Secuencias favoritas: «Star Wars: Episode I – The Phantom Menace», dos jedis contra un sith

El 19 de mayo de 1999 se estrenó "The Phantom Menace", la cuerta película estrenada de la saga Star Wars y la primera en orden cronológico. Habían pasado dieciséis años desde el estreno de la última película de Star Wars y los fans de la obra de Lucas esperaban la nueva película con auténtica pasión. Todos vivimos aquel momento con el corazón en un puño y por desgracia la película no cubrió las expectativas. Es más, las críticas fueron terribles y es considerada una obra prescindible y olvidable. Esta película tiene una trama aburrida y aún por encima se hace aburrida y larga porque carece de fuerza narrativa. "The Phantom Menace" vino acompañada de una gigantesca y brutal campaña de marqueting y basó su éxito en los efectos especiales y el CGI dejando de lado a los personajes y a la historia en favor de un espectáculo vistoso y visualmente llamativo pero sin alma.

Lo único destacable de esta película, lo único realmente bueno es el duelo final que enfrenta a los dos jedi con el sith. El maestro Qui-Gon (Liam Neeson) y su padawan Obi-Wan Kenobi (Ewan McGregor) se enfrentan a Darth Maul, un villano plano que destaca simplemente por ser un excepcional luchador. La secuencia de la lucha a tres bandas está llena de energía, de fuerza, de ritmo y de tensión. Además la música que acompaña al duelo de sables de luz, obra de John Williams, es impresionante, el tema Duel of the Fates es uno de los mejores del maestro y dota a la escena de un brío contagioso que te mantiene pegado a la silla hasta el último momento. Es una lástima que el resto de la película no esté a la altura de esta inolvidable secuencia.

Liam Neeson, sin duda uno de los grandes aciertos de la película, compone un personaje reflexivo, cercano y muy espiritual que deja una profunda huella en su padawan Obi-Wan. La lucha es vertiginosa y los pequeños descansos cuando se cierran las puertas y los personajes quedan encerrados en diferentes compartimentos acrecientan la tensión. Obi-Wan no puede hacer nada para ayudar a su maestro y es testigo de su muerte. El espectador sufre por la impotencia de no poder hacer nada.

La coreografía de la pelea es magnífica. El doble sable de Darth Maul de color rojo y su ropa negra hace que el personaje resulte vistoso y amenazador, contrasta mucho con los colores pálidos de la ropa jedi y los sables verde y azul. Los tres personajes saltan, dan giros, lanzan estocadas al aire y se mueven con rapidez y elegancia. La escena es trepidante. Cuando Obi-Wan consigue deshacerse de Darth Maul, de una forma un tanto increíble, se acerca al cuerpo de su maestro. Con su último aliento el jedi caído le pide que cuide de Anakin y que lo entrene para que se convierta en uno de los suyos. Menos mal que Qui-Gon Jinn no vivió para ver en que se convertía el niño.

Siempre he creído que fue un error acabar con Darth Maul en esta película ya que hubiese sido genial verlo escapar y que años más tarde Obi-Wan se enfrentase a él. Lástima que no me dejanse a mi hacer la película.

Merece la pena revisar esta escena y ahorrarse el resto de la tontería de George Lucas.