Soundtracks: 7 maneras de escuchar a Carl Orff

Conocido popularmente por su cantata Carmina Burana, Carl Orff es un compositor alemán que precisamente nace cinco meses antes de que se produzca la primera exhibición del cinematógrafo de los hermanos Lumière. Influido por músicos como Ígor Stravinsky, Richard Strauss o Claude Debussy, así como deudor de la tradición literaria romántica alemana que le lleva a fijar sus fuentes de inspiración en mitologías y leyendas del pasado, la obra de este precoz músico, que ya estudiaba piano a la edad de cinco años, ha comenzado a utilizarse en el cine en el último cuarto del siglo XX.

Si fuéramos un poco maliciosos pensaríamos que el retraso de la incorporación de sus magníficas partituras al cine se debe a la intención de no pagar los derechos de autor, pues su fallecimiento es relativamente cercano en el tiempo -marzo de 1982-, aunque lo más probable es que las reticencias a utilizar su música se deban a que fuera uno de los pocos compositores alemanes que respondieran a la llamada del régimen nazi. Si Richard Wagner fuera uno de los músicos favoritos de Adolf Hitler, Carmina Burana fue tremendamente popular en la Alemania nazi, lo que, junto a alguna que otra comprometedora actuación, ha provocado que le resultara bastante difícil ser aceptado como anti-nazi, aunque finalmente así ha sido considerado.

En cualquier caso, no se puede negar la calidad y belleza de muchas de sus composiciones que sin duda han inspirado a compositores contemporáneos como Basil Poledouris, que emula a Carmina Burana en los ritmos y coros de su partitura para la banda sonora de Conan the Barbarian, o al propio Michael Jackson que cuela la misma pieza en las featurettes que abren sus dos volúmenes de History.

Badlans (1973)

Terrence Malick es el primer cineasta que incluye por primera vez -que yo sepa- una pieza compuesta por Carl Orff. Si el director de The Tree of Life es ornitólogo, además de cineasta, y trasmite su concepción panteísta del mundo a través de obras como The Thin Red Line o The New World, también el compositor de Munich debía compartir su misma filosofía pues, cuando todavía era un adolescente, escribía un libro acerca de la naturaleza además de disfrutar coleccionando insectos. En una espectacular banda sonora en la que también se escuchan piezas de Erik Satie, junto a un tema de James Taylor, otro de Mickey Baker y A Blossom Fell interpretado por la voz de Nat King Cole, se podía escuchar la pieza corta Gassenhauer -conocida en español como Música Poética- cuando Holly (Sissy Spacek) explicaba cómo era la vida salvaje junto a Kit (Martin Sheen). Una pieza a partir de la que Hans Zimmer compondría años después el tema principal de True Romance, You're so cool, a petición de Tony Scott.

Salò o le 120 giornate di Sodoma (1975)

Dado que Carmina Burana fuera una de las piezas favoritas de los nazis, no resulta nada descabellado que los protagonistas de esta fábula sobre el abuso de poder, que fuera la última película dirigida por Pier Paolo Pasolini, la escucharan entre sus prácticas sodomitas y ultra sadomasoquistas. El propio Carl Orff se inspirara en una colección de cantos goliardos de nombre homónimo que trataban sobre el hedonismo, dando rienda suelta a los placeres de la carne, haciendo referencias satíricas a estamentos sociales y eclesiásticos. Si no recuerdo mal el tema en cuestión se escuchaba en la parte final de la película, por lo que en lugar de ilustrarles con tan desagradable fragmento, les invito a ver su tráiler, que les dará buena cuenta de lo que pueden esperar de tan controvertida y polémica película.

Excalibur (1981)

Si los poemas que forman Carmina Burana fueron encontrados a principios del siglo XIX, el tema que tratan nos remonta hasta la Edad Media, lo que hace más que propicia su inclusión en una película como la que dirigía John Boorman en 1981. Mitos y leyenda se mezclaban igualmente en un tono exaltadamente épico que suena, precisamente, cuando tras beber del Santo Grial, el rey Arturo se prepara para la batalla.

Liquid Sky (1982)

Carmina Burana sería la primera parte de una trilogía de cantatas basadas en textos latinos que Carl Orff bautizaría conjuntamente como Trionfi (Triunfos), de los que Catulli Carmina y Trionfo di Afrodite forman la segunda y tercera parte. Precisamente fragmentos de esta última fueran utilizados como inspiración para algunos de los temas musicales que la protagonista de la primera película de Slava Tsukerman interpretaba en unos happenings tan insólitos como el propio argumento de Liquid Sly. Tras cosechar varios premios y reconocimientos en festivales de cine independiente, la obra de este cineasta de origen ruso acabaría convirtiéndose después en una auténtica película de culto. Sólo pueden pasar dos cosas cuando veas el trailer, que te mueras por verla, o que nunca quieras saber nada de ella.

The Doors (1991) / Natural Born Killers (1994)

Cómo no iban a ser sugerente la música de Carl orff para un cineasta tan sensacionalista como Oliver Stone. No sólo la utilizaba en una, sino en dos de sus películas: The Doors y Natural Born Killers. Ambos títulos reflejan perfectamente tanto las inclinaciones hedonistas como la exaltación por la que se dejan llevar los protagonistas de ambas películas. Si en The Doors suena en el momento en que Jim Morrison se libera de todo prejuicio social y sexual cuando decide beber sangre con su amante, no acierto a recordar en qué momento sonaba exactamente en Natural Born Killers

Finding Forrester (2000)

En un tono muchos menos beligerante y exaltador, Gus Van Sant volvía a retomar la Música Poética para la película que estrenaba en el año 2000 en la que se establece una peculiar relación de amistad entre un hombre solitario y excéntrico y un estudiante afroamericano que se cuela en su apartamento con una cartera repleta de trabajos literarios, establecéndose una peculiar relación de la que ambos sacan un positivo partido.

Hugo (2011)

En la clase de historia de cine que propone Martin Scorsese a propósito de las poéticas obras de George Méliès en Hugo, también podemos escuchar fragmentos de la fascinante Música Poética de Carl Orff. Puede que quede un tanto fuera de lugar, ya que la música no se corresponde en absoluto con el período que ilustra, al contrario que las breves piezas de Erik Satie que también se pueden escuchar con la misma intención, pero dado que no es el único anacronismo del director, tampoco vamos a pedirle mayores responsabilidades. Al menos queda muy bien.