La dictadura de la burguesía en “Le code a changé”

Con un reparto encabezado por Karin Viard ---a quien veíamos hace poco en la estupenda "Potiche"---, Danièle Thompson presenta su última película, "Le code a changé". Una cinta en la línea de reencuentro como "Les petits mouchoirs", pero si la película de Guillaume Canet sabe eludir los clichés para ofrecer una película sobre el disfrute de la amistad, la directora de "Décalage horaire", no hace más que caer en tópicos obvios para ofrecer una cena insípida, aburrida, fría y antigua.

Una abogado especializada en divorcios con un marido depresivo al que engaña con el decorador de su casa; un oncólogo ateo casado con una ginecólogo católica que le engaña con un jockey; un abogado casado con una aspirante a escritora que acabará enrollándose con el marido de la anfitriona de la cena; una diseñadora de vestuario que se ha casado con un actor treinta años más joven que ella, exactamente la misma edad que se lleva con su padre, con el que no se habla; y una profesora de flamenco con ilusiones multiculturales (y un pelo horroroso, al menos en la segunda parte)...

Un auténtico batiburrillo de personajes, representativos de lo que parece ser la burguesía contemporánea, y que desarrollan una historia en la que los que son felices acabarán siendo infelices y los infelices encontrarán el camino de la felicidad, si es que a eso es a lo que se le llama felicidad burguesa. Igual debe ser una representación de la propia vida de la directora y su guionista, Christopher Thompson, su propio marido en la vida real, que también interpreta uno de los personajes de la película.

Los tópicos inundan también una cena con vieras, vino de Burdeos y queso Camembert, a la que tan dispares personajes han sido invitados, que entre falsas risas, conversaciones forzadas y miradas intrascendentes consigue aburrir al espectador hasta que, con suerte, se queda dormido en la butaca. Ni siquiera la estructura fragmentada a través de la que conocemos lo que ha sido de cada uno, antes de que sepamos cómo concluye la cena, sirve para hacer más amena y entretenida la proyección de "Le code a changé".

Cierto es que algunas presencias como Karin Viard o Emmanuelle Seigner permiten que haya algunos momentos de interés en la película, desde el punto de vista de la interpretación, pero que no sirven para remontar el relato, y que acaban por diluirse ante la falta de antagonistas sólidos y actores sin fundamento como Dany Boon o la que fuera chica Almodóvar por un día (en "Kika"), Blanca Li, que no consigue más que ahondar en los tópicos más bufonescos del typical Spanish.
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