Confieso: no soporto muchos momentos de «A Few Good Men»

Sé de antemano que meterme con esta película es entrar en una situación más que nada, peligrosa. ¿Por qué? Porque mucha gente considera, con sobradas razones, que esta es una gran película. El género de "Court Drama", con el paso del tiempo y debido a proyectos como estos, han sido catalogados como el escenario en donde el conflicto dramático que hace funcionar cualquier estructura narrativa de cualquiera de estos productos culturales llega a su punto cúlmine. Digo, hasta podemos hablar de una "comedia" de corte, en donde las situaciones más graciosas y la correspondiente resolución del conflicto se da en igual medida en las habilidades del abogado para hacer uso de sus capacidades retóricas y resolver un caso imposible -- desde "Liar, Liar" (1997) hasta "My Cousin Vinny" (1992) --. Mi "Confieso: no soporto..." de esta semana está dedicado a una película, a mi juicio, sobrevalorada: "A Few Good Men" (1992), basada en una obra de teatro, que tiene escenas realmente demasiado malas como para soportar alguna que otra más que destacable.

Y creo que de eso se trata la cuestión: por más que la popular escena de Jack Nicholson reclamando no soportar conocer, manejar la verdad sea una de esas líneas de la historia del cine que van a quedar tatuadas en la memoria colectiva, la cinta se deshace en cuanto a organización dramática, quedando demasiado en evidencia los roles morales dentro de un relato de estas características y hasta perjudicando lo que en efecto es una de las más destacables actuaciones dentro de la carrera de don Nicholson.

¿Qué es lo malo? Primero, la estructuración de los personajes en cuanto a personalidades: tenemos al soldado astuto y consciente de la situación y al soldado inocente que se enoja como un niño en el momento en que todo se resuelve, la gran cara de nada de Tom Cruise, quien personifica a un abogado fanático del beisbol que además tiene un carácter muy poco cercano al comportamiento de un militar frente a sus superiores -- no me creo mucho eso de que es tan fácil hacerse el canchero frente a un Coronel como Nicholson -- y, además, una resolución que no basta, no alcanza, salvo por el monólogo tantas veces citado.

Es difícial hablar de esta cinta porque sé que hay más de un fanático dando vueltas por ahí que me reclamará que mi opinión no vale, pero revisen de nuevo la película: como producto rinde sólo por estructurar todo un relato en torno a una sola escena, el resto es una estructura clásica y más bien neutra con los roles demasiado determinados, cuando en realidad el único que tiene un poco más de desarrollo, el único que tiene algo que ocultar -- característica demoníaca por excelencia: el doble sentido, el sentido oculto, el secreto -- es el Coronel... El resto, algo bastante achatado. Les dejo la escena para que disfruten de ese suculento momento de la actuación en cine: habrá que ver, en algún momento, si eso hace o no hace a una buena película.