Placer culpable: The Mirror Has Two Faces, el encanto de Jeff Bridges y Barbra Streisand

Comedia romántica que recuerda mucho a aquellas viejas comedias románticas de los años treinta y cuarenta. En su tercera incursión tras las cámaras Streisand compone una película agradable, con cierto toque nostálgico, con mi reparto sólido y atractivo y con la ciudad de Nueva York como telón de fondo. Una de mis películas favoritas desde hace años. The Mirror Has Two Faces es mucho más de lo que aparenta y que gana con cada nuevo visionado. Para mí es la típica película que pueden poner diez mil veces en la televisión que si me tropiezo con ella me quedo viéndola con una media sonrisa en los labios.

Streisand se siente cómoda interpretando a una mujer inteligente, bondadosa, divertida pero que siempre ha vivido abrumada por la belleza de su madre y de su hermana que ejercen una continúa y agotadora presión sobre Rose. Siempre critican su ropa, su pelo, lo que come, lo que bebe, que le guste el béisbol y se meten con ella una y otra vez porque no tiene pareja porque es una solterona Rose, que es profesora de literatura en la Universidad de Columbia sabe que no debería hacer caso de sus palabras pero …. El espectador en seguida empatiza con ella porque es una mujer hecha a si misma que lidia con una familia que no la comprende ni la apoya. Puede que a muchos Barbra Streisand no les guste, a mi no me gusta pero en esta película si pero es que ella sólo es parte de una pieza mucho mayor y aunque encaja a la perfección en el papel que se autoasignó es eclipsada con facilidad por un adorable y encantador Jeff Bridges, una deliciosamente perversa Mimi Rogers, un desconcertado Pierce Brosnan y una elegante gloria del cine clásico llamada Lauren Bacall.

Jeff Bridges es Gregory, un brillante matemático profesor en la misma universidad que Rose. Harto de fracasar en el amor y de dejarse llevar por el sexo que entorpece su vida matemáticamente ordenada decide poner un anuncio para encontrar una compañera. La idea que tiene en mente es una mujer con la que compartir el arte, la literatura, las matemáticas, alguien intelectualmente fascinante, alguien que sepa apreciar la vida, alguien con quien pasar el tiempo y con la que tener una amistad profunda y sincera. No busca amor busca una relación puramente platónica.

Cuando Rose y Gregory se conocen conectan al instante y aunque ella sabe lo que él quiere no puede evitar creer que en algún momento se enamorará de ella. La verdad es que su relación es perfecta, se entienden, se complementan, se llevan bien, comparten aficiones y se sienten cómodos el uno con el otro. Sin embargo cuando Gregory empieza a sentirse atraído por Rose y cuando ella le pide que lo suyo sea algo más ambos salen heridos.

Esta incómoda y dolorosa situación hará que ella evolucione, cambie y se convierta en una mujer que aprovecha su físico. Se convierte en aquello que su madre y su hermana siempre le dijeron que no sería. Si Barbra Streisand está cómoda en su papel Bridges está pletórico, parece haber nacido para dar vida a Gregory y no soy capaz de imaginar a ningún otro actor en el papel.

Y la tercera en discordia es Lauren Bacall, antigua belleza del cine que compone una madre sibilina, divertida, cotilla, con un toque perverso que rivaliza con sus hijas en belleza pero que reflexiona sobre el paso del tiempo, el amor y las oportunidades perdidas. Su personaje también evoluciona cuando admite que envidia lo que Rose encontró en Gregory. En ese momento decide arriesgarse y vivir en el presente, dándose otra oportunidad en el amor. Lauren Bacall fue nominada al Oscar como Mejor Secundaria pero el merecidísimo premio se lo arrebató una Juliette Binoche en la cresta de la ola por el éxito de The English Patient.

Siempre me ha parecido una deliciosa comedia que fue injustamente infravalorada y que merece la pena por como trata temas tan universales como el amor, la belleza, la frivolidad, el autoengaño y la necesidad de encontrar a alguien que nos haga escuchar música cuando le besamos.

En una época en las que las comedias románticas parecen carecer de sentido y donde lo único que importa es el dinero y que las actrices y los actores salgan guapos en pantalla, The Mirror Has Two Faces nos recuerda que la comedia romántica puede darnos grandes alegrías y satisfacciones; que para nada es un género menor o ligero, tiende a ello pero no lo es, y que es posible encontrar películas que nos lleguen muy dentro y que no olvidemos nunca.

El final, que todos conocemos de antemano, es mi parte preferida. Gregory por fin pone en orden sus sentimientos y corre en busca de Rose, la mujer que hará que oiga a Puccini y que, aunque no es la belleza perfecta, para él es la belleza gloriosa, la belleza que lo ayuda, la que lo entiende, la que lo ama, la que lo cuida. La belleza tiene muchos rostros y no son como pensábamos, la vida te sorprende.