Premios Goya 2012: ¿qué película española voy a ver?

A lo largo de esta semana hemos tratado de orientar a aquellos espectadores que sentían curiosidad por los títulos nominados a los premios Goya en esta edición de 2012. Si primero nos centramos en las cuatro películas europeas, después le tocó el turno a las hispanoamericanas, siendo ahora el momento para las películas nominadas en la categoría principal de mejor película española. Como suele ser habitual, mucha controversia respecto algunas de las que consiguieron nominación y otras que no aparecieron en ninguna de las categorías. Fernando Tejero anda un poco enfadado por que si La chispa de la vida no está nominada como mejor película, Cinco metros cuadrados no lo está en ninguna categoría. No dudo que no tenga motivos para estar enfadado, pero lo cierto es que al espectador le cansa bastante que cada año siempre estén nominados los mismos directores, los mismos actores y actrices, los mismos guionistas, los mismos directores de fotografía y así sucesivamente. Dejen paso, por favor. Dejen paso.

Blackthorn

Curiosamente, la primera película que me toca comentar es, desde mi punto de vista, uno de los misterios de esta edición de los Goya. Lo fuerte es que parte, ni más ni menos, que con once nominaciones: película, dirección, guión original, banda sonora, fotografía, montaje, dirección de producción, dirección artística, vestuario, sonido y maquillaje y peluquería. De todas ellas la única que me parece totalmente acertada es la nominación a Juan Antonio Ruíz Anchía, director de fotografía de origen vasco que ha desarrollado la mayor parte de su filmografía en el seno de la industria estadounidense a trabe´s de filmes como Maria's Lovers, House of Games, The Seventh Sign, Glengarry Glen Ross, Mr. Jones o, más recientemente, Bunraku.

Por lo demás creo que ni Butch Cassisy ni Sam Shephard necesitaran una película como Blackthorn, ni que la cinematografía española necesitara una película del oeste de estas características que ni se acerca al western clásico de John Ford, ni al crepuscular de Sam Peckinpah, ni siquiera al spaghetti western de Sergio Leone. está claro que aunque sea un género genuinamente americano, otros cineastas han hecho películas de este estilo con muy buen ojo, pero el ojo de Mateo Gil parece estar más preocupado en capturar los típicos planos del género que en contar una historia. Y mucho menos en explorar a un personaje como Butch Cassidy, que tan bien estuviera retratado en la fabulosa película de 1969 dirigida por George Roy Hill, Butch Cassidy and the Sundance Kid. No lo digo sólo yo, lo dijo también la mayoría de la crítica en su momento -aunque no todos-, así como el público, que le dio la espalda a la película.

Blackthorn está menos interesada en la historia, o incluso en la acción, que en desplegar magníficas vistas del vasto paisaje boliviano y en exhibir la presencia lacónica y canosa de Sam Shepard. (Frank Scheck, The Hollywood Reporter)

Pone en evidencia su condición de quiero y no puedo, al situarse en unas peligrosas arenas movedizas entre el pastiche televisivo del género y la relectura esforzada de sus mitos fundacionales. (Eulália Iglesias, Diario Público)

Con arrojo, sin apenas humor y un respeto que en ocasiones pesa, el director recorre los viejos caminos del Oeste y confiesa que los admira de manera profunda (Carmen L. Lobo, Diario La Razón)

Por consiguiente, sólo te recomendaría esta película si eres un auténtico devoto del género, que dudo que los haya a estas alturas. El guión de Miguel Barros recupera a uno de famosos forajidos, que supuestamente murieron en un tiroteo en Bolivia, en 1908, para mostrarnos que consiguió escapar a su destino. Después de veinte años, ahora quiere regresar a su pueblo. Lástima que se cruza en su camino un patético ingeniero interpretado por Eduardo Noriega (gracias Academia por no haberle nominado). Si es que es mejor no verla, tienes que estar muy entregado para poder disfrutar de Blackthorn porque es una película parca tanto en acción como en entretenimiento, haciéndose un filme lento y largo que no sólo no entenderás, sino del que no querrás saber nada más.

La piel que habito

No podía faltar la película de Pedro Almodóvar entre las películas nominadas de este año a los premios Goya. Mucho menos después de que el año pasado, Álex de la Iglesia le convenciera/obligara/arrastrara a volver a la Academia del cine español. La piel que habito ha sido el mejor estreno de toda la filmografía del cineasta manchego. por lo que a Pedro Almodóvar no debería siquiera importarle llevarse o no a casa alguna de las dieciséis bustos por los que compite su largometraje: película, dirección, guión adaptado, música original, protagonista masculino, protagonista femenina, actor revelación, actriz revelación, dirección de producción, fotografía, montaje, dirección artística, vestuario, maquillaje y peluquería, sonido y efectos especiales.

