La desbordante energía de «Pina»

Es curioso que, con una carrera tan brillante y prolífica, Wim Wenders no haya tenido nunca una nominación al Oscar más que por un documental, "Buena Vista Social Club". Aunque más curioso es que tenga la posibilidad de conseguir su primera nominación en la categoría de película rodada en lengua extranjera con "Pina". Un documento, casi más que documental, con el que el cineasta y todos los miembros de la compañía de Pina Bausch rinden homenaje a la que fuera creadora de algo que era mucho más que una compañía de danza contemporánea.

Aunque la intención de Wim Wenders era hacer una película en colaboración con Pina Bausch, esta fallecía unos días antes de que tuvieran su primera reunión para hablar sobre el proyecto. Por eso la película se convierte en un ejercicio deíctico en el que Pina Bausch es la total y única protagonista, aunque no aparezca más que en alguno de los vídeos que de ella se conservan. Conoceremos a Pina a través de todos y cada uno de los miembros de su compañía. Resulta un gran acierto que cada uno hable en su idioma de origen, enfatizando así la universalidad, no ya sólo de las creaciones de Pina Bausch, sino de la danza en general.

Wim Wenders apuesta por una aproximación visual sencilla, siempre en función de las escenografías de cada una de las piezas, y siempre desde el punto de vista que tendría el espectador de las creaciones en el espacio para el que fueron creadas: el teatro. Tan sólo enfatiza algunos movimientos de los actores/bailarines al acercarse a ellos puntualmente, pero siempre sin romper la cuarta pared. Casi diría que la mayor aportación del cineasta consiste en sacar las piezas a la calle, ubicándolas en diferentes lugares públicos y haciendo las coreografías, sus temas y sus creaciones, más accesibles y comprensibles al público.

Pero "Pina" tan sólo es una película dirigida por Wim Wenders, porque no sería nada sin Pina Bausch. La búsqueda para encontrar al personaje nos ayuda a descifrar el origen de sus creaciones. Artista generosa y genial a partes iguales, Pina sabe sacar la mayor rentabilidad posible a sus herramientas, sus instrumentos, sus bailarines, como si fueran pinturas o esculturas que la creadora moldeara a su antojo. Pero no imponiendo su criterio, sino siempre a través de ellos. Aprovechando sus propios conflictos y obsesiones vitales para profundizar en los de la propia Pina.

Si mi acompañante se preguntaba, a los diez minutos de proyección, cómo se había dejado convencer para entrar a ver una película así, poco después no podía remediar acabar rendido ante la energía de unas coreografías capaces de emocionar y transmitir sin palabras, utilizando sólo la expresión, el movimiento y con apenas unos pocos elementos que habrán llevado al éxtasis a quien haya tenido la oportunidad de presenciar alguno de estos espectáculos en directo. Me veo obligado a admitir que quizás tenga razón Wim Wenders cuando afirma que el 3D parece estar creado para la danza, pues el espectador no tiene la ilusión de estar viendo una película, sino una de las maravillosas representaciones de Pina Bausch.

4 estrellas