“Transformers: Dark of the Moon”, excelentes efectos visuales en 3D, nada más

Lo reconozco: Michael Bay me ha sorprendido con su "Transformers: Dark of the Moon"; antes de que digan cualquier cosa, déjenme explicar por qué. La tercera entrega de la franquicia -- basada en una línea de juguetes Hasbro -- trae de regreso a la pantalla grande esa eterna batalla entre Autobots y Decepticons, misma que tiene como escenario su hogar adoptivo, la Tierra. Vayan por las figuras de acción, que comenzamos a jugar.

Al tener como antecedente "Transformers" (2007) y "Transformers: Revenge of the Fallen" (2009), mis expectativas eran realmente bajas. No esperaba una obra de arte cinematográfico, ni un argumento (ya ni digamos) complejo, tampoco las grandes actuaciones merecedoras del Oscar. Sin embargo debo reconocer que, entre los blockbusters de este verano, los robots gigantes de Bay se distinguen por su espectacularidad: acción, explosiones, efectos especiales, ahora en eye popping 3D, además de ofrecer el atractivo visual (saben a quien me refiero). Así, con esta idea entre a la sala de cine, sin esperar mucho (tal vez nada) y me encuentro con un argumento más o menos regular durante el primer tercio del filme, aproximadamente, después se olvida de ella por completo. A pesar de ello, Michael Bay establece un récord.

"Transformers: Dark of the Moon" rescata eventos históricos para establecer su argumento, comenzando con la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética -- como lo veremos en "Apollo 18" --. Corre el año 1961. La NASA detecta la colisión de una nave no identificada en la Luna. Temiendo por la seguridad del planeta Tierra (clásico), el presidente John. F. Kennedy autoriza el programa Apolo que, ocho años después, pone al hombre en la superficie lunar como pantalla. La verdadera misión lleva a los astronautas a investigar sobre la llamada Arca originaria del planeta Cybertron. Años después, cuando el equipo NEST encuentra un fragmento de dicha nave en Chernóbil, comienza la carrera entre Autobots y Decepticons por encontrar la nave espacial, para acceder a todos sus secretos. Para completar su misión y salvar a la Tierra, los Autobots necesitarán (como siempre) la ayuda de Sam Witwicky (Shia LaBeouf), quien pasa un momento complicado a nivel personal y profesional -- tiene la palabra «perdedor» escrita por toda la frente --.

Este verano vimos un ejercicio similar -- tomar hechos reales para enriquecer la ficción -- en "X-Men: First Class", película que emplea como contexto la crisis de los misiles en Cuba con un resultado bien logrado. En el caso de "Dark of the Moon", el argumento inicial se pierde para dar paso a la batalla entre los buenos y los manos, representados por los enormes juguetes de Michael Bay. A partir de este punto -- los dos tercios restantes de filme -- se convierte en una danza incoherente, entre fierros y cristales, aceite y neumáticos, edificios colapsando y una chica observándolo todo. El guión de Ehren Krueger, el mismo de "Revenge of the Fallen" y "The Ring, nos pierde por completo. El storytelling de Bay no funciona a favor de ningún personaje: ni los humanos, ni los robots. Ni para exigir personalidad o interpretación a los robots; la película da especial énfasis a sus secuencias de acción, en lugar de profundizar en los conflictos. Bueno, hagamos mención especial a los ojos Remi de Bumblebee.

El especial cuidado que invierten a las secuencias de acción no recae en lucir el montaje, vamos, ni siquiera las explosiones o el ritmo -- de hecho, hay secuencias recicladas de otras películas Bay --. Todo los elementos responden a destacar los avances visuales en 3D. De la larga lista de películas que han llegado a cartelera con esta característica, después de "Avatar", "Transformers: Dark of the Moon" es la única que, a mi parecer, merece pagar la entrada para disfrutarla en 3D. Bay aprovecha la profundidad, los ases de luz, hasta da sentido a la toma más innecesaria, para aprovechar el 3D; como una toma de Rosie Huntington-Whiteley, el mejor prop de la película, para mostrar la profundidad de la destrucción -- esa misma escena en 2D se percibe como una desgracia desenfocada --.

Sobre las actuaciones, bueno, los actores no necesitaron gran esfuerzo; sus mismos personajes los limitan. Shia LaBeouf nos entrega al Sam Witwicky más patético de las tres historias -- mención especial a su foto con Obama --. Huntington-Whiteley se limita a sus poses de modelo, como ángel de Victoria's Secret. John Turturro regresa como Simmons, con sus teorías de conspiración menos interesantes y situaciones menos divertidas que las anteriores; da mejor resultado Alan Tudyk ("Dodgeball: A True Underdog Story") como Dutch, el asistente/chofer/mil-usos de este. El villano no termina de creerse su papel; por favor, que alguien le diga a Patrick Dempsey que no abandone el trabajo que paga las cuentas (a.k.a. Grey's Anatomy). En el caso de John Malkovich y Frances McDormand, resulta caricaturas de personajes representados anteriormente; en el caso de Malkovich, hasta se nota un guiño con su personaje en "Red". Lo mejor, quizá, es quasi cameo del gran Mr. Chow (Ken Jeong, en "The Hangover"); una de las mejores secuencias de la película.

Al final, un filme con el sello de Michael Bay, que garantiza entretenimiento visual, grandiosos efectos en 3D, pero que sacrifica la narrativa, los personajes... y todo lo demás. Deja una sensación de ser un híbrido que mezcla: un comercial largo malogrado para juguetes, otro de ropa interior (por la única expresión de la actriz) y videoclips que puedes encontrar en MTV. Si gustan de la acción sin sentido, los efectos visuales y las mujeres en poca ropa, esta es su película. Si no les interesa, ni siquiera por el 3D, mejor pasarla (si es que su cartelera local lo permite).

2 estrella