Secuencias favoritas: en la piel de Michael Myers en «Halloween»

En 1978 John Carpenter se disponía a estrenar su primer largometraje dentro del género de terror. Ya había realizado dos películas antes que ella, aunque no con esta temática. Igualmente, en los primeros cortos de su carrera, casi siempre había demostrado una predilección por este género, utilizando monstruos gigantes como epicentros de sus historias y siempre intentando conseguir esa sorpresa, ese efecto que provocar en el espectador para que no pueda apartar la vista de la pantalla.

Así que se atrevió con "Halloween", una nueva película dentro del subgénero slasher que tan de moda había puesto cuatro años antes la película de Tobe Hooper "The Texas Chain Saw Massacre". Este subgénero vivió un idilio muy prolífico durante estos años, aunque en realidad son pocas las películas que realmente se recordaron más tarde, y sobre todo que dieron lugar a tantas secuelas, reboots y remakes más tarde como estas dos.

En cuanto a "Halloween", trata de la famosa noche de brujas tan emblemática en Estados Unidos, donde los niños se disfrazan y van de puerta en puerta pidiendo caramelos. Es una noche divertida, pero también misteriosa y oscura por las connotaciones religiosas y por todo lo relacionado con el terror que gira en torno a ella. Por lo tanto es un motivo idóneo para desarrollar una película de este género, y más si tenemos en cuenta el comienzo de la misma.

Esa es la escena que he elegido para esta nueva entrega de Secuencias favoritas: la escena inicial donde podemos ver a un pequeñísimo Michael Myers asesinar con sorprendente sangre fría a su propia hermana. John Carpenter ideó toda la secuencia con un plano subjetivo, que no se rompe hasta que se produce el corte y el espectador deja de ser el asesino, pero también con una gran tranquilidad, saboreando cada plano, dotándolos del tiempo necesario y sobre todo sin ningún efecto de montaje hasta que concluye la escena. El plano secuencia no pone en la piel del asesino, como si nosotros fuésemos los que llevamos a cabo tal acto y sobre todo exponiendo una idea muy clara que regirá el resto del metraje: debemos pensar como piensa el asesino, ponernos en su pellejo y encontrar una explicación a todos sus actos. La escena va desde el 2:54 al 7:48.

Sin duda es una escena impactante, sobre todo cuando se ve por primera vez y creemos que se trata de un asesino sin más, especialmente adulto. Sin embargo, cuando el montaje pone fin al plano secuencia y el contraplano nos muestra al pequeño Myers, parece que todo se derrumba: ¿si el mal en su peor estado es capaz de atrapar algo tan puro como un niño pequeño, quién puede estar a salvo? Desde luego es una escena que descoloca al espectador por las connotaciones que tiene, por la idea inicial de que el protagonista es un niño y no un adulto que podría tener una tradición mayor en la historia del cine.

Aparte de esto, de que un niño sea capaz de asesinar a su propia hermana, se abandona también toda idea de que las personas que rodean al antagonista sean las culpables de sus trastornos psicológicos. Ya pudimos ver en "The Texas Chain Saw Massacre" que Leatherface no vivió precisamente en una familia ejemplar, puesto que sus parientes no eran los mejores ejemplos de estabilidad emocional, por lo que ahí Hooper mostró una justificación de los crueles actos del monstruo con cara de cuero. Sin embargo aquí podemos ver, justo al final de la escena, a los padres de Myers llegando a casa, donde descubren a su hijo en estado de shock y con el cuchillo en la mano. La familia, por lo que podemos adivinar, es aparentemente el modelo de clase media estadounidense, con una casa con jardín y al fin y al cabo una familia normal como en cualquier país del mundo. Pero en ella hay un germen, un ente maligno que se ha apoderado del niño, sin razón aparente, pero que al fin y al cabo ha sucedido.

Esta idea de Carpenter de que el mal puede estar en cualquier parte, hasta donde menos esperemos como en un niño pequeño de una familia corriente, es lo que más impacta al espectador. Además, es una idea que explotó posteriormente Wes Craven en varias de sus películas, puesto que los elementos terroríficos que utilizaba eran elementos seguros en la vida real como los sueños ("A Nightmare on Elm Street"), los amigos ("Scream") o incluso la electricidad ("Shocker"). Eso es lo que realmente podía alterar al espectador, descubrir que un asesino en serie puede estar en cualquier parte dentro de su vida cotidiana, y no en una casa aislada en medio de Texas.

Por lo tanto la escena de Carpenter, aparte de las complejidades técnicas que supone rodar un plano secuencia, también tiene un trasfondo mucho más profundo y trabajado: el director introdujo el miedo a cualquier persona, sin importancia de clases ni jerarquías, puesto que cualquiera podría tener un asesino en potencia a su lado y no saberlo. Por ello, creo que esta escena es merecedora de encontrarse en esta sección, y para el que no haya visto el resto de la película, recomendársela encarecidamente.

Foto: BlogOdisea & NightmaresBoulevard