Confieso, no soporto: al fan talibán

Toda persona relacionada con el mundo del cine sabe o debe saber que su trabajo se mirará con lupa, que será criticado y analizado por amateurs, especialistas, compañeros del gremio, espectadores y críticos de cine. Eso es así desde el principio y seguirá siendo así hasta el final. Con la evolución tecnológica y la globalización de las comunicaciones, una persona sentada frente a su ordenador en una terraza de Sydney puede criticar, para bien o para mal, la última película de Pedro Almodóvar vía Twitter. Un técnico de sonido de Alemania puede subir a un blog sus apreciaciones sobre el sonido en las escenas de acción de "Green Lantern" o un fan de Robert Pattison puede mostrarle al mundo su devoción por el actor con un vídeo subido a Youtube.

Internet provee de un sinfín de posibilidades para los amantes del séptimo arte: pueden compartir información, debatir sobre la última película de David Lynch o descubrir nuevas propuestas artísticas que antes tardarían años en llegar a sus manos pero que ahora, están a un click de descarga. Por lo general, este tipo de personas son seres racionales, educados y con buen criterio que además, toleran las opiniones divergentes, dando lugar a apasionados debates sobre un arte tan maravilloso, complejo y excitante como es el cine.

Sin embargo, la eclosión de los blogs, videoblogs y foros; y el auge de redes sociales tipo Facebook, Twitter o Tuenti ha permitido la aparición de una nueva especie de fan, lo que yo llamo el fan talibán. Este tipo de supuestos amantes del cine se escudan en el anonimato que proporciona la red para lanzar airadas críticas, desplantes y amenazas a cualquier persona que no opine como ellos. Por lo general, son individuos que responden muy bien a las agresivas campañas de marketing de productos palomiteros y vacíos de contenido como "The Twilight Saga" o que están totalmente perdidos dentro de fenómenos de masas como "The Lord of The Rings" o la saga de Harry Potter. Personas por lo general jóvenes, usuarios de la red y con un pobre bagaje cinéfilo a sus espaldas ya que desconocen los trabajos - por citar algunos- de John Houston, Frank Capra, Billy Wilder o Ken Loach.

El hecho de cualquier otra persona critique, mínimamente, el objeto de su afecto/devoción provoca un ataque, muchas veces desproporcionado, hacia el incauto que pensó que la adaptación del cómic Scott Pilgrim no era una buena película. Se pueden leer auténticas barbaridades en los blogs, los foros y los tweets; comentarios hirientes, insultantes, vejatorios y amenazantes.

Yo entiendo que uno pueda sentir pasión desmedida por algo, nos sucede a todos, sin embargo no creo que eso nos exima de seguir las normas mínimas de educación. A mi me encantaría poder hablar con una fan de Robert Pattison sin sentir miedo al decirle que me parece un actor muy limitado y que su interpretación del vampiro Edward Cullen se ve forzada y resulta risible. Y no hablo desde la ignorancia ya que he visto las películas estrenadas hasta ahora con una creciente mezcla de horror y cachondeo. No creo que por ello merezca recibir tweets de desconocidos que desean poner mi cabeza en lo alto de una picota.

El creciente número de fans talibanes me asusta, se deben medir mucho las palabras para no herir la particular sensibilidad de estas personas que saltan a la mínima y que se rasgan las vestiduras si dices que n te gustó "Inglourious Basterds". Uno tiene sus motivos y si podemos hablar como personas civilizadas tal vez los entiendas y respetes mi opinión como yo respeto la tuya si te gustó.

Si la Red iba a darnos la libertad y la oportunidad de hablar con gente de todo el mundo sobre cine parece que no hemos entendido lo que eso significa. Me entristece comprobar que uno no puede dar rienda suelta a sus pensamientos e ideas sobre una película o un actor sin ser atacado por alguno de estos fanáticos que creen que el mejor actor del mundo es Ryan Reynolds.

P.D: No me estoy metiendo con Ryan Reynolds, actor que hace un gran trabajo en "Buried" y al que siempre recordaré por su participación en la tercera película sobre Blade.