajes que dan el título a la cinta se desarrolla de una manera muy brusca, como si tuviera que ocurrir obligatoriamente en ese momento y no se hubiera sabido transmitir correctamente. Aparte de eso, la trama peca de estar demasiado centrada en ellos dos, y llega un momento en el que esta línea argumental no puede dar más de sí y deben introducir personajes nuevos, como el momento en el que aparece en pantalla el personaje de Chano Pozo. Las carencias del guión quedan bastante evidentes en pantalla.

Pero si la película impacta e impresiona durante todo su metraje no es por las bases sobre las que se asienta, sino por la enorme calidad estética que atesora cada uno de los planos que vemos. En ese sentido se asemejan mucho a las películas de Ghibli y a los paisajes realizados por Kazou Oga, que tienen casi más protagonismo que los propios personajes. Esta vez los dibujos de Mariscal transmiten la misma sensación: los planos de La Habana, de Nueva York y de cada una de sus calles, realizados con un detallismo canalettiano, son los que dan la viveza y el valor estético a cada una de las secuencias. Lo mejor de todo es que el dibujante no se limita simplemente a tomar fotografías de época y plasmarlas en la gran pantalla, sino que le otorga su personal línea para darle mayor riqueza aún, lo que nos dejará hipnotizados admirando cada uno de los planos.

Por otra parte, la dirección de Trueba es muy típica de las películas de imagen real. Se nota la tradición de la larga carrera del director en ese tipo de películas, y utiliza algunas herramientas como determinados zooms entre objetos o algunos travellings que, si bien ya los hemos visto en otras películas de animación, no suelen ser muy comunes en ellas por la dificultad técnica que conllevan y se utilizan más en el cine de imagen real. Igualmente este punto da aún más riqueza a la película, a lo que se une también el interés por tratar, aunque de manera muy superficial, la revolución liderada por Castro y cómo afectó a los ciudadanos de Cuba.

Sin embargo, vuelvo a repetir que la simpleza del guión es el principal lastre con el que tiene que vivir la película, y que en algunos momentos hacen sentir al espectador que la historia no puede aportar nada más por sí misma. Por ello debe recurrir a elementos externos cuya introducción se hace de manera muy brusca y evidente. Pese a esto, Chico & Rita es una película para ser disfrutada con todos los sentidos, principalmente con la vista y el oído.

4 estrellas