Una vez más Pedro Almodóvar muestra su genialidad para convertir lo ridículo en sublime. (Dave Calhoun, Time Out)

Como pieza de diseño, La piel que habito es excepcionalmente elegante (...) un manual para mostrar de técnica, todo arte y brillo; es la menos entretenida de los films de Almodóvar, una película seria sin ser inteligente. (David Denby, The New Yorker)

Una notable idiotez (...) la interpretación de Banderas me parece tan grotesca como la película (...) logra involuntarios efectos cómicos, una oquedad vistosa. (Carlos Boyero, Diario El País)

Como muchos experimentos de laboratorio, este híbrido melodramático conlleva una fusión inestable. Sólo alguien con tanto talento como Almodóvar podía mezclar tales elementos sin reventar toda la película. (Kirk Honeycutt, The Hollywood Reporter)

Entre lo artificial y lo artificioso. (...) la 'gracia' es uno de los problemas de La piel que habito, pues no la tiene pero, a veces, sin quererlo, la produce (...) El sentido del humor de Almodóvar fue siempre su arma, pero aquí se autolesiona con ella. (E. Rodríguez Marchante, Diario ABC)

Pero Almodóvar no las tiene todas consigo porque ya desde su estreno en Cannes se produjera un fenómeno curioso: mientras que la pública española fulminaba la película, la extranjera la alababa. De la misma manera, mientras pasaba prácticamente desapercibido para los premios del cine europeo, con sólo dos nominaciones, le nominan a un Globo de Oro y a un premio Bafta. Y este mismo fenómeno parece haberse producido entre el público pues si unos la adoran incondicionalmente, otros no pueden soportarla. No hay término medio.

La historia se centra en la turbulenta relación entre un médico cuya esposa sufriera unas terribles quemaduras en un accidente automovilístico, que tiene una hija con problemas emocionales y que ante unos hechos concretos -que no voy a relatar- decide tomar la solución equivocada, que para añadir a su triple negligencia, como marido, como padre y como médico, se volverá en su contra. Si eres de los que te gustó Todo sobre mi madre, no lo dudes, compra tu entrada. Pero si eres de los que no soportan ese universo a mitad de camino entre el diseño y el cartón piedra, quizás sería mejor que ni te asomases a la sala de proyección porque te vas a encontrar con una película de Almodóvar, más.

La voz dormida

Resulta lamentable que algunos se quejen del número de películas que el cine español le dedica a la Guerra Civil española, más sobre todo cuando nunca he escuchado a nadie quejarse por el número de películas que el cine estadounidense dedicara a la Segunda Guerra Mundial, después a la de Vietnam y ahora a la de Iraq. Nunca es suficiente, sobre todo cuando leyes como las de la memoria histórica siguen causando tanto rechazo por parte de algunos sectores de la sociedad. Precisamente por eso me parece muy inteligente la película de Benito Zambrano, tercera de su filmografía que tan brillantemente empezara con Solas. La voz dormida parte con nueve nominaciones: película, dirección, guión adaptado, canción original, interpretaciones masculina y femenina, interpretación de reparto, actor y actriz revelación y vestuario.

Si no toda la crítica abrazaba la película, tampoco el público ha sido más fervoroso recibiendo la película, a pesar de que venía avalada con el premio de interpretación de María León en el festival de San Sebastián, pero como suele ser habitual en este tipo de películas, tan sólo los espectadores de izquierdas muestran interés por historias que narran lo que sucedió. Graso error, pues uno de los aciertos de la película es que, precisamente, es contada por personajes que postulaban en el bando nacionalista. Una valiente historia en la que se demuestra que en una guerra perdemos todos: los vencedores y los vencidos.

Un drama desgarrador (...) narra magníficamente una historia que necesita ser contada una y otra vez. (...) Este film fascinante es a ratos insoportablemente intenso en la descripción de las atrocidades, (...) merece que se vea fuera de España. (Jonathan Holland, Variety)

Una película manipuladora, teatral en el peor sentido. (Carlos Boyero, Diario El País)

Zambrano sigue sabiendo muy bien lo que se hace y cómo hacerlo, sabe dónde tocarnos, sabe dirigir nuestra atención hacia esos actores que maneja con precisión, y consigue que la historia y la reflexión, tan conocida, la pasemos a segundo plano. (Irene Crespo, Cinemanía)

