Confieso: no soporto el oportunismo de Barry Levinson

Confieso que a estas alturas ya me resulta un tanto complicado buscar títulos que encajen con esta sección. No porque no haya títulos insoportables que me causen sarpullidos con su sola mención, podría hacer un recorrido por la mayoría, aunque no todos, de los que se alzan año tras año con el premio Oscar. Pero ese ejercicio me parecería aburrido y poco original, a pesar de que en la filmografía del cineasta del que me ocupo hoy podemos encontrar uno de esos títulos. Recurro en esta ocasión, más que a un título concreto, a uno de esos cineastas cuya obra me produce un soporífero tedio y una absoluta indiferencia, además de algún que otro berrinche: Barry Levinson.

Para aquellos escépticos que puedan pensar que soy un cinéfilo con prejuicios, sólo advertirles que no es lo mismo prejuicio que determinación. Con este artesano del cine tomé hace tiempo la misma decisión que en su día tomara con Danny Boyle: no ver ninguna película más, dado lo perjudicial que resultaba para mi salud psicológica. Esto no impide que, llegado un momento, pueda abordar el visionado completo de toda la obra de Levinson, igual que hiciera en su momento con la de Boyle, en cuya práctica, aunque me llevara alguna sorpresa como "28 Days Later…", ratificara lo que opinaba en un principio.

Mi relación con el cine de Barry Levinson no empieza con mal pie. No habiendo visto su ópera prima, "