Placer culpable: The League of Extraordinary Gentlemen

Nunca habría podido imaginar que una película protagonizada por Sean Connery pudiera aparecer en nuestra sección de Placer Culpable. Pero así es, ya que hasta el mismísimo James Bond ha tomado algunas decisiones no muy acertadas en su carrera y ha tenido que aparecer en algunas películas que no se encontraban a la altura de otras tantas en las que ha trabajado. Sin embargo hoy me quiero referir a The League of Extraordinary Gentlemen que, casualmente, es el último largometraje en el que ha participado Connery, aunque date de 2003.

La película no fue tratada especialmente bien por la crítica, aunque el público sí que la dio su apoyo acudiendo a las salas y dando un gran beneficio a la cinta. Pero tampoco es una cinta que pasara a la historia por su calidad ni por haber revolucionado el cine de aventuras aunque contara con buenos ingredientes. Todo empieza con una historia basada en un cómic de Alan Moore, con personajes clásicos de la literatura como Allan Quatermain, el capitán Nemo o Dorian Gray, todos ellos dirigidos por Stephen Norrington y con un reparto capitaneado por Sean Connery.

A priori no pinta nada mal, y nos debíamos frotar las manos con el resultado final. Sin embargo, he de reconocer que la película no es todo lo buena que podría haber sido: peca de previsible y la historia se narra de manera demasiado rápida, sin dar tiempo al espectador a asentar la historia y disfrutarla correctamente. Ese es, principalmente, un problema de la adaptación del cómic, que también suavizó mucho la violencia sangrienta que se muestra en la obra de Alan Moore.

Pero fuera de eso, la película es un claro ejemplo de cine de aventuras entretenido. En poco más de hora y media nos narra una típica historia de conspiraciones internacionales, de héroes en horas bajas que consiguen sobreponerse a sus demonios personales, a traiciones de amigos y elaborados planes de enemigos. En definitiva, a todo lo que se puede esperar de una película de este tipo para que nos tenga pegados al asiento durante todo el metraje.

Sin embargo, lo más atractivo de la película es el aspecto visual. Los primeros trabajos de Stephen Norrington como supervisor de efectos visuales en cintas como Aliens quedan perfectamente plasmados en esta cinta por los diseños de los escenarios, del vestuario y sobre todo de los artefactos diseñados por el capitán Nemo que sirven para que el grupo pueda viajar por todo el mundo. Al igual que la novela gráfica de Moore, la película también se ambienta en la época victoriana, unos años que siempre han inspirado a muchos artistas en el mundo del cine. Estos detalles se utilizan muy bien para ambientar la Londres de finales del XIX, con muchos rasgos de la revolución industrial que se fusionan con aspectos tecnológicos mucho más avanzados, como las armas que utiliza el antagonista.

Este es el uno de los puntos más interesante de la cinta, y que la historia es tan simple y reutilizada que cualquier espectador con un poco de experiencia en el cine de aventuras lo coge en seguida. Sin embargo, lo principal es que la película cuenta con un grupo de antihéroes tan variopinto que resultan irremediablemente irresistibles al espectador, ya que tiene muchos donde elegir. Cada uno de ellos con una faceta particular que destaca por encima del resto, suponen un nuevo ejemplo de que la unión hace la fuerza.

Así que, en definitiva, reconozco que no es una gran película en general y ciertamente hay otras tantas propuestas de cine de aventuras que la superar en numerosos aspectos. Sin embargo, también creo que todas esas críticas que la llovieron fueron infundadas ya que la cinta no espera ser más de lo que pretende ser: un mero entretenimiento. Y lo consigue, lo cual ya merece un reconocimiento.