«Apollo 18»: cuando menos es mucho más

Cuando leo sobre proyectos internacionales que van a ser dirigidos por cineastas españoles, la verdad es que no presto más atención que si fueran a estar dirigidos por cineastas suecos o italianos. Más que nada porque lo importante no es la nacionalidad del director, sino su aportación al proyecto. Si bien me gustó mucho "The New Daughter", no puedo decir lo mismo de "Buried", si las películas de Juan Carlos Fresnadillo suelen ser de mi agrado, no me ocurre lo mismo con las de Jaume Collet-Serra. Por eso, quizás lo mejor que me ha podido pasar con "Apollo 18" es que no sabía, o no recordaba, que su director era de origen español. Y qué bien que me sentó.

"Nómadas", "Sobre el arco iris" y "El rey de la montaña" son los tres largometrajes que el cineasta madrileño Gonzalo López-Gallego ha dirigido antes de enfrentarse a la tarea de dotar de verosimilitud el argumento de "Apollo 18", para lo que ha contado con la ayuda de uno de sus colaboradores habituales, el director de fotografía José David Montero. Quizás la predisposición a incluir profesionales extranjeros en una producción con un carácter, a priori, tan estadounidense como este pueda explicarse por el hecho de que Timur Bekmambetov sea uno de sus productores.

Sin duda muchos pensarán en la estética de películas como "Cannibal Holocaust", "The Blair Witch Project", "[Rec]" o "Paranormal Activity", dado que nos enfrentamos con un mockumentary que parte de la propuesta de que vamos a ver el material encontrado de lo que se supone fue la última de las misiones estadounidenses a la luna. Probablemente otros podrán encontrar en el argumento rastros de filmes como "Alien" o "The Thing", o yendo mucho más allá, aquel material audiovisual que se dice rodara Stanley Kubrick en el que se mostraba la llegada del hombre al satélite terrestre, tal y como explican en "Opération Lune".

Pero debo decir que todas estas referencias quedan superadas por la aproximación de Gonzalo López-Gallego, que consigue un filme de terror intenso y extremo en el que la tensión y el suspense se incrementan cuanto menos se muestra, demostrando la efectividad de la premisa menos es más. La inmovilidad de unas piedras, el silencio interrumpido, una huella que no debería estar ahí y un movimiento inesperado bastan para conseguir toda una experiencia para el espectador.

Ciertamente, en "Apollo 18" no van a encontrar grandes efectos especiales ni visuales, tan sólo el ingenio, no ya de un guión muy bien construido por Brian Miller y Cory Goodman, sino del estupendo montaje de Patrick Lussier, montador habitual del género de terror como "Sream", algunas de sus secuelas y otras películas de Wes Craven, "Mimic" o "The Eye". Sin duda el montador saca mayor ventaja artística de cortar y pegar que de ponerse detrás de las cámaras, como se puede constatar con películas que ha dirigido como "Dracula 2000", "My Bloody Valentine" o la penosa "Drive Angry".

Influye muy positivamente que los tres protagonistas de la película, Lloyd Owen, Ryan Robbins y Warren Chritie no sean actores demasiado conocidos, proporcionando una mayor autenticidad a la premisa de la que parte la película. Incluso aunque algunos puntos del argumento puedan llegar a ser previsibles, lo cierto es que la capacidad de estimulación de "Apollo 18" hace que sea una propuesta de lo más aconsejable para la noche de Halloween.

4 estrellas