Placer culpable: viajando por el tiempo y el espacio con Time Bandits

Hace tiempo que no sabemos nada del reboot de Time Bandits -gracias a Dios-, segunda película en solitario de Terry Gilliam tras Jabberwocky, pero primera que afrontaba sin estar vinculado a Monty Python, a pesar de que algunos de sus miembros integraran el reparto de la película. De hecho, con ellos firmaba la que era en realidad su primera película como director, Monty Python and the Holy Grail, que co-dirigiera junto con Terry Jones, el otro cineasta que dirigiera las películas del grupo cómico británico. Curiosamente, cuando parece haber un gran sector del público que se deshace en elogios ante cualquiera de los filmes de Monty Phyton, desprecian como si de una obra menor se tratara este título que, desde mi punto de vista, contiene todas las señas de identidad que Terry Gilliam desarrollaría a lo largo de su filmografía posterior.

Quizás en 1981 algunos espectadores fueran incapaces de asimilar una obra de fantasía protagonizada por un niño que acompaña a un grupo de enanos dotados con un mapa que les permite viajar sin límites espacio-temporales hasta puntos dan dispares como la revolución francesa, la mitológica Grecia en tiempos del rey Agamenón, el peligroso bosque de Sherwood donde un peculiar Robin Hood hace estragos entre la población local, el preciso momento en que una enorme barco tropieza con un iceberg en medio del océano Atlántico, o el lugar en el que se encuentra el objeto más maravilloso del mundo, que coincide con el lugar de residencia del Mal, en toda su esencia.

Toda una roadmovie aderezada con grandes dosis de sentido del humor, en la que tenía tiempo de criticar el desaforado consumismo que comenzaba a hacer estragos en la sociedad occidental. Tampoco debemos pasar por alto que los guionistas de la película eran el propio Gilliam junto con Michael Palin, uno de los miembros más activos de Monty Pyhton, que también actuaba en la película, y que ciertamente aportaba el sarcasmo que hiciera famoso en el mundo su humor (no tan) absurdo. Esta colaboración permitía que el retrato de algunos personajes históricos no sólo fuera distorsionada, sino divertidas caricaturas de lo que en realidad fueron. No me sorprende en absoluto que Anne Rice hiciera que algunos de los vampiros de sus Crónicas vampíricas, Daniel y Armand, se divirtieran de lo lindo viendo Time Bandits en su tercera novela, The Queen of the Damned.

Junto a Michael Palin, se integraba en el reparto el miembro más popular de Monty Python, John Cleese, quienes lideraban un interesante reparto en el que se integraban algunas de las figuras más destacadas del cine de los años ochenta:

  • Sean Connery, quien solicitar interpretar al rey Agamenón, al que se describía en el guión con una apariencia, precisamente similar a la del propio Sean Connery y que ten verdaderas ganas de desvincularse definitivamente de James Bond, su alter ego cinematográfico más popular por aquel entonces;
  • Shelley Duvall, reina indiscutible del grito gracias a The Shining que, curiosamente, iniciaría una andadura televisiva a través de los cuentos infantiles;
  • Ian Holm, mucho antes de interpretar a Bilbo Baggins en The Lord of the Rings, pero poco después de aterrorizar al personal con su representación del robot protector de Alien
  • Katherine Helmond, maravillosa actriz de comedia, muy popular a finales de los años setenta gracias a la desternillante serie Soap, y que volvería a participar en títulos posteriores de Gilliam como Brazil o Fear and Loathing in Las Vegas;
  • Peter Vaughan, típico actor de reparto británico que aportara su magnífica solvencia en títulos como Straw Dogs, Brazil, The Remains of the Day o más recientemente la serie de televisión Game of Thrones;
  • Jim Broadbent, en una de sus primeras apariciones cinematográficas, que también volvería a parecer en Brazil y otras películas como Enchanted April, Crying Game o Bullets over Broadway antes de conseguir un Oscar por su ínterpretación en Iris;
  • David Warner, quien precisamente también habría intervenido en Straw Dogs, además de ser uno de los personajes más característicos de la serie de televisión Holocaust y participar en filmes de la época tan populares como The Omen, Cross of Iron o The Island:
  • Ralph Richardson, que hacía una de sus últimas interpretaciones tres años antes de ser nominado por segunda vez por su interpretación en Greystoke: The Legend of Tarzan, Lord of the Apes, despues de que treinta y cinco años antes hubiera sido nominado por primera vez por The Heiress, y tras una larga carrera que incluía títulos tan míticos como Doctor Zhivago o Long Journey into the Night, que le reportaría el premio de Interpretación en Cannes.

A lo largo de su filmografía, Terry Gilliam volvería a proporcionar fabulosos títulos de fantasía y aventuras como Brazil, The Adventures of Baron Munchausen, The Brothers Grimm o The imaginrium of Doctor Parnassus, que alternaría con producciones de corte más "realista" como The Fisher King, Twelve Monkeys o Fear and Loathing in Las Vegas en las que conservaría intacto su predilección por el mundo onírico o fantástico que desarrollaba a partir de las distorsiones mentales de sus personajes o las que a estas les insuflaba el uso y abuso de psicotrópicos. Quizás por eso el tema musical de la película, Dream Away, incida precisamente en el carácter onírico de la película. Un tema, por cierto, compuesto e interpretado por el ex-Beatle George Harrison, quien también era uno de los productores de la película.

En cualquier caso, este cineasta estadounidense con vocación europea nunca ha sido tan bien considerado por el público como otro cineasta habitual en las mismas lides temáticas, aunque diferentes derroteros estéticos, como Tim Burton. Situación que considero injusta y lamentable, por lo que proclamo Time Bandits como uno de mis placeres culpables, reivindicando asimismo la validez de la obra cinematográfica de Terry Gilliam, que más que cuentos para niños hace fantasía para adultos.