The Twilight Saga: Breaking Dawn – Part 1: Bill Condon no hace milagros

Por fin. La boda cinematográfica más esperada por los fanáticos de la saga ha llegado. Y, con la boda, sus respectivas complicaciones, cuando esta "dulce" y pálida pareja consuma su amor en una luna de miel de lujo — virgen al matrimonio como debe de ser, según la autora, Stephenie Meyer—. Más allá del subtexto, de la trama y de los personajes, hay algo que tenemos por seguro: The Twilight Saga se acerca a su fin. Tómelo como mejor le guste; para mí, es un motivo de felicidad.

Debo admitir que he asistido a los pre-estrenos de estas películas, acompañando a fanáticos o, bien, como "estudio sociológico" — vamos, la experiencia cinematográfica no se queda sólo en la película —. Muchos dirán que no hay manera de ver estas películas. Va, entiendo; para gustos hay colores. Otros menos selectos o más flexibles, como su servidora, nos dejamos llevar. Desconectamos nuestra mente, nos olvidamos de esa maldición (o bendición) de diseccionar cada elemento cinematográfico y, simplemente, nos dejamos llevar.

Tengo que admitir que, en esta ocasión, llegué a la sala de cine con esta idea, sin pensar; sin embargo, a mitad de la película, me vi absorbida la expectativa. Sí, la disfruté. Sí, me divertí. Y, sí, a pesar de la dirección de Bill Condon, Breaking Dawn - Part 1 tiene defectos mayores.

La familia Cullen vive momentos felices, preparando el enlace matrimonial entre Bella (Kristen Stewart) y Edward (Robert Pattinson) Mientras Alice dirige lo que será la boda perfecta, la familia Swan tiene sentimientos encontrados. Renée está cegada por el encanto vampiresco, o simplemente no le importa que su hija de 18 años se vaya a casar. En cambio, Charlie "tengo mi pistola lista" Swan tiene una cara de angustia, como si supiera que algo malo está apunto de pasar. Es su pequeña de 18 años la que está entregando a un "chiquillo de la misma edad" o ¿sospecha que hay algo más?

Después de una hermosa boda — con una ceremonia de ensueño, una recepción (casi) perfecta y los discursos más divertidos —, la pareja se va a su luna de miel. Por qué no, los Cullen tienen tanto dinero que pueden regalar una isla en Brasil. Después de días de tórrida pasión y momentos incómodos, Bella descubre que está embarazada. Carlisle, siendo médico, ¿no sabía que podía ocurrir esto? En fin, como sea. A partir de aquí, Breaking Dawn cambia por completo, presenta a los personajes de una forma distinta y marca una evolución.

A partir de este momento, seguimos la gestación de este ser, desde el punto de vista de Jacob, quien toma una decisión importante que le afectará para siempre. Gracias a este personaje se exploran subtemas como el valor de la amistad, los fuertes lazos familiares —en ambos bandos—, la importancia de abrirse camino lejos de "la manada". Demuestra la madurez del personaje, este quien nunca en su vida había logrado una "impresión", ni siquiera con Bella. El pequeño lobito ahora es un alfa y su evolución, resulta medianamente interesante; si no fuera por esos efectos especiales tan ridículos, otra cosa sería.

The Twilight Saga: Breaking Dawn - Part 1 tiene una coherencia con el resto de las entregas, al mantener la estética vista en Twilight, New Moon y Eclipse. Sin embargo, el director Bill Condon logra una evolución, dejando atrás esos problemas de pubertos, para enfrentar situaciones más maduras; vida en pareja, la amenaza de una fuerza mayor y la protección de la familia. Todo esto funcionaría fenomenal, de no ser por las líneas ridículas cortesía de Melissa Rosenberg —guionista de toda la saga—; más telenovelesco no puede ser.

El esfuerzo invertido por parte de Condon decae por otros aspectos de la película. Esos planos detalle se ven opacados por la banda sonora de Carter Burwell y por las canciones que se pueden apreciar en los momentos menos indicados. Las fallas en efectos especiales son importantes, no sólo en el caso de los licántropos, también lo vemos con los vampiros. Entiendo que quieran mantener esos efectos mediocres para darle cierta coherencia con el resto de la saga pero, ¿es realmente necesario? En lo personal, no me hubiera molestado que una mejora.

En cuanto a las actuaciones, aunque los protagonistas muestran una evolución — con respecto a las demás entregas — sus ganas de acabar con esto son evidentes. Se nota que nada más están ahí, atrapados por sus contratos que les obligó a regresar (y a embolsarse bien dinero). Lo bueno es que esto está apunto de terminar y que, justo dentro de un año, tendremos la despedida definitiva.

Aquí tenemos dos momentos esperados desde el principio de la historia: la primera noche pasional entre los recién casados y el nacimiento de Reneesme. La película requería ciertos ajustes para hacerla apta para la dichosa clasificación PG-13, el público meta de la saga. Obviamente, no era necesario ver cómo destruían el cuarto mientras hacían el amor; mucho menos ver una escena gore durante el nacimiento. Mucho de esto queda a la imaginación y, tal vez, es mejor que sea así.

Breaking Dawn - Part 1 resulta más efectiva que cualquiera de sus entregas anteriores, algo que debemos agradecer a Bill Condon. Es cierto que todavía encontramos muchos deficiencias pero, ¿esperaban que el ganador del Oscar hiciera un milagro? Realmente no hay mucho más que pudiera hacer — bueno, sí: evitar esa terrible banda sonora y las canciones seleccionadas como si se tratase de un gran videoclip —. La trama está escrita. Los personajes están trazados. Y todos quieren desesperadamente terminar con esto; a excepción de Summit Entertainment, que le ha ido magnífico con la respuesta en taquilla.

tres estrellas