Confieso: no soporto que «Titanic» no se hunda con todos

No es que un servidor considerara en 1997 a James Cameron como uno de los mejores directores del panorama cinematográfico internacional, pero lo cierto es que esperaba con interés lo que tenía que contar en "Titanic". Más que nada porque a pesar de ser un cineasta ubicado en un sector ideológico muy a la derecha, que disfraza sus discursos con falsa propaganda familiar, ecológica y antinuclear, había sido el responsable de algunas películas que habían marcado mi adolescencia y algunos tiempos posteriores, aunque no todos. Repasemos un poco.

Si bien James Cameron siempre ha renegado de "Piranha Part Two: The Spawning", debo decir que es un título que me divierte bastante. Me parece una película entretenida con mucho sentido del humor y bastante digna tanto para ser una ópera prima, como para ser una secuela. En su reparto ya encontraríamos a Lance Henriksen, que se convertiría en un habitual de las películas de Cameron. De hecho esta actitud de rechazo del que una vez se sintiera "king of the world", por algo que no puede eliminar ni borrar ni negar, me parece que delata una gran ausencia de sentido del humor de su parte.

Muy superior me parece, evidentemente, "The Terminator", la película que encumbraba definitivamente a Arnold Schwarzenegger al puesto de estrella y que con un presupuesto ajustado, conseguía resultados excepcionales. Escrita en colaboración con la que en aquel entonces era su mujer, Gale Anne Hurd, que produciría la película a través de su compañía, recién creada por aquel entonces, Pacific Western Productions. La película introdujo también a dos nombre siempre relacionados con Cameron: Linda Hamilton y Michael Biehn. Y tampoco creo que haga falta comentar nada más sobre un título en el que seguro que la mayoría de nosotros estaremos de acuerdo en casi todo.

Mira que lo tenía difícil con "Aliens", la secuela de "Alien". Sin embargo, su admiración por el trabajo de Ridley Scott le llevó a crear una secuela a la altura de su predecesora que no defraudó a nadie. ¿Alguien levanta la mano? Cuando la primera era una película de terror psicológico, Cameron realizó con la suya una película de acción en toda regla que sabía retomar el argumento de la anterior sin traicionarla en ningún momento. Además, en este caso la responsabilidad es enteramente suya al ser también el autor del guión. Aunque ninguno de sus dos trabajos se vio recompensado por la Academia, la película obtuvo siete nominaciones, incluyendo una para su flamante protagonista, Sigourney Weaver, llevándose sólo dos estatuillas correspondientes a los efectos visuales y los de sonido. ¡Pero cuantos momentos y frases para el recuerdo!

Con estos dos títulos recuerdo que James Cameron se había colado ya entre mis directores favoritos (cosas de la adolescencia), por eso esperaba con interés el estreno, en 1989, de "The Abyss", que se vendía como su proyecto más personal al haber escrito el guión de la película cuando él mismo era un adolescente. Y eso fue lo que vi en su película, las elucubraciones y deseos frustrados de un adolescente que hubiera deseado tener un "Close Encounters of the Third Kind" subacuático. Para muchos puede ser un título entrañable, pero para mi supuso mi primer tropiezo con el cineasta. Y no me vendan la película, porque aunque se empeñara después en realizar uno de sus típicos (y falsos) montajes del director en el que se limitaba a añadir todas las secuencias que había deshechado en un principio, algo que había hecho anteriormente con "Aliens", la película no fue precisamente un éxito en su momento. Curiosamente, a la vez que conocía por primera (y única) vez el fracaso, también se divorciaba de la que era su segunda esposa para casarse en el mismo año con Katheryn Bigelow.

