Confieso: no soporto las bandas sonoras de poca duración

Es difícil hablar de esto. Creo que no es un tema común y quizás no muchos de ustedes vayan a coincidir conmigo, pero, en el último fin de semana, me di cuenta que, verdaderamente, odio cuando esto pasa. Bueno, primero habría que entrar un poco en contexto para que esto no parezco un comentario salido de la nada y parezca un capricho... Aunque bueno, en cierta medida lo es.

Todos sabemos que las bandas sonoras u BSO, como se conocen comúnmente en español, son una parte fundamental de la experiencia de ver una película. Las imágenes, la historia, los personajes, el guión, las actuaciones. Quizás, para muchos, eso pueda ser lo realmente importante, pero no podemos dejar de lado el poder de una maravillosa pieza musical o de una composición certera. Los momentos se tensan o suavizan con sonido, eso es bien sabido. Entonces, ¿a qué lugar a punta mi pataleta de hoy? A que hay bandas sonoras que son demasiado cortas y me dejan con gusto a poco.

El fin de semana pasado, vi la cinta "Submarine", la opera prima de Richard Ayoade, actor y realizador que ha hecho carrera en series como "The IT Crowd" y, además, como director de un par de videos de la banda británica Arctic Monkeys. El debut es sensacional, creo que algún día se las comentaré en detalle porque, realmente, es una de esas cintas con las que hay que darse el tiempo. Pequeños regalos. La cosa es que, además de tener una preciosista y muy bien hecha estética, la película posee una banda sonora de lujo, llena de composiciones creadas por Alex Turner, vocalista de la banda que les mencioné hace un rato. ¿Cuál es el problema entonces? Que la banda sonora tiene solamente 6 tracks y uno es un intro. Sí, cortísima.

Debo confesar que amé la banda sonora, es un EP maravilloso con sentidas tonadas de amor y experiencias, pero ¿por qué tan poco? Hay cintas, como por ejemplo "Dan In Real Life", que también usaron a un artista, Sondre Lerche, para hacer la musicalización completa y el disco que acompaña a la cinta tiene alrededor de 17 canciones. Un número totalmente superior al de la producción de Ayoade.

Bueno, es difícil argumentar en ese sentido. Cada director tiene la libertad de hacer lo que quiera con sus proyectos. Supongo que el realizador acá tomó la sensata decisión de retratar su obra acompañada de una pieza intimista y pequeña. Algo mucho más personal. Por ahí he leído que, incluso, han catalogado al EP de Turner de "perfecto". No sé, yo sólo puedo decir que odio el cambio de número.

Yo tengo la manía, no sé ustedes, de escuchar las bandas sonoras inmediatamente después de que veo una película. A veces, incluso, lo hago antes. Me han recomendad encarecidamente que no lo haga, pero mi amor por las obras lo puede más. Por ese motivo, odio que una banda sonora sea tan corta, de verdad. Uno rememora los mejores momentos de sus cintas escuchando las canciones. Lo he hecho. Lo hago a menudo. Pero con bandas sonoras de poca duración uno queda a mitad de camino, como en la mitad del bosque sin una ayuda para poder salir.

Comprendo y entiendo perfectamente que quizás éste no es un gran problema y tal vez no hay razón para escribir acerca de esto, pero a mí me molesta y creo no estar tan solo en el mundo. Vivan las bandas sonoras largas, esas que sobrepasan los 20 tracks, ésas que te hacen rememorar la película completa a medida que avanzan, ésas que te sumergen nuevamente en la magia de la imagen sin tener que estar viendo. La belleza se puede extender y, si hay material para cautivarnos por sólo un par de canciones, también lo habrá para tenernos pegados más tiempo a los parlantes. Es cosa de querer. De verdad, a ratos no soporto que no nos entreguen más. Queremos más.