Dime con quien sales y te diré qué cine haces: Pedro y sus chicas Almodóvar (1)

Hay cineastas que dejan tal huella con su obra que determinadas situaciones de la vida real pueden describirse perfectamente utilizando su nombre. Recuerden si no, expresiones como felliniano o berlanguiano, que conviven desde hace mucho tiempo con nosotros para describir o bien situaciones surrealistas, haciendo referencia al cine de Federico Fellini, o grotescas, haciendo referencia al de Luis García Berlanga. Desde los años ochenta, al menos en España, la expresión almodovariano ha ido instalándose en el lenguaje cotidiano, tanto de los defensores como los detractores del cine de Pedro Almodóvar, para describir, precisamente, aquellas situaciones que superan a las mencionadas anteriormente, con el distintivo de que sean, además, castizas.

Pedro Almodóvar es el cineasta español más internacional, después de Luis Buñuel, como reza en IMDb. Ninguna duda al respecto, por mucho que le pese a Alejandro Amenábar. Sin embargo, y como le sucediera ya desde los inicios de su carrera profesional, podemos decir que Pedro Almodóvar no es profeta en su tierra. Cuando el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) reconoce y rinde tributo a su trayectoria artística o el Festival del Instituto de Cine De Estados Unidos (AFI) le nombra director artístico encargándole un ciclo con las películas le inspiraron en su trayectora cinematográfica; en España el público se divide irremediablemente entre admiradores y detractores de su última obra: La piel que habito. Algo que viene pasando casi sistemáticamente desde sus inicios profesionales. Curiosamente, hoy mismo premian en el Festival Europeo de Cine la trayectoria de su productora, El Deseo, que fundara junto con su hermano Agustín Almodóvar, aunque no la suya propia.

Por todos es conocida la relación de amor-odio entre el cineasta manchego y la academia de cine española. Si la primera de sus películas que estuviera nominada a los premios Goya, Mujeres al borde de un ataque de nervios, consiguiera el de la mejor película, no obtenía Almodóvar el del mejor director, teniendo que conformarse con el del mejor guión. Como si hubiera un paralelismo con la academia de Hollywood tendría que esperar hasta Todo sobre mi madre para conseguir el Goya al mejor director, que volvería a recoger con Volver. También es cierto que no es el único cineasta español en activo y que tampoco se va a premiar sistemáticamente todas y cada una de sus películas. Quizás por ese motivo a más de uno le resultan un tanto infantiles esas rabietas que se pilla. Aunque no dudo de que debe haber mucho mamoneo entre bastidores, tampoco es para ponerse así.

Personalmente, me encuentro entre aquellos espectadores que, si bien le seguían a pies juntitas en su etapa de los años ochenta, quedara desencantado a partir de Átame por un cineasta que, como se atribuiría a sí mismo en La mala educación, seguiría haciendo cine con pasión, pero por un camino ligeramente diferente al de su cine precedente. Esto no impide que pueda valorar y admirar algunas de sus obras posteriores, pero desde luego, no me encuentro entre ese grupo de seguidores entregados que alaban sistemáticamente todas y cada una de sus obras. Desde mi punto de vista, no es una cuestión de calidad cinematográfica, sus obras siempre son de calidad, sino de contenido, o más bien de estilo. Pero este análisis lo dejaremos para cuando hablemos de esa etapa.

En cualquier caso encuentro fascinante ese fenómeno fan en torno a las obras de Almodóvar. Parece que para los admiradores incondicionales tiene que gustarte La piel que habito, pero puedes detestar La mala educación; debes adorar Todo sobre mi madre, pero no importa si no te gusta Hable con ella; te tiene que gustar Volver, aunque prefieras Los abrazos rotos. Lo curioso es que yo prefiero, precisamente aquellos títulos que ellos no tienen reparos en rechazar (y lo hacen), pero aún así, a mi se me tilda como detractor de Almodóvar, aunque sepa valorar otros títulos suyos.

Muchas veces me pregunto cómo y por qué llegan a producirse este tipo de fenómenos con la obra de determinados cineastas. Lo cual me lleva a analizar el progreso y evolución de Pedro Almodóvar a lo largo de su filmografía. Siguiendo el ejemplo de cineastas como Tim Burton, Woody Allen o Steven Spielberg, de los que, desde mi punto de vista, podemos distinguir diferentes etapas creativas en función de la influencia que sus parejas sentimentales han tenido en su filmografía, es difícil establecer esta misma división en el caso del director de La Ley del deseo. Pocos datos se conocen de su vida privada, más que los que él mismo deja que se intuyan en sus propias películas. Pero sí que es cierto que podemos dividir su filmografía en función de las protagonistas de sus películas, diferenciando dos grandes etapas: su cine con Carmen Maura y su cine sin Carmen Maura. A partir de ahí podemos hacer otras subdivisiones, que son las que trataré de explicar y defender.

