Placer Culpable: «High School Musical» y demás musicales

A ver, calmemos los ánimos primero. Para entender el porqué de este artículo y, en definitiva, el porqué de mi gusto oculto por películas del tipo "High School Musical", primero tenemos que analizar, bien en superficie, un fenómeno cultural denominado como Pop. El pop vive en nosotros. Es parte de nuestra cultura, de todo lo que nos rodea. Lo escuchamos en canciones, lo vemos en películas, lo sentimos en el arte. El pop es una forma de vida, una manera en que diversas expresiones se manifiestan. Por ende, la música pop también es algo que nos rodea. Que lance la primera el que jamás disfrutó una canción de Madonna o bailó al ritmo de los clásicos de Backstreet Boys. Sí, de ese tipo de pop estoy hablando.

Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con High School Musical. Que es pop. Así de sencillo. Las canciones de esa cinta, protagonizada por Zac Effron y Vanessa Hudgens, son pop de alta factura. De ésas que se te quedan pegadas en la mete por horas, que tarareas, que, cuando todo el mundo está callado, comienzas a cantar en voz alta. El pop es así. Popular y pegajoso. En esa dinámica, puedo y me atrevo a decir que HSM es una película que cumple y cumple muy bien pues las composiciones son piezas dinámicas, rítmicas y, sobre todo, muy alegres. Todo para ganar.

Obvio, que tenga canciones y sea bailable no es todo lo que me atrae de una cinta como ésta. Claro que no. Después de todo, si es que la han visto y apuesto que lo han hecho, sabrán que esta película de Disney cuenta la historia de un amor casi imposible. La clásica historia de los polos opuestos que terminan cediendo a lo que los ata para buscar un final común. Sí, también es un filme de romance, hay que admitirlo. Pero yo digo, ¿qué tiene de malo? ¿Es acaso tan horrible que una cinta tenga canciones y, además, sea un drama de amor adolescente? Para nada. Los dos tópicos son más que utilizados a lo largo de la historia y HSM sabe utilizarlos bien.

Me gusta que canten, que bailen, que sean felices, pero que tengan problemas. La dinámica funciona. Todo está dado para que dos personajes puedan logran un fin en común. Todo esto sin mencionar la batería de grandes personajes secundarios como Sharpay, quien es llevada a la vida por la guapa Ashley Tisdale, uno de esos roles que uno odia en la superficie, pero en el fondo termina siendo cómplice pues lo encuentra divertido, irreverente y a ratos bastante certero.

No estoy diciendo que todas las películas que mezclan música pop y relaciones adolescentes sean buenas. No, para nada. Pero siento y creo que ésta cumple en todo los sentidos. Si se le mirara sin prejuicios, una cinta como High School Musical podría ser muy bien evaluada, tanto como esa maravilla musical llamada "Chicago", sólo que acá no hablamos de cárceles, hablamos de escuelas; acá no hablamos de chicas de cabaret, hablamos de estudiantes. El lente que le ponemos a nuestros propios ojos termina cambiando la perspectiva que tenemos de los diferentes productos. El pop es así, siempre ha sido mal mirado, pero ¿quién me puede decir que Michael Jackson, por ejemplo, no era talentoso? Él hacía pop. Pop de factura perfecta.

High School Musical es un ejercicio de aceptación. Yo sé que muchas de ustedes quizás jamás se darán el tiempo para verla y me condenarán por decir todas estas palabras herejes. Pero el cine arte, el cine independiente, el cine de acción y todo lo demás siempre se ha llevado las buenas miradas. El cine pop, infantil, musical, siempre termina siendo relegado a un segundo plano. Los invito, de verdad. Adquieran su refresco favorito, abran las ventanas, siéntense en su sillón regalón y denle una oportunidad. Más de una sonrisa cómplice les va a salir. Se los aseguro. Y si no, bueno, condénenme y díganme que estoy equivocado. Acá todos tenemos voz y voto. Después de todo we are all in this together.

Foto: Rayen