Young Adult: j’adore Charlize Theron

Jason Reitman lo ha vuelto a hacer. En su cuarto largometraje, Young Adult, vuelve a hacer gala de un fabuloso sentido del humor tomando como base una historia tan patética como real, cercana y auténtica. Desde luego no se puede dejar fuera de la responsabilidad del éxito de su película tanto a su protagonista, Charlize Theron, como a su guionista, Diablo Cody, quien sin duda conoce a la perfección la psicología de los treintañeros y cuarentones contemporáneos y los problemas y traumas a los que se enfrentan. Ambas comparten, además, créditos como productoras, al igual que el director de la cinta.

Como es habitual Jason Reitman nos regala una secuencia de créditos absolutamente deliciosa que, si por un lado sirve para introducirnos en la película, también cumple una función de identificación con aquella generación que todavía utilizara las cintas de cassette. Esa misma secuencia, complementada con el prólogo que la precede, es suficiente para presentarnos a Mavis Gary (Charlize Theron) una mujer impulsiva, inestable y alocada. Un retrato en el que lo peor de Marvis es igualmente lo mejor de Marvis. Y esta es una máxima que sirve para toda la película porque una de las virtudes del relato es que lo más divertido es también lo más patético, con toda la dureza que tal afirmación conlleva.

Si el estilo visual de toda la película, y al igual que en sus títulos anteriores, es sencillo, no por ello es simple, pues sabe perfectamente cuándo y dónde fijar la atención, deteniéndose en un detalle o abriendo el plano sólo cuando Marvis abre también su propio objetivo psicológico. Porque Marvis es inteligente, y se da cuenta de lo que sucede, salvo que muchas veces, prefiere no verlo o mirar hacia otro lado. Preciso y casi matemático, Reitman no se prodiga demasiado en movimientos de cámara, salvo cuando quiere resaltar alguna emoción de los personajes. Nunca me había reído tanto como con un zoom como el que hace sobre Marvis cuando escucha The Concept, el tema de Teenage Funclub, pero no cuando conduce, sino más adelante, en el concierto de la esposa de Buddy (Patrick Wilson).

Pareciera que todo el discurso estuviera apoyado precisamente, no en esa secuencia, sino en la subjetividad que se desprende de lo que siente Marvis escuchando esa canción que, salta a la vista, no es lo mismo que sienten Buddy o su esposa. La conclusión que plantea Diablo Cody en su texto es, precisamente, que tan sólo depende de la óptica con la que veamos las cosas podremos superar los traumas y problemas que nos hayan puesto en el camino. Porque da lo mismo que vivas en un entorno rural o en la gran ciudad, la frustración y el éxito siempre serán relativos en función de cómo sea tu visión sobre ellos, o tu aceptación del mundo en el que te ha tocado vivir.

Patrick Wilson está justito en su personaje, pero todos los demás componentes del reparto están excepcionales en su interpretaciones. Quizás Patton Oswalt merezca una mención especial pues habría sido fácil que su personaje hubiera sido una caricatura con cualquier otro actor. Una buena dosis de sentido del humor se percibe en los propios artífices de la película al haber recurrido a Elizabeth Reaser para el papel de Beth, la madre y esposa que a Marvis le hubiera gustado ser. La broma viene a propósito de la participación de la actriz en The Twilight Saga, objeto de una sutil broma en la película. Pero quien desde luego se merece todos los honores y el Oscar de este año es Charlize Theron, muy superior a Meryl Streep o Rooney Mara. ¿Cómo? ¿Que no está nominada? Sinceramente no lo entiendo por que está absolutamente patética cuando se miente a sí misma y radiante y resplandeciente cuando tiene que engañar a los demás. Nota a favor del diseñador de vestuario por los tres fabulosos estilismos de la actriz en cada una de las citas con Buddy. Irresistible, como la propia película.

4 estrellas