«Cowboys & Aliens» y mujeres e indios

Una vez se cumple esa antipática regla que dice que a mayor inversión que se gasta una productora en la promoción de una película, menor es su calidad artística porque no esperes encontrar en "Cowblys & Aliens" nada más allá de lo que viste en su tráiler. Y es una pena porque lo cierto es que comienza muy bien, Jake Lonegan (Daniel Craig) se despierta en medio del desierto sin saber quien ni dónde está, ni por qué tiene un extraño brazalete en su muñeca. Más que como si fuera un vaquero, resuelve con inusitada solvencia una situación digna del mismísimo James Bond, y comienza, a partir del encuentro con el shérif John Taggart (Keith Carradine) a crearse nuevos problemas al enfrentarse a Percy Dolarhyde (Paul Dano), hijo del cacique de la región, Woodrow Dolarhyde (Harrison Ford), para que en el momento en que este viene al rescate de su estúpido retoño se produce un encuentro en la tercera fase y en toda regla. Y no he avisado del posible spoiler porque todo estaba en el trailer. Y precisamente es a partir de aquí donde comienza a decaer la película. Así de golpe, de pronto y sin avisar.

Uno ya intuye que no puede esperar demasiado de un argumento que comienza así, pero teniendo en los créditos, al menos, a cinco guionistas más un escritor de cómics, sí esperaba por lo menos pasar un rato entretenido. Ante la falta de empatía por casi ninguno de los personajes, pues si unos te caen mal, los otros te dan lo mismo, y una sucesión de acciones que no sólo no aportan nada a la evolución de la trama, sino que además provocan la pérdida de interés en la resolución final, provocan una inevitable precipitación al más puro tedio. Un servidor echa en falta en estos personajes algún rasgo psicológico o emotivo al que agarrarse. Sin ir más lejos, Ridley Scott conseguía mucho más con mucho menos en "Alien", y desde luego, me caían mucho mejor cualquiera de los personajes de "Rango", por hablar de otra película reciente ambientada en el Oeste.

Pero es que claro, no estamos en el mismo oeste de "Rango", si Gore Verbinski sí tiene en cuenta las revisiones que se han realizado del género en las últimas décadas, Jon Favreau, muy acorde con su ideología política, totalmente republicana y conservadora --impresión puramente personal y subjetiva--, parece más interesado en aquellos westerns clásicos de las décadas de los treinta de los que se decía que morían cincuenta de golpe y no pasaba nada. Me refiero a esos westerns tan criticados por hablar de los indios nativos americanos como si fuesen seres inferiores, maltratando y malogrando la imagen de un pueblo invadido y erradicado por aquellos mismos que protagonizan la película.

Sin embargo, en la película de Jon Favreau no hay ningún intento de metáfora ni reconciliación con los nativos americanos, sino que encima y en la línea de aquella insoportable película de John Ford, "Fort Apache", los blancos vuelven a mofarse de las estrategias de los indios, para demostrarse que tenían razón. Yendo todavía más lejos, y lanzando un capote al fallecido Charlton Heston, la película se marca con disimulo y discreción un alegato en favor de la necesidad del individuo a estar armado, e incluso a que los adolescentes aprendan a manejar un arma.

Con lo que respecta al reparto, pareciera que a Daniel Craig, más que contratarle por su parecido físico con Yul Brynner, a través del que se intenta homenajear una película como "The Magnificent Seven", pareciera que le hubieran escogido por sus dotes para las cabriolas adquiridas en la franquicia de James Bond. Curiosamente Harrison Ford aparece en mucho mejor forma de la que aparentaba en "Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull", lo que traduzco como que el que estaba mayor no era él, sino Steven Spielberg. Paul Dano está tan correcto como siempre, pero el que mayor partido saca a su breve intervención es sin duda Ketih Carradine, único que sabe aportar a su personaje algo más que las líneas que le marcaron aprenderse. De la intervención de Sam Rockwell prefiero ni hablar, porque no he entendido ni sus caras ni sus muecas, ni nada.

Como suele pasar en productos de esta índole, no lo digo por el género, sino por la ideología política de su director, la mujer es tan sólo un objeto más de atrezzo de la película (o no es exactamente aquello que representa), por lo que no puedo destacar ni la intervención de Olivia Wilde ni la de Ana de la Reguera. Es curioso (y sospechoso) que estos extraterrestres parezcan una versión negativa de la maternidad pues parecen querer tragar la vida humana de manera inversa a la que las mujeres dan a luz.

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