El conjunto no consigue escapar del aroma de cartón piedra del cine de época español. Para decirlo de una forma rápida: la novela es una novela moderna sobre la guerra civil; la película es una película vieja sobre la guerra civil. (Nuria Vidal, Fotogramas)

El argumento de La voz dormida se centra en las hermanas Pepita y Hortensia, mientras una está con el bando nacional, la otra es republicana, por lo que la segunda está en la cárcel y la otra no. Hortensia está embarazada por lo que, a pesar de haber sido condenada a muerte, no la ejecutarán hasta que de a luz, tiempo que Pepita aprovecha para hacer todo lo que está en su mano para evitar la muerte de su hermana. En su periplo se enamorará, pero como el amor no conoce de ideologías, lo hará de otro republicano, por lo que finalmente vivirá en sus carnes el dolor de la incomprensión, a pesar de ser nacional y religiosa.

No tengas miedo si eres de los que se asustan con dramas que apuntan a tragedias pues aunque todos intuyamos cómo va a terminar la historia, lo cierto es que, sobre todo gracias al personaje de María León, la comedia parece instalarse dentro de este drama haciendo que su visitando no sólo sea menos duro, sino bastante ameno y entretenido. Tampoco les voy a quitar razón a un sector de la crítica que denuncia la falta de veracidad, no en los hechos, sino en la manera de reportarlos, aunque quizás exageren un poco. Puede que la película salga a destiempo, sobre todo después de la fabulosa Pa negre, pero es ideal para ver en familia, sobre todo con tus abuelos. No importa si son de izquierdas o de derechas, porque ambos saldrán satisfechos, unos porque se muestra lo que pasó, y otros porque pasas lo que pasó.

No habrá paz para los malvados

Algunos crearon demasiadas expectativas con respecto a la película dirigida por Enrique Urbizu, que también se presentaba en la misma edición del festival de San Sebastián junto a La voz dormida, donde esta última se fue con premio y la del cineasta vasco no. Pero la Academia se ha encargado de enmendar este desequilibrio nominando a No habrá paz para los malvados con catorce nominaciones a los premios Goya: película, dirección, guión original, música original, interpretaciones masculinas protagonista y de reparto, dirección de producción , fotografía, montaje, dirección artística, vestuario, maquillaje y peluquería y sonido.

Miembro menos conocido para el gran público de aquella fabulosa generación de cineastas vascos en la que florecieran a la vez Julio Medem, Juanma Bajo Ulloa, Álex de la Iglesia o Pablo Berger, me parece bastante lamentable que esta tenga que ser la primera nominación a los Goya de Enrique Urbizu después de filmes tan interesantes en su trayectoria como Todo por la pasta, La caja 507 o La vida mancha, por lo que esta es una de las nominaciones que celebro con más entusiasmo. Y no sólo la suya, sino también las de colaboradores habituales de la misma generación como son el guionista, Michel Gaztambide, que fuera nominado únicamente por el guión de Vacas, o el montador Paco Blanco que, si ya obtuviera un Goya por Airbag, estuviera nominado por filmes como Acción mutante, La madre muerta o Asaltar los cielos.

Su historia se centra en un inspector de policía, Santos Trinidad, que sigue la pista de una joven desaparecida y se involucra, en una acumulación de azar y mala leche, en un tiroteo. El resultado: tres cadáveres y un testigo que consigue escapar. La juez Chacón será la encargada de investigar los hechos ocurridos. El inspector tendrá muchos problemas para explicar qué ocurrió en ese bar si no consigue localizar al testigo. Mientras ambos avanzan meticulosamente en la investigación, van a descubrir que tras el altercado entre narcotraficantes, se esconde una conspiración mucho más peligroso de lo que pensaban.

Como suele ser habitual, Enrique Urbizu vuelve a utilizar los clichés del género, pero prestando tal atención a la construcción de personajes, la evolución de la acción y la verosimilitud de los sucesos que finalmente consigue una excepcional muestra de cine social en el que no sólo no nos da las soluciones, sino que permite que sea el espectador el que cierre los cabos de una historia que asimila de una manera absolutamente madura y auténtica la realidad social española tras los atentados del 11-M. Por lo que no esperes ver un thriller al uso, tiene acción y suspense, pero no te lo da todo servido en bandeja. Y por el contrario, si no te gusta el cine de acción desarrollado en ambientes sórdidos, tampoco te tienes que preocupar pues aunque cuando comience la película te harás una opinión concreta del personaje interpretado por José Coronado, la irás cambiado a medida que se desarrollen los acontecimientos. Si el año pasado fue el año del cine catalán, ¿será este el año del cine vasco en los Goya?