A propósito de «The Tree of Life»: la intolerancia entre espectadores

Terrence Malick entra dentro de esa categoría de directores que no necesitan presentación, cuyas películas siempre son bien acogidas por la comunidad cinéfila, y que no necesita de premios y reconocimientos para demostrar que al menos cuenta con un estilo propio que hace de sus películas algo diferente a cualquier otro autor. Reconozco que me gustan mucho sus obras, especialmente "Days of Heaven", pero también debo reconocer que sus películas no están pensadas para todo tipo de públicos, puesto que su posicionamiento con respecto a sus narraciones y a sus personajes es muy peculiar y no tiene por qué ser igualmente aceptada por todos.

Sin embargo su filmografía ha evolucionado mucho desde que en el 73 estrenara su primer largometraje, sobre todo hasta este año en el que ha visto la luz "The Tree of Life". Sin duda es una obra controvertida, de esas que generan una polémica automática. De hecho, ya en el Festival de Cannes, donde se llevó la Palma de Oro (Malick no fue a recogerla), al finalizar la primera proyección los abucheos se confundían con los aplausos. Si los críticos especializados, que en general suelen estar de acuerdo en estas ocasiones no sabían cómo digerirla ¿qué esperamos que pueda ocurrir con el público en general, con tantos gustos y tintes culturales? Consecuente, ha ocurrido lo que todo el mundo podía esperar: la disparidad de opiniones.

Y creo que eso está bien, por que una película que es capaz de generar esa controversia a partir de las opiniones de los espectadores que salen de la sala encantados, confundidos o enfadados también tiene su mérito. Y es que es realmente meritorio no dejar indiferente a nadie, más allá de que la película guste o no. Tampoco creo que esa haya sido la idea de Malick, que por otra parte siempre muestra unas ideas muy claras en todas sus obras, poniendo las cartas sobre la mesa desde el principio. Esta vez ese discurso no ha convencido a todos, de hecho los más defraudados se encuentran en el otro extremo de las opiniones que la tachan de obra maestra.

En cuanto a la mía, no me posiciono ni por uno ni por otro. Reconozco que la película tiene unos momentos magníficos, con una fotografía exquisita, y la propuesta de Malick es realmente arriesgada. Pero también creo que ha sido demasiado pretencioso y esta soberbia ha sido la que ha matado su obra. La película hubiera sido magnífica como historia de la familia de clase media donde el padre mantiene un régimen demasiado severo con sus hijos, lo que inevitablemente se vuelve en su contra. Es la típica historia de las raíces de las personas adultas actuales, que en muchos casos tuvieron que convivir con un ambiente familiar extremandamente conservador.

Este punto es interesante, especialmente por el gran trabajo de todos los intérpretes, sobre todo de los niños. Todo tiene una gran naturalidad y la cámara se muestra como un ser omnipresente que tan pronto viaja al pasado, como al presente o incluso al más allá. Además los planos de Malick son extraordinarios, algo que no había mostrado en sus anteriores obras, mucho más convencionales en este sentido. Sin embargo, si todo eso es lo bueno, la grandiosidad con la que pretende dotar al discurso, al más puro estilo "2001: A Space Odyssey", es lo que la difumina y provoca que toda la narración se caiga en pedazos, porque pierde su propio sentido. Además la bipolaridad que impregna todo el discurso hace que éste sea complejo y muy denso como para atrapar todos los detalles de un solo vistazo.

Pero, aparte de este breve análisis, quería comentar la especial controversia que ha levantado la película. Muchos espectadores que la han visto, afirman orgullosos que se salieron a medio metraje, o en la parte más documental, porque no podían aguantar el ritmo tan lento. Es verdad que la película no es para cualquiera, que se alarga demasiado (como siempre hace Malick), pero creo que hay que apreciar una obra completa para poder opinar. Recuerdo cuando estaba viéndola en la sala que la gente de mi alrededor no dejaba de encender el móvil para mirar cuánto quedaba de película, o entre risas comentaban que ellos no habían venido a ver un documental.

Si de algo nos podemos enorgullecer actualmente es de la enorme cantidad de información que podemos encontrar a sólo un click, por lo que los que no se habían informado de la cinta antes se supone que estaban predispuestos a ver cualquier cosa que le pusieran en pantalla. Sin embargo, lo que resulta el colmo de todo y que viene muy a colación del artículo que escribió mi compañera Rebeca sobre el fan talibán es que la diversidad de opiniones entre los espectadores no sólo lleva a descalificar a al autor o a la obra, sino a los que la defienden. Si algo ha dejado claro la historia del arte es que sus resultados son completamente subjetivos, no puede existir una verdad absoluta por encima de las demás, y por lo tanto en estos casos nadie tiene que llevar razón por encima de los otros.

En este caso Malick ha expuesto una obra muy ambiciosa, que también tiene el mérito de haberse tirado a la piscina y haberlo intentado. Sin embargo muchas de estas películas que tanta controversia generan al principio, con los años van aunando opiniones. ¿Esta vez será hacia obra maestra o hacia el fracaso absoluto? El tiempo lo dirá, mientras tanto la polémica continuará y creo que tanto los argumentos a favor como en contra deberían centrarse única y exclusivamente en los elementos artísticos.

Fotos: GratisProgramas, NoSoloHD & NotesOfAFilmFanatic