La escalofriante verdad detrás de «L’affaire Farewell»

Hay películas de las que es mejor no hablar, al menos no mucho. Es preferible verlas para evitar que te cuenten demasiado sobre ellas. Es el caso de "L'affaire Farewell", la tercera película como director de Christian Carion, que tiene como protagonistas, precisamente, a dos directores de cine como son Guillaume Canet y Emir Kusturica. Una elección que me parece acertada no sólo por las excelentes interpretaciones que nos regalan, sino por el significado que tiene para el relato escoger a dos profesionales de la manipulación, como es, al fin y al cabo, cualquier buen cineasta.

Basada en una novela que recoge un episodio de espionaje que sucediera en la realidad y que, si se disfruta plenamente como un espléndido thriller de espionaje, acaba siendo mucho más. Ciertamente es difícil encontrar una línea que separe realidad de ficción en "L'affair Farewell", más que nada porque aunque algunas secuencias y representaciones de personajes reales puedan estar distorsionadas deliberadamente, el mensaje final es claro, directo y escalofriante.

Y se intuye tan real y hasta terrorífico porque en este mundo tan alienado en el que vivimos, lo más probable es que si unos ni siquiera querrían saber cual es la auténtica verdad que se esconde detrás de "L'affair Farewell", otros terminarán pensando aquello de tanto ruido para tan pocas nueces, al encontrarse con algo que ya sabían, pero no les importaba. Y es que si en un principio podemos pensar, por el transcurso de las primeras secuencias, que estamos ante una historia más de espías rusos, lo cierto es que se trata del primer truco de manipulación de Christian Carion, pues su relato se desarrollará a partir de una estructura inductiva, por lo que no sabremos lo que realmente nos quiere contar hasta la última secuencia de la película.

Mientras tanto, si por un lado se centra en humanizar a los dos personajes protagonistas, Pierre Froment (Guillaume Canet) y Sergei Gregoriev (Emir Kusturica), para que podamos entender sus decisiones y apoyar su causa, por otro lado retrata con ironía y hasta traza una caricatura de dos personajes que ya conocíamos de antemano, como son Ronald Reagan (Fred Ward) y François Mitterrand (Philippe Magnan). Debo decir que la imagen de Ronald Reagan que ofrece puede que no sea cierta, pero desde luego es la que todos albergamos en nuestro fuero interno.

Sorprende encontrarnos con una pequeña colección de actores como Willem Dafoe, Diane Kruger o un resucitado David Soul, en minúsculos papeles que aportan esa falsa confianza que el relato quiere transmitir pues, al sonarnos familiares, tendemos a confiar en ellos, para bien o para mal, revelándose después la dura realidad. Pero entre el reparto de secundarios destaca el magnífico trabajo de Ingeborga Dapkunaite como la esposa de Sergei, una actriz que hemos podido ver en títulos tan dispares como "Utomlyonnye solntsem (Quemado por el sol)", "Mission: Impossible", "Seven Years in Tibet" o "Hannibal Rising".

El estilo visual de Christian Carions es sencillo, pero simpático, quizás al no querer que nos perdamos en los entresijos políticos de la trama. Probablemente por ello se centra más en la reconstrucción de la vida, en Rusia, durante los últimos años de la Guerra Fría. Así nos podemos encontrar momentos deliciosos como el hijo de Sergei escuchando a Queen en un walkman. Asimismo, la reconstrucción histórica, a través de decorados y vestuarios, busca la naturalidad y el realismo, evitando toques estrafalarios y llamativos.

Espero sinceramente haberles hecho atractiva una propuesta como "L'affair Farewell" que, por cierto, vuelve a sumarse a ese cine con aspiraciones naturalistas en la que se habla en ruso, en francés o en inglés, dependiendo del momento y del lugar en el que se encuentren sus protagonistas. 3 estrellas De la misma manera que la película te resultará más o menos acertada en función de tu nivel de exigencia para con un mundo siempre injusto en el que creemos que existe el libre albedrío, pero en el que todo se decide en despachos sin ventanas.