Real Steel o si Rocky entrenara con wii

Debo decir que no conozco la obra previa de Shawn Levy, director de series de televisión infantiles y juveniles antes de dirigir filmes como el remake de The Pink Panther, que protagonizara Steve Martin, o Night and the Museum y su secuela, amabas protagonizadas por Ben Stiller. Quizás esto me hubiera proporcionado una pista sobre lo que me iba a encontrar en Real Steel, más un filme de acción fantástico para niños que otra cosa. Quizás hubiera sido más sencillo empezar por el origen de la historia, que no se encuentra precisamente en un cruce entre Rocky y The Champ, como me pareció cuando estaba viendo la película, sino en un relato de Richard Mathison, guionista y escritor detrás de títulos de ciencia-ficción como fueran The Omega Man, Duel, The Incredible Shrinking Women, What Dreams May Come, I Am Legend o The Box.

Efectivamente, Real Steel se mueve entre los parámetros del cine para niños, tal y como leen, y el cine de ciencia-ficción, lo que la convierte en una rara avis, no por desarrollarse en una realidad distópica, sino porque está implícito un mensaje tremendamente violento que, en muchas culturas, sería desaconsejable para un público infantil, pero que, claramente, la película se las ha apañado perfectamente para disimular detrás de sus (tiernos) monstruos mecánicos. Bueno claro, y detrás de una relación paterno filial que si en un principio nos haría pensar en The Champ -como decía anteriormente-, en la última secuencia se descubre irremediablemente deudora de Rocky, en la que, en lugar de el amor de una mujer, el protagonista consigue el amor de su hijo.

La diferencia ni siquiera podemos encontrarla en los flamantes robots, accionados como si estuvieran jugando a la wii, sino en que Real Steel no llega a emocionar en ningún momento de la manera en la que lo hacían tanto la película de Franco Zefirelli y su precedente, que dirigiera King Vidor, ambas a partir de una idea original de Frances Marion, como la que dirigía John G. Avidsen, a partir de un guión original de Sylvester Stallone, quien también protagonizaba la película. Desde mi punto de vista el error lo podemos encontrar en el hecho de que hayan querido hacer un producto para todos los públicos, desarrollando un relato más infantil que juvenil, en detrimento de un filme que podría haber alcanzado un nivel bastante mejor de contar con un director más adecuado.

Quizás tampoco Hugh Jackman está demasiado cómodo en este registro en el que se muestra bastante sobreactuado, tanto cuando interactúa con adultos, como cuando lo hace con el niño. Los diálogos y las acciones que le obliga a seguir el guión son bastante tramposas pues se limitan a intercalar los diálogos y acciones entre padre e hijo, es decir, si priermo el padre se comporta y habla como un irresponsable cuando el hijo es de lo más sensato y comprensible, después los términos se intercambian para, como si le hubieran reprogramado de la misma manera que lo hacen con los robots, el hijo se comportara repentinamente como el padre, siendo atacado este por un irremediable impulso de responsabilidad.

Una vez admitido que estamos "disfrutando" de una película infantil, la proyección es más o menos entretenida, pero lo cierto es que ni la prosopopeya funciona de la misma manera que en otros títulos en los que llegamos a sentir emociones por una máquina o un ser inanimado. Las secuencias de acción tampoco están resueltas mucho mejor que las dramáticas por lo que nos queda una película entretenida, pero poco más. Desde luego, si te gusta el boxeo y no te importa que tus hijos se inicien en actividades violentas, te diría que te lo llevases al cine, pero creo que los dos disfrutaríais mucho más si pasarais la tarde jugando a la wii.

2 estrellas