«Blackthorn»: ¿nace el western ibérico?

Atrevida, cuanto menos, debo considerar, personalmente, la apuesta de Mateo Gil. Conocido por algunos (y detestado por otros) gracias a sus guiones en colaboración con Alejandro Amenábar en todas y cada una de sus películas, salvo una: "Tesis", "Abre los ojos", "Mar adentro" y "Ágora", además de haber escrito los de filmes como "El método", dirigida por Marcelo Piñeyro, y "Nadie conoce a nadie", su patético debut como director. Pues ahora resulta que Gil se ha embarcado en su segundo largometraje como director con "Blackthorn", la pretendida (¿y pretenciosa?) secuela de "Butch Cassidy and the Sundance Kid", aquella magnífica película protagonizada por Paul Newman y Robert Redford, que dirigiera George Roy Hill, y que fuera coronada con cuatro premios Oscar, entre los que se incluía uno para su guionista: William Goldman.

Es un género que ha dado que ha dado mucho de sí, pero el clímax histórico se produjo en los setenta, y a partir de ahí hubo revisiones periódicas como las de Clint Eastwood. De hecho casi todos los westerns que se hacen ahora tienen mucho de los setenta en estilo y fondo.

Palabras del iluso Gil que plantea un punto de partida que pretende retomar lo mejor de los filmes de Sam Peckinpah, John Ford o Sergio Leone (y que fijo que sólo rescata lo peor). En su planteamiento para "Blackthron" afirma que la leyenda puede decir que tras haber huido de los Estados Unidos, el legendario forajido Butch Cassidy muere en Bolivia en 1908, tiroteado junto a su colega Sundance Kid. Pero ahora resulta que no, que Sundance Kid se ha pasado veinte años escondido (¿como si fuera Lestat el vampiro?) y ahora quiere volver a casa (como si fuera ET). Sin embargo, pronto encontrará en su camino a un joven ingeniero español que acaba de robar una mina en la que trabaja y que pertenece al empresario más importante del país… Gil ha dispuesto de Sam Shepard para interpretar al héroe resucitado y a Eduardo Noriega para interpretar al pícaro español. Una pareja inigualable, incomparable y, probablemente, impenetrable (esta última va con doble sentido).

En declaraciones a Europa Press, el cineasta se confiesa admirador del género (fijo que no tiene ni idea de quien fuera Thomas H. Ince, creador e instaurador del género allá en la época de David Ward Griffith y Adolph Zukor), gracias a las películas que se proyectaban las tardes de sábado en la televisión.

Siempre tienen de fondo un dilema moral o político, planteado en términos muy sencillos, pero también muy efectivo en términos dramáticos. (…) Para mi es uno de los géneros más políticos que existen porque permite afrontar desde una perspectiva dramática y entretenida dilemas políticos que no dejan de estar vigentes.

Estoy de acuerdo, la homosexualidad siempre ha estado latente en todos los filmes de vaqueros. Indudablemente. En lo único que, por el momento, voy a estar de acuerdo con Gil y Noriega es en que Sam Shephard sea el centro de atención de la película. El único interés de "Blackthorn", diría yo. A estas alabanzas también se suma Stephen Rea, que también participa en la película, quien afirma que Shephard es "el corazón de la película, que no funcionaría sin él, debido a que su cara es como el paisaje boliviano". El actor irlandés también defiende la película como una "mirada europea al western, ahora que América ya no ve a este género como una forma de expresión".

No voy a negar que el trailer no se vea impecable, pero lo siento. No me creo nada hasta que no lo vea. Eduardo Noriega en inglés es infinitamente más patético que los primeros intentos de Antonio Banderas, aunque claro, su español no es mucho mejor. Rodada en Bolivia, la película también cuenta con la presencia de Magaly Solier y se estrena el 1 de julio en España, teniendo octubre como fecha prevista para su estreno en las salas estadounidenses y de otros países.