El año que el cine volvió la vista atrás

Cualquiera diría que a pesar de tanto avance tecnológico en cuestiones de efectos visuales, como proporcionan las técnicas de animación por CGI, o la experiencia cinematográfica tridimensional, que se alcanza con el discutido 3D, ya sea real o adaptado, algunos cineastas, que si bien hacen buen uso de estas técnicas, volvieran la vista atrás para hacer hincapié en los orígenes del cinematógrafo. Puede que ha simple vista una apuesta como The Artist sea un claro ejemplo de lo que planteo, pero tampoco debemos dejar de lado la nostalgia por formas de narración más sencillas en un título como Super 8. Y si profundizamos un poco más todavía podremos encontrar muchos más ejemplos de este mismo interés por los precedentes y orígenes del cine en obras recientes de cineastas como Woody Allen, Martin Scorsese o Tarsem Singh.

J.J. Abrams: valores añadidos con nostalgia

En Super 8, la película dirigida por J.J. Abrams, unos adolescentes realizan un filme de zombies utilizando técnicas totalmente artesanales, como maquetas y maquillaje, además de rodar con una cámara de súper 8, que fuera uno de los instrumentos de aprendizaje de muchos cineastas en los años setenta. Como probablemente hiciera Steven Spielberg, salvo que no a finales de los años setenta, sino de los sesenta. En una época en la que imperan las nuevas tecnologías y las telecomunicaciones, sorprende encontrarnos con una película que promueve, no sólo el diálogo, sino también el contacto físico para completar la comunicación con el otro.

Curiosamente y a pesar de que The Adventures of Tintin: The Secret of the Unicorn brindaba una ocasión excepcional para homenajear una de las leyendas más románticas de los orígenes del cinematógrafo, Spielberg pasaba de largo sobre esa fascinante leyenda del mago Merlín que dice que utilizaba el cuerno de un unicornio para realizar el orificio de la cámara oscura ideada por Aristóteles. Será que quizás no prestó demasiada atención en clase, o que en los Estados Unidos no se estudia la Historia del Cine hasta que no se forma colonia en Hollywood.

Michel Hazanavicius: contar historias sin palabras

Si el crack del 29 potenciara indirectamente una necesidad casi patológica de evasión en el público que fomentara la consolidación del cine sonoro, pareciera que la actual crisis financiera estuviera iniciando una retrospección nostálgica hacia el pasado. The Artist supone una mirada hacia una época en la que el cine no necesitaba de grandes presupuestos -aunque cineastas como David Ward Griffith sí los utilizaran- para contar una historia con sencillez y conseguir emocionar al público. Sin diálogos, sin palabras, tan sólo con la imagen en movimiento y sin siquiera utilizar el color, Michel Hazanavicius ha logrado un título capaz de conmover al espectador contemporáneo de la misma manera que lo hicieran Charles Chaplin o Freidrich Wilhelm Murnau.

Sylvain Chomet: la animación tradicional

El cineasta francés Sylvain Chomet realizaba con L'illusionniste, no sólo un sentido homenaje a Jacques Tati, cineasta contracorriente que hiciera de la pantomima su forma de expresión en los tiempos que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, sino que certifica el final de una época en la que ya no hay sitio para la ilusión y la magia, que terminará siendo desplazada por un despiadado consumismo. Chomet enfoca su homenaje hacia la esencia de su propio cine, despidiéndose con nostalgia de la animación tradicional que parece no tener sitio en el cine de consumo contemporáneo. Si Jacques Tati no utilizara diálogos en sus películas, tampoco Chomet utiliza apenas palabras para que se comuniquen sus personajes, hablando encima uno en francés y el otro en inglés, por lo que claramente la comunicación no se realiza a través de la palabra, sino del gesto.

Martin Scorsese: los pioneros del cine

No se equivocaba mucho Georges Méliès cuando afirmaba que su contribución a la evolución del cinematógrafo había sido más importante que la de los hermanos Lumiére. Si estos habían conseguido crear el invento y realizar las primeras exhibiciones de películas, lo cierto es que nunca pensaron que su invento pudiera tener una utilidad comercial, mucho menos artística. Pero en la que fuera la primera proyección del cinematógrafo en el Salon Indien, de los sótanos del Grand Café, ubicado en el número 14 del Boulevard de Capulines, estuvo presente quien por aquel entonces era director del teatro Robert Houdin, que queda fascinado con las posibilidades del artilugio.

