Placer culpable: «Falling Down» en un día de furia

Joel Schumacher es uno de esos directores mercenarios que trabajan por dinero en lo que se les ponga por delante. Un artesano más que un artista. Esto es una opinión personal, evidentemente. Pero es la que me transmite la carrera tan desigual de un cineasta que es capaz de dar a luz obras más o menos interesantes como "St. Elmo's Fire", "The Lost Boys" o "8MM", y bodrios insufribles como "Flatliners", "Batman & Robin" o "Twelve". No teniendo ningún escrúpulo para abordar títulos vinculados con un discurso tan de derechas como los de "The Client" o "A Time to Kill", siendo él un homosexual perdido, como se transmite de algunos de sus títulos.

Esta falta de coherencia en su filmografía no me impide ver sus películas, simplemente me lleva a abordar el visionado de cualquiera de ellas independientemente, sin relacionarla con los demás títulos. Cosa que hice en el caso de "Falling Dawn", llevándome un grata sorpresa siguiendo el interesante e infernal periplo de William Foster (Michael Douglas) en su camino hacia la oficina, una calurosa mañana en la que se encuentra atrapado en un atasco. A pesar de que en un principio entendemos la frustración del personaje, poco a poco nos daremos cuenta de que las cosas no son exactamente como las cuenta, debido a que sufre un desequilibrio mental producto por la suma de acontecimientos como su divorcio, su despido, la negativa de su ex mujer para que vaya a ver a su hija en el día de su cunpleaños y las dificultades para convivir en una sociedad que pone barreras a diferentes escalas, tanto raciales como sociales. Nos encontramos con una especie de trasunto del Travis de "Taxi Driver", que también está dispuesto a impartir su doctrina por la vía violenta.

La acción de la película se apoya en el peregrinaje de William Foster y un triángulo formado por el detective Perendergast (Robert Duvall), que se enfrenta a su último día de trabajo antes de la jubilación, y que, a su edad, sigue lidiando con una esposa neurótica (Tuesday Weld); en el tercer vértice estaría Elizabeth Travino (Barbara Hershey), la ex esposa de William, que tiene miedo de los arrebatos de violencia de su ex marido, sobre el que ha interpuesto una orden de alejamiento, que impide legalmente que William pueda acercarse a su hija. Desde mi punto de vista, el éxito de la historia radica en que, si bien el discurso de William no es el más adecuado, tampoco le falta razón, igual que pasaba con Travis. Por eso encuentra el apoyo del policía que, en cierta manera, se identifica con él, al igual que el espectador. ¿Quien no ha tenido una experiencia como la de la hamburguesería y le habría gustado resolverla de la misma manera?

Una película de personajes que quizás no tendría tanta fuerza si no fuera por la calidad de todos y cada uno de sus actores y actrices protagonistas, desde un Mchael Douglas que se sale de su registro habitual, como las magníficas interpretaciones proporcionadas por Robert Duvall, Barbara Hershey, Tuesday Weld, Rachel Tichotin o Frederic Forrest, en un personaje que parece aludir al mismo que interpretara en "Apocalypse Now".

Podría afirmar que quizás el éxito de la película se deba a su guionista, Ebbe Roe Smith, pero lo cierto es que buscando en su filmografía, a pesar de encontrar filmes interesantes como "Mad City" o "The Big Easy", no parece responder a una trayectoria coherente, sino al mismo tipo de artesano que el director de la película. Aunque no por eso la película me parece menos interesante y por lo que hago de ella mi placer culpable de esta semana.