Placer culpable: «Coming to America»

El otro día, cuando escribí la nota acerca del aniversario de "An American Werewolf in London", caí en un detalle en el que no había reparado por toda mi existencia: John Landis era el director de "Coming to America", esa sensacional cinta de comedia de finales de los ochenta protagonizada por Eddie Murphy. En aquel momento lo recordé: amo esta cinta, la he amado desde que tengo uso de razón y desde esa primera vez que la vi por televisión junto a mi padre en un domingo bastante flojo. Sí, porque hay que reconocerlo, esta cinta está hecha absoluta y completamente para ese tipo de ocasiones.

"Coming to America", para los que todavía anden medio perdidos, es una cinta de 1988 que cuenta la original historia de un príncipe, llamado Akeem, heredero al trono de Zamundo, un pequeño y casi desconocido país de África, quien, llegado a su mayoría de edad, deberá escoger a una chica para que sea su esposa. Ahí comienza el dilema, pues nuestro querido amigo, quien es interpretado magistralmente por Eddie Murphy, en uno de los mejores papeles de su carrera, tomará la decisión de irse a Estados Unidos para encontrar una esposa que de verdad lo ame por lo que es y no por ser el príncipe y gran soberano de su destino.

Como era de esperarse, esta cinta es bastante básica en sus argumentos. Tiene amor, toques de comedia, el conocimiento personal, el arribismo y muchos otros tópicos que son bastante de familia. La gran gracia de esta producción es que logra sacarlos a flote con mucha diversión y varios buenos guiños. De hecho, hay que destacar enormemente las actuaciones, pues Murphy, junto con el gran Arsenio Hall, se lucen completamente interpretando a más de un papel y haciendo de las suyas como sólo ellos saben hacer.

La película no es una gran maravilla. No tiene grandes escenas de amor ni mucho menos grandes escenas de comedia, pero es una cinta fantástica para pasar el rato. Yo la vi por primera vez junto a mi padre, como les dije, en un domingo bastante flojo. Recuerdo que ambos estábamos acostados sin nada que hacer y, de la nada, empiezan a pasarla en un canal local. Mi papá me dice "hey, esta película es muy buena" y yo, acto seguido, suelto el control remoto y me decido a hacerle caso. Después de todo, el hombre sabe y siempre ha tenido un gusto bastante excéntrico con sus películas favoritas.

La sorpresa fue grande y me enamoré completamente. Los personajes son adorables, cercanos buena onda y con muchos errores personales. Quizás por eso tiene una llegada tan grande, porque todos tienen defectos, esos típicos que todos tenemos pero que a veces ocultamos. Basta sólo con mirar al señor McDowell, quien, sin duda, se lleva la mayoría de los aplausos. Tiene un imperio de comida rápida calcado a McDonalds y aspira a que su hija sea la esposa de un multimillonario y no de cualquier pelafustán que la quiera galantear. Hay códigos y cánones de por medio. De hecho, al principio rechaza a Akeem por ser "un pastor de ovejas", pero luego lo ama cuando le confiesan que en realidad será el rey de un país completo. Sí, así con el doble estándar.

Hay que decir que, en su lado bueno, la cinta tiene buenísimas actuaciones, como ya lo mencioné, pero, además, da paso a que uno reflexione y lo pase bien haciéndolo. Tiene dramas familiares complejos; por ejemplo el de la hermana de la protagonista, Patrice McDowell, quien no muchos hombres la quieren y siempre anhela y envidia las cosas de su hermana. O el de Semmi, interpretado por Arsenio Hall, quien, incluso, en algunos momentos de la cinta se hace pasar por el príncipe de Zamunda para ser querido. Dramas. Dramas básicos, pero dramas al fin y al cabo.

"Coming to America" podrá nunca pasar a la historia como una buenísima película de comedia o una excelente cinta de valores morales, pero siempre estará en mi corazón como una de esas cintas que disfruté mucho y que, cada vez que puedo, la vuelvo a ver. Tiene algo que me atrapa e hipnotiza y lo sé, no es una buena producción, ni siquiera tuvo grandes sumas de dinero para hacerse, pero cumple. En más de un aspecto, cumple. Tienen que verla. Se las recomiendo encarecidamente. Si no lo hacen, me veré obligado a tener que verla yo nuevamente.