En 1991 James Cameron retomaba los personajes que creara en "The Terminator" para, tras la masculinización de Linda Hamilton, ofrecer un interesante giro de tuerca en "Terminator 2: Judgment Day", una secuela casi mejor que su predecesora. Aunque tampoco el director conseguiría nominación, lo cierto es que su película se alzó con cuatro Oscar de las seis nominaciones con las que partía. Y aunque es una película que disfruto siempre que la vuelvo a ver, lo cierto es que el discurso antinuclear que propone, pareciera heredado de su predecesora pues el tono general de la película es altamente probélico y beligerante, como lo serían posteriormente otras propuestas como "Avatar". Por eso me parece que con este título comienzan a aflorar algunas de las contradicciones de su discurso, que en cualquier caso, no merman su capacidad para entretener a toda costa. La verdad es que lo de la madre diciendo que prefiere a su hijo sin padre, pero con una máquina de matar al lado, es como para llamar a los asistentes sociales y encerrarla en el lugar del que se ha escapado. No nos confundamos con el contexto de la historia, el mensaje es muy beligerante. Por cierto que el matrimonio con Bigelow le duró bien poco pues un año después de estrenar la película se divorciaban. Se ve que la directora se percataría de la química que surgiría con Linda Hamilton, con la que se casaría años después.

En el verano de 1994, James Cameron volvió a hacerlo de nuevo. Se juntó con Arnold Schwarzenegger y aprovechándose de una película francesa, "La totale!", hicieron "True Lies", un remake en el que aportaban comedia y acción a partes iguales. Jamie Lee Curtis estaba realmente espectacular como un ama de casa que está cansada de tener un gris y aburrido marido. No sólo ella le demuestra que puede ser tan letal y eficaz como él, sino que sus hijos pueden también. Vuelvo con lo mismo, si la película me parece perfectamente entretenida y divertida, tras la aparente superficialidad de un producto de acción encuentro un mensaje muy beligerante, a tono con las administraciones de otra beligerante familia, la de los Bush, y hasta digno del foro de la familia: la familia que mata unida permanece unida. De hecho, no debe ser casual que en la película aparezca también Charlton Heston, por aquellas fechas ya convertido en defensor del rifle a toda costa.

Y justamente en el mismo año en que se casa con Linda Hamilton, 1997, y poco después de que muriera Lady Di, estrena "Titanic". Una película que esperaba con interés pues parecía marcar un cambio de registro del cineasta que, si volvía realizar una película cargada de efectos visuales y especiales y de sonido y de todo lo que quieran, se trataba de su primera (y única) película alejada del terreno de la ciencia ficción. A mitad de camino entre el drama de una heroína de las películas de James Ivory, obligada a casarse con un personaje infame interpretado por uno de los peores actores del mundo, Billy Zane, y un filme de catástrofes, no conseguí identificarme con ninguno de los personajes de "Titanic". Si acaso con los músicos que tocaban mientras el barco se hundía y yo me aburría soberanamente. Y la canción, por Dios, qué horror, qué tortura la canción de Celine Dion.

Qué feliz fui en el momento en el que Jack Dawson (Leonardo DiCaprio) era arrastrado a la oscuridad de las profundidades del océano Atlántico. Tan sólo Kathy Bates y su interpretación de Molly Brown consiguieron hacer algo más ameno el visionado de una película cuyo mayor logro siempre será haber conseguido once premios Oscar, en un año que no pasará a la historia por su calidad cinematográfica. A pesar de que entre sus contrincantes se encuentran títulos interesantes como "As Good As it Gets" o "L.A. Confidential", también estaban en la carrera títulos comerciales e inferiores como "Good Will Hunting" o "Full Monty" -desde mi punto de vista-, siendo en general bastante inferior a otros años. Aunque claro, para un servidor los premiso Oscar ni siquiera son significativos de calidad cinematográfica, tan sólo de recaudación en taquilla.

Posteriormente vería "A Night to Remember", una película mucho más interesante y por la que, ciertamente, el paso del tiempo ha hecho menor huella que la que considero hará en el casco de "Titanic". Para otro momento dejo "Avatar", película que no sólo no consigue reconciliarme con el cineasta, sino que me aleja de él a la velocidad de la luz. Una película que de ecológica tiene más bien poco y es beligerante un rato grande, bien grande.