Immortals: donde el tenebrismo se mezcla con el dorado

Con sólo tres películas como director, el singular Tarsem Singh ya se ha enfrascado en uno de los terrenos más farragosos y complejos que puede existir en el mundo de la cultura: la mitología griega. Las múltiples referencias que hay sobre ella, el gran número de fuentes y sobre todo la diversidad de maneras con las que enfocar una historia de este tipo es lo que ha llevado a muchos antes que él a fracasar. El último ejemplo, Clash of the Titants, no cuenta con mucho tiempo.

Sin embargo, donde otros cayeron, él se levanta victorioso. Y no es porque haya realizado una adaptación lo más fidedigna posible de alguno de los numerosos mitos que existen, ni mucho menos. Su historia toma algunos elementos reales de aquí y allá para crear una historia completamente nueva, pero a la vez con reminiscencias del pasado. Crea una historia donde el poder y la religión se confunden por momentos en uno solo, como motores impulsores de la trama que alientan a los protagonistas a seguir adelante.

El tema de la religión es capital aquí, y Tarsem lo toma como referencia para justificar muchas de las acciones de sus personajes. El rey Hiperión, interpretado por Mickey Rourke, pretende acabar con los dioses olímpicos liberando a los titanes, escudándose en que estas divinidades no hicieron nada cuando su esposa falleció, por lo que les repudia. Esta manera de terminar con su vida religiosa, ayudada por su sed de poder y de venganza, es lo que le guía a arrasar con todos los pueblos que se le pongan por delante hasta encontrar el Arco de Epiro, un objeto con poderes sobrehumanos con el que liberar a los titanes.

A partir de aquí, lo interesante está en comprobar cómo se desarrolla ese conflicto entre las fuerzas del bien y el mal clásicas pero representados por divinidades. Al fin y al cabo la historia que nos presenta Tarsem se podría reducir a eso: la típica trama donde el bien y el mal combaten hasta que uno de los dos se impone a otro. Pero si el director indio ha llegado a ser lo que es no ha sido precisamente por su gran trabajo en contar historias, sino más bien por su singular capacidad para hacer de sus películas una orgía de colores y composiciones imposibles. Por supuesta Immortals no lo es menos.

Esta vez se notan claramente las influencias del director en la composición de los planos. Como él mismo declaró, esta película iba a ser una mezcla entre las pinturas de Caravaggio y Fight Club, y así es. Es el mejor resumen que se podría hacer de ella, sobre todo en lo que concierne al pintor italiano. El tenebrismo del que hace gala en la mayoría de sus pinturas está perfectamente plasmado en muchos de los planos de la película de Tarsem, que demuestra un gran cuidado en el juego de claroscuros y en utilizar la iluminación como uno de los elementos clave de la cinta. Gracias a ella podemos adivinar qué es lo que nos quiere contar el director en cada una de las escenas, en qué debemos centrarnos.

Pero además de esto, el gran trabajo del 3D en la película le aporta un extra a esta sensación pictórica de los planos. Estoy seguro de que muchos pintores del renacimiento que buscaban transmitir la sensación de perspectiva con sus cuadros habrían dado lo que fuese por disponer de una visión estereoscópica para sus obras. Ahora gracias a Tarsem y a los planos que consigue crear es como ver un Caravaggio en tres dimensiones.

Pero no podemos dejar de hablar de esta película sin hacer referencia a sus escenas de acción. Con ella Tarsem ha demostrado que también sabe desenvolverse de manera más que satisfactoria en este tipo de secuencias que, aunque escasas, nos dejan con la boca abierta. Es verdad que realmente no tienen nada nuevo puesto que son claramente deudoras del tiempo bala, de la estética que ya pudimos ver en cintas como 300 y de la violencia de videojuegos como God of War, pero igualmente el director indio va un poco más allá aportando su grano de arena con sus diseños y con el doble uso del tiempo bala, algo que en pantalla queda realmente espectacular.

Pero he de reconocer que no todo en la película es reseñable. Puesto que no se trata de una película perfecta, también tiene algunos elementos negativos, y esta vez es el reparto. También es verdad que este tipo de películas no se pueden ver desde el punto de vista de las grandes interpretaciones o de un guión trabajado y complejo, pero también es un elemento que se debe cuidar y que, teniendo en cuenta el listón tan alto con el que cuenta a nivel técnico, en este apartado flojea. Tanto Henry "Superman" Cavill como Freida Pinto no aportan mucho cuando están en el plano. Sólo se salvan Mickey Rourke y las pocas apariciones de John Hurt, que siempre cumple.

Pese a esto, la película no defrauda en absoluto y se disfruta cada uno de los planos que vemos en pantalla. Aunque esta vez Tarsem no ha tenido tanto tiempo para buscar localizaciones de rodaje como en The Fall, los efectos especiales siempre están ahí para echar una mano y puestos al servicio de una imaginación como la suya no podía más que dar como resultado una cinta visualmente sorprendente que se convertirá en todo un referente.

4 estrellas