Justificando una precuela con «Rise of the Planet of the Apes»

Ayer mismo hablaba en la sección de Confieso: no soporto sobre el estado actual de la industria cinematográfica estadounidense, concretamente de la intención de la mayoría de los estudios de Hollywood de vivir de viejas glorias, de reducir su repertorio de producciones a secuelas, precuelas, remakes y demás. Pero también hay que reconocer, aparte de que aún durará bastante tiempo, que hay otras películas que podríamos englobar dentro de este grupo que realmente están justificadas, que merecen la pena ser realizadas y que aportan algo más a la saga a la que pertenecen.

Por supuesto, suelen ser una mínima parte del total de estas producciones, pero las hay, y uno de los ejemplos más recientes que podemos encontrar es “Rise of the Planet of the Apes”. Ideada como una precuela donde se nos narran los hechos que acontecen antes de la cinta del 68 protagonizada por Charlton Heston, es decir, cómo los simios llegaron a dominar al ser humano y por lo tanto a hacerse dueños y señores de la Tierra, tenía la difícil tarea de encontrarse a la sombra de una cinta ya clásica como es la de Heston, algo que siempre supone un reto para cualquier espectador.

Las comparaciones iban a ser inevitables, aunque no de la misma manera que sucedió con el remake de Tim Burton de hace ya 10 años puesto que no se trataba de rehacer una película ya existente, sino de contar la historia previa. Sin embargo, mientras que la cinta de Burton suspende, la de Rupert Wyatt aprueba con nota. Y es que el realizador británico tiene mucho que dar con esta cinta, que podría existir perfectamente independiente al resto de la saga. Evidentemente se entiende mejor si se tiene en cuenta la obra del 68, pero también se puede entender como un ente en sí mismo, como una obra con principio y final sin necesidad de tener nada más.

Wyatt toca muchos temas de actualidad en su película: la investigación con células madre, la crueldad hacia los animales, las ansias económicas de las grandes multinacionales o la lucha contra la opresión de los, a priori, más débiles. Todo ello se reúne bajo un mismo discurso muy bien estructurado, con un objetivo claro que se va desarrollando poco a poco según lo va requiriendo la trama, y con un sentido del ritmo magistralmente dominado para que el discurso no decaiga en ningún momento, para que el espectador quede hipnotizado desde el primer minuto.

Sin embargo, si hay algo que achacar a la película, son los personajes. El guión está muy bien ideado en cuanto a la evolución que sufre el protagonismo que le da a sus personajes. Al principio son los humanos los que acaparan el protagonismo de la cinta, centrándose en sus inquietudes, sus metas y cómo pretenden llegar a ellas. Hacia la mitad del metraje ya nos encontramos con que los simios han tomado un protagonismo más relevante, que se hace abrumador al final de la cinta. Pese a esta buena distribución de los roles importantes, los personajes no están tan individualizados como nos pretenden dar a entender.

Tanto James Franco como Freida Pinto tampoco están demasiado acertados en sus interpretaciones, pero es que el guión no les permite hacer mucho más. El primero ya ha demostrado su potencial interpretativo, pero esta vez queda relegado a un segundo plano, donde demuestra que no se desenvuelve tan bien. Al actor le ha ocurrido casi siempre lo mismo cuando ha tenido un papel secundario en vez del protagonista. El caso de Pinto es ya demasiado: no queda sólo relegada a un segundo plano sino que más bien parece un mueble más de la sala, un ente que no interviene de ninguna manera en ninguna subtrama y que sólo está justificada como la chica del protagonista.

Un caso especial es el de Andy Serkis. ¿Cómo se puede conseguir una interpretación tan buena cuando estás rodeado de sensores de movimiento que luego dan lugar a una imagen digitalizada de un simio? Sin embargo ahí está y Cesar consigue acaparar la atención cada vez que está en pantalla, por sus movimientos y sus expresiones, convirtiéndose en el elemento más destacable de la cinta. A esto también debe mucho el gran trabajo de los efectos visuales, que hacen mucho más verosímil no sólo la apariencia de los simios sino también la sensación de que puedan transmitir sentimientos como si de un ser humano se tratase.

Si a esto le unimos unas escenas de acción sorprendentes, perfectamente ejecutadas y con unos movimientos de cámara complejos pero muy bien ejecutados, el resultado es una obra muy entretenida, que tiene mucho más de lo que parece y que consigue que el espectador se marche de la sala satisfecho con el resultado final. Es verdad que no decae en ningún momento gracias a su aspecto visual, pero también es de agradecer que cintas como esta contengan mensajes y una idea que van más allá de lo que vemos en pantalla.

4 estrellas

Fotos: BlogDeCine, NewYorkGossipGal & TheChairOfFame