Ante la negativa de los Lumiére a venderle una cámara, recurre a un fabricante inglés y tras comenzar su labor cinematográfica en los que serían primeros estudios construidos, George Lumiérè descubre, por casualidad, el que sería el primer efecto visual del cine: mientras rodaba un plano en la calle se le atasca la cámara, con lo que detiene el rodaje unos momentos hasta que puede reanudar el rodaje. Con la película revelada se produce el milagro cuando repentinamente un carruaje se convierte en un misterioso coche fúnebre. Había nacido el efecto de la sustitución.

En realidad Edison ya conocía en truco y lo había utilizado para la decapitación de María Estuardo, pero si los hermanos Lumiére no fueron capaces de ver el potencial artístico de su invento, a Edison tan sólo le interesaba el aspecto comercial del mismo, por lo que el mago francés supo aprovechar este efecto y muchos más que desarrolló en sus numerosísimas películas. Ben Kingsley interpreta a Georges Méliès en Hugo, la última película de Martin Scorsese, en la que utilizando el 3D realiza un merecido homenaje al que fuera impulsor de los efectos especiales en el cine, así como del género fantástico, siendo además uno de los primeros autores que utilizaran el cine para hacer una representación de la realidad, un paso más en la conquista de la narración cinematográfica ya que los hermanos Lumiére se limitaban a hacer lo que llamaríamos hoy en día películas documentales, en las que tan sólo se captura la realidad.

Woody Allen: del mito de la caverna a la columna de Trajano

Si ya comentáramos en una ocasión la relación de una película como The Purple Rose of Cairo con el mito de la caverna de Platón, uno de los más primigenios precedentes imaginarios de lo que muy posteriormente sería la experiencia cinematográfica, Woody Allen, que siempre ha reivindicado multitud de películas dentro de su cine, incluye en Midnight in Paris una alusión a uno de los precedentes, no ya del cinematógrafo, sino de la construcción del relato a través de imágenes, en este caso estáticas. En el devenir de su protagonista por las calles de París, en varias ocasiones pasa junto a lo que (imagino) debe ser una réplica, o monumento similar, a la Columna de Trajano ubicada en Roma. Se trata de un bajorrelieve en espiral que se hizo construir con la excusa de la conmemoración de las victorias de Trajano frente a los dacios, y en la que se tallaron tales acontecimientos en forma de crónica.

Tarsem Singh: entre el mito de Teseo y los frisos del Partenon

Tampoco Tarsem Singh ha perdido oportunidad de hacer su particular homenaje a los orígenes del cine, quien ya en The Fall incluyera un fabuloso momento en el que se produce el efecto de la cámara oscura al proyectarse sobre una pared la imagen que se cuela por una cerradura colocada en línea recta con el sol. Una alusión a la cámara mágica que ideara Aristóteles en la antigua Grecia. No es de extrañar pues que, dado que Immortals, su última película, en la que alude a un mito como el de Teseo, cuya historia quedó plasmada en diferentes muestras de cerámica cretense, vuelva a incluir otra de las primitivas formas para la construcción de un relato a través de imágenes.

Puede que a muchos les parezca una influencia de los videojuegos, no digo que no, yo mismo lo pensé en la secuencia en la que Teseo corre para salvar a su madre de la muerte, que si bien está rodada de la misma manera en la que seguimos la secuencia en un videojuego de lucha, también me hizo pensar en aquella famosa secuencia de Oldboy qu Park Chan-wook realizara de la misma manera. Pero por un momento, sugeridos por el ralentí, me vinieron a la memoria los frisos del Partenon en los que se trata de transmitir el movimiento de los personajes representados mediante la superposición y evolución de sus movimientos. Esta idea fugaz cobró más fuerza cuando al final de la película se puede ver la representación de las aventuras de Teseo gravadas en piedra, aquí más a modo de narración gráfica con los momentos más destacados, como si fueran viñetas, que para transmitir el movimiento.