Si entre sus chicas favoritas además de Carmen Maura, destacan Victoria Abril y Penélope Cruz, a lo largo de su filmografía quizás destaquen también aquellas otras chicas Almodóvar que participan en personajes secundarios pero que, no lo pueden negar, lograban personajes deliciosos, entrañables e inolvidables. Actrices como Rossy De Palma, Kitty Manver, Chus Lampreave, Mariola Fuentes, Bibi Anderssen, Julieta Serrano, Ángela Molina, Antonia San Juan, Lola Dueñas o Verónica Forqué han ido colándose en sus diferentes etapas, dejando su huella en el espectador. Mención aparte merece el caso de Marisa Paredes, presente a lo largo de las diferentes etapas de su filmografía, así como Francisca Caballero, su madre.

La edad de oro: Carmen Maura

Quisiera hacer notar una característica interesante en esta primera etapa global como es la presencia de personajes no queridos por sus progenitores, como sucedía con Sexilia (Cecilia Roth) en Laberinto de pasiones, quien el rechazo de su padre le convierte en ninfómana; Vanessa (Sonia Anabela Holimann), la niña telequinética de ¿Qué he hecho yo para merecer esto!!, que sólo encuentra consuelo con sus extravagantes vecinas; la encantadora Ada (Manuela Velasco), con la que Almodóvar supera las leyes de la naturaleza convirtiendo a una transexual en su madre, Bibi Andersen, y haciendo de su madre adoptiva una mujer que pretende ser un hombre que se ha cambiado de sexo, Carmen Maura; o el mismo personaje interpretado por Antonio Banderas en Mujeres al borde de un ataque de nervios, cuyo rechazo parece estar detrás de su tartamudez. Desconozco a que se debe la repetición de este patrón, pero no me negarán que es un dato interesante, que no se repetirá en películas posteriores.

1. De la transición a la movida

  • Folle… follé… fólleme Tim! (1978)
  • Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980)
  • Laberinto de pasiones (1982)

Si en esta primera etapa no podemos dejar de mencionar la influencia del cine trash que popularizara John Waters, es obligatorio mencionar las grandes influencias de Félix Rotaeta e Iván Zulueta. Si el primero era el protagonista de Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, anteriormente había estado vinculado a las primeras películas de Fernando Colomo, como Qué hace una chica como tu en un sitio como este, que también comparte gran parte de su reparto con las primeras películas de Pedro Almodóvar, además de estar protagonizada por Carmen Maura.

El propio Pedro Almodóvar ha comentado en ocasiones la gran influencia que una película tan fascinante como Arrebato ha tenido en su obra, siendo Zulueta el creador de muchos de los carteles de las películas de Almodóvar en su etapa siguiente. Si Cecilia Roth protagonizaba Laberinto de pasiones, posteriormente Eusebio Poncela protagonizaría La ley del deseo, así como los actores de reparto de la película irían integrándose en los repartos de sus primeras películas, sobre todo en Laberinto de pasiones, además de asimilar también gran parte de su equipo técnico, como el director de fotografía Ángel Luis Fernández con el que trabajaría en ocho de sus películas.

A veces pienso que los espectadores que se enfrenten a las películas de esta primera subetapa, deben quedarse perplejos ante un cine tan poco profesional, al menos aparentemente. Pero no me cabe ninguna duda que siempre quedarán rendidos ante la frescura y espontaneidad de unas situaciones tan hilarantes como auténticas y reales.

2. De amateur a profesional

  • Entre tinieblas (1984)
  • ¿Qué he hecho yo para merecer esto!! (1984)
  • Matador (1986)
  • La ley del deseo (1987)
  • Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988)

El cineasta Rainer Werner Fassbinder se convertiría en el faro que guiaría los pasos artísticos del manchego que, si ya tiene un público entregado, busca ahora un reconocimiento crítico que le aporte credibilidad. Más que el cine de Fassbiender en general, sería su película de 1978, In einem Jahr mit 13 Monden, la que podemos encontrar detrás de filmes como Entre tinieblas o La ley del deseo. Si el cine de Almodóvar ha sido siempre indiscutiblemente posmoderno, en muchas ocasiones sus homenajes cinematográficos rayan el plagio, pero si posteriormente las citas a otras películas serían mucho más discutidas, Almodóvar logra aprehender las situaciones y personajes de este gran título de Fassbinder para hacerlos suyos.

Es difícil escoger una película de esta etapa, todas y cada una de ellas tienen algo que las hace destacar. Quizás Entre tinieblas hubiera sido más redonda si no la hubiera protagonizado Cristina San Pascual, protagonista impuesta por cuestiones de producción. Aún así, el ateo más convencido queda rendido ante este nada convencional rebaño de monjas y ovejas descarriadas. Muchos años después, desde Hollywood le llegaría una oferta para dirigir Sister Act, que el director español rechazaría.

La película más floja de esta etapa podría ser Matador. Primer (y único) título en el que colabora con otro guionista, el escritor Jesús Ferrero, por aquel entonces muy popular debido a novelas como Bélver Yin y Opium. Aunque estéticamente la película puede resultar muy estimulante, su arriesgada propuesta de vincular la moda española con tradición castiza y sexo con tauromaquia, no acaban de convencer del todo. Casi podríamos decir que Matador sería un avance estético de lo que nos depararía la obra de Almodóvar a partir de los años noventa.

Sin duda ¿Qué he hecho yo para merecer esto!! y La ley del deseo constituyen lo mejor de esta etapa y, si me permiten, casi de toda su carrera cinematográfica por razones que no creo sea necesario explicar. Si con la primera Carmen Maura logra una de sus interpretaciones más emotivas, con ella Pedro Almodóvar comienza a ser tenido en muy buena consideración por la crítica cinematográfica, así como abrazado plenamente por el público. Una película imperfecta, que abunda en personajes innecesarios que no aportan nada a la trama principal, pero que forman un conjunto de entrañables personajes entre los que destacan la maravillosa abuela diabética que hace Chus Lampreave y la fascinante prostituta de lujo aspirante a estrella de Las Vegas que hace Verónica Forqué.

La ley del deseo sería la primera película de la productora fundada con su hermano, Agustín Almodóvar. Una apuesta valiente y arriesgada que recoge sus frutos por todas partes siendo alabada por la crítica como la mejor película del año, logrando prodigiosas interpretaciones de Eusebio Poncela y Carmen Maura, y sirviendo como germen para su siguiente proyecto, Mujeres al borde de un ataque de nervios, culminación del estilo almodovariano y de las carreras artísticas de ese matrimonio de conveniencia formado por Pedro y Carmen.

El filme recorre las carteleras del mundo entero. Premio de la Academia europea a la mejor película joven, así como para la interpretación de Carmen Maura, quien también se lleva el Goya. Además del Goya a mejor película también se lleva los de montaje e interpretación secundaria para María Barranco. Pero el colofón llegaría con su primera nominación de la Academia de Hollywood a la mejor película en lengua extranjera. Reconocimiento, aplausos, propuestas para remakes, contratos millonarios, proyectos para rodar en los Estados Unidos de América y una puerta abierta al cine internacional para los integrantes de su reparto, que tan sólo aprovecharon Antonio Banderas, Carmen Maura y Rossy De Palma.

La noche de los Oscar prometía emoción y tensión. No hubo Oscar, pero los más atrevidos terminaron en la fiesta de la película de Pedro Almodóvar. Nunca una fiesta de perdedores de la preciada estatuilla había sido tan animada como la de la comitiva española, como atestiguara Martin Scorsese. Pero no todo era diversión. En la gala se había producido una ruptura de reparación imposible (o muy difícil). Por lo visto, la academia sólo proporcionaba tres entradas en el patio de butacas para asistir a la gala a los nominados por una película en lengua extranjera. Obviamente una entrada era para el propio Pedro Almodóvar, repartiendo las otras dos entre Carlos García Gambero (su pareja en aquel entonces y hasta la fecha -o al menos también aparecía en Los abrazos rotos) y, en lugar de reservar su tercera butaca a su actriz protagonista, prefiere cedérsela a su amiga transexual, Bibi Andersen, relegando a una airada Carmen Maura al gallinero.

Se que podría pecar de frívolo al relatarlo de esta manera, pero no. Esta acción supone la ruptura total entre actriz y director que no hace otra cosa que desestabilizar el peculiar universo artístico del cineasta manchego inaugurando la etapa sin Carmen Maura, que además y precisamente gracias a este título, comienza a popularizarse la expresión "chicas Almodóvar", para referirse al grupo de actrices con las que se rodea el cineasta español.