Placer culpable: las muecas de Jim Carrey en The Mask

1994 fue el año en el que Jim Carrey se mostró como el gran cómico que es, con numerosos recursos y con un sentido de hacer reír que pocos más que él pueden transmitir. En ese año estrenó tres películas protagonizadas por él: Dumb & Dumber, Ace Ventura: Pet Detective y The Mask. Personalmente, si tuviera que quedar con algunas de ellas por encima de las demás, creo que esta última fue la mejor de las tres, seguida muy de cerca por la surrealista comedia protagonizada por un detective de mascotas. Por eso he elegido The Mask para una nueva sección de Placer culpable.

La película está basada en el cómic homónimo de Dark Horse Comics, creado por Mike Richardson. Esta obra también trataba sobre una mágica máscara que daba poderes sobrenaturales al que se la pusiera, aunque este poder conllevaba unas consecuencias negativas para su portador si la utilizaba demasiado, puesto que perdía su poder sobre ella y la máscara tomaba el control. Además el cómic se centraba en el tema del (des)control sobre un poder tan grande, lo que llevaba en muchos casos al caos.

Sin embargo todo eso queda atrás en la película. En la cinta se le da a la máscara un origen nórdico (en el cómic hablan de que fue creada por los indios amazónicos), y prefieren centrarse en las consecuencias cómicas que producen tener un poder así. Por ello, la historia nos cuenta que se trata de una especie de representación del dios de las bromas, que le encanta reírse de los demás y tomarles el pelo, algo que se nota cuando uno de los personajes se pone la máscara.

Pero lo que hace grande a la película, aparte de todos los momentos cómicos realmente divertidos que nos deja, son varias cosas. Una de ellas es el increíble número y variedad de muecas que es capaz de realizar Jim Carrey en ella. Llevar puesta la máscara conlleva una caricaturización del personaje, exagerando los gestos y llevando la anatomía facial hasta sus extremos. Sin duda Carrey es todo un experto en este aspecto, y lo demuestra en los momentos en los que se muestra como el personaje calvo y verde que todo lo puede hacer. Sólo le hizo falta un poco de maquillaje y una prótesis dental para conseguir el efecto, puesto que todo lo demás ya lo llevaba él dentro. Durante sus inicios en el mundo de la comedia, ya se caracterizó por la variedad y la dificultad de sus muecas, especialmente durante sus monólogos e imitaciones, pero en esta película se lleva la palma. Y tampoco son expresiones forzadas ni sobreactuadas, puesto que son requerimientos del propio personaje, momentos que nos invitan a creer que ese dios de las bromas es real.

Otro punto muy interesante, y que ya no depende directamente del protagonista, son las continuas y directas referencias que tiene la película hacia clásicos anteriores. La principal de ellas, y sobre todo la más evidente, es la que toma de las obras animadas de Tex Avery, momentos que se ven perfectamente representados durante la primera visita de La Máscara al Coco Bongo, donde descubre a Cameron Diaz en lo que supuso su debut en la gran pantalla. Mientras el protagonista está sentado en la mesa, podemos ver una clara referencia al corto de Avery de 1943 Red Hot Riding Hood, donde el protagonista se le salen los ojos de las órbitas y la mandíbula se le cae hasta la mesa ante la visión de la artista. Este es el más evidente de todos los homenajes que hay en la película, pero hay muchísimos más que dan mayor riqueza a la obra.

Además de esto, al tratarse de una de las primeras películas de Carrey como protagonista, podemos observar muchas referencias a trabajos anteriores del actor durante su etapa de cómico. Algunas de ellas se en directamente en imitaciones de actores famosos, como el Clint Eastwood que vemos al final de la cinta, un trabajo con el que se ganaba la vida antes de comenzar en el mundo del cine.

En definitiva, la película tiene todo lo necesario para pasar un buen rato de risas, y su punto fuerte es que por muchas veces que se vea sigue divirtiendo como la primera vez. Pero aparte de esto, la película nos guarda algunos detalles que demuestran que no buscaban simplemente la risa fácil sin ir más allá, lo que le da aún más valor y lo que es motivo suficiente como para calificarla como una de las mejores películas cómicas de Jim Carrey, que no son pocas.