«L’illusionniste» y el final de una época

Hablar de "L'illusionniste", es tanto hablar de Sylvain Chomet como de Jacques Tati. Visualmente la película es una muestra más de la exquisita elegancia de la que ya hiciera gala el cineasta francés en su primera película, "Les triplettes de Belleville", de la que también rescata la ternura de unos personajes en la que volvemos a encontrarnos con el conflicto entre una persona anciana y una adolescente. Pero el alma y espíritu de la película pertenece enteramente al universo emocional de Jacques Tati, en cuya filmografía nos encontráramos reiteradamente con el conflicto entre tradición y modernidad, entre el mundo rural y el urbano, entre lo nuevo y lo viejo.

Si en películas como "Mon once" y "Playtime" ese conflicto se traduce más en una crítica hacia el esnobismo de los seres humanos que no son capaces de asimilar los adelantos tecnológicos y las nuevas tendencias de una manera crítica y constructiva, en "L'illusionniste" se certifica el final de una época en la que ya no hay sitio para a ilusión y la magia, que terminará siendo desplazada por un despiadado consumismo. Como si de un paralelismo se tratase, me atrevería a afirmar que la denuncia de Chomet también estaría enfocada a la propia animación de la película pues pareciera que hoy en día no hubiera ya sitio para aquellas películas de animación que están animadas de manera tradicional, aunque esta es una afirmación arriesgada pues cierto es que no hay indicios en la película para llegar hasta ella.

Lo que no cabe duda es del sentido homenaje que Sylvain Chomet ofrece al que fuera uno de los cómicos más influyentes y queridos del cine francés que surgiera en los tiempos de posguerra. Aludido en la película con su nombre real, Jacques Tatischeff, Tati fue capaz de realizar cinco películas en las que, al igual que sucede en "L'illusionniste", no necesita la palabra para enternecer, hacer reír o emocionar. De hecho cada personaje habla su propio idioma, sin que tengan por ello ningún problema de comunicación. Este guión de Jacques Tati estaba destinado a convertirse en su cuarta película, que no pudo filmar finalmente y que ha permanecido durante muchos años en los archivos del Centro Nacional de Cinematografía, a la espera de que algún romántico nostálgico le diera vida.

Si en "Les triplettes de Belleville", la ciudad en la que se desarrolla la acción fuera muy importante, "L'illusionniste" no sólo es un homenaje a Jacques Tati, sino también a a la actual ciudad en la que reside el propio Sylvain Chomet y en la que tiene su estudio de animación: Edimburgo. Igualmente podemos encontrar ecos de su primera película en el estilo de la banda sonora, compuesta aquí por el propio Chomet, así como a las bromas culinarias. Sin embargo, "L'illusionniste" se torna una película mucho más amarga y pesimista de lo que uno pueda esperar en una película de animación, pues tras el comienzo de una relación paterno-filial entre sus protagonistas, termina por mostrar la insalvable distancia en dos generaciones que viven la vida de una manera muy diferente, certificando esa muerte de la magia y de una época que incluso algunos espectadores de hoy en día son incapaces de comprender.

3 estrellas