Secuencias favoritas: todos nos volvemos «Psycho» alguna vez

El cine de Alfred Hitchcock funciona en una lógica que cuesta entender. El tipo era un maestro. Tenía códigos secretos para cada una de sus cintas y siempre trataba de entregar emocionalmente todo lo que podía. De hecho, muchas veces sin muchos recursos y sólo con la magia de un juego de cámaras, lograba dejar boquiabiertos a todos los espectadores de sus cintas. Ahí es donde nacen los buenos momentos, las buenas escenas, ésas que se quedan en la memoria y que son imborrables.

A estas alturas, hablar de la "escena de la ducha" de "Psycho" es un cliché tremendo. De hecho, ya ni siquiera vale la pena destacarla porque, de verdad, el que no entienda el gran valor de ese trozo de película, no está sintiendo bien el cine de un realizador como Hitchcock. Entonces, ¿de qué les quiero hablar? De un pedazo bastante particular, donde, en la misma película que recién les mencioné, podemos entender cierta psicología del personaje de Norman Bates. Un poco de sus miedos, de sus convicciones y de todo lo que rodea su retorcida mente.

A lo largo de la cinta, hay varios momentos donde no hay nada más que diálogos. Diálogos cerrados sin música y sólo con la expresión y buena interpretación de los actores. Hay una en particular, que siempre me ha llamado la atención porque, efectivamente, explica, de manera sutil, como le gusta a Hitchcock, lo que sucede en la mente del psicótico personaje. En YouTube, la encontré con el título de "We All Go A Little Mad Sometimes" y creo que no puede tener un nombre más acertado.

¿Qué vemos? A Norman hablando con la señorita Crane. La discusión trata acerca de los problemas mentales que podría tener su madre y de porqué no la deja en alguna institución para locos. La conversación se sube un poco de tono y Bates, con su cara totalmente perdida, le dice que no, que su madre no puede herir a nadie, que esos lugares son horribles, que se mezcla la risa con el llanto y que su progenitora no está loca, sólo a veces se pone loca. A lo que continua con la frase, "bueno, todos nos volvemos locos de vez en cuando". Sentencia que, bajo mi punto de vista, refleja completamente el prisma bajo el que está vista la cinta. La locura, la demencia. Esos segundos en que no somos nosotros. A todos nos ha pasado.

La maestría de esta escena termina siendo llevada a un plano mayor gracias a la genial actuación de Anthony Perkins, quien le da vida al desquiciado Norman Bates. Aquí se demuestra claramente cómo un actor, solamente con el uso de sus caras, su tono de voz y la energía que transmite, puede transformar el entorno, puede convertir una conversación amena en algo que, para los espectadores, llega a ser aterrador.

¿Por qué esta escena? Porque tiene dos cosas que siempre han existido en el cine de Hitchcock: grandes diálogos y actuaciones notables. Además, como les mencioné, acá no hay un uso de palabras aleatorias, acá todo está pensado. Ésta es la declaración de principios de un hombre loco, de alguien que busca dar a conocer sus miedos y que quiere generar simpatía con la persona que tiene en frente. Simplemente genial.

¿Y, ustedes? ¿Se han vuelto locos alguna vez? Aunque sea por un par de minutos. Vamos. No mientan. Yo sé que lo han hecho. Quizás no a este extremo, pero todos tenemos nuestros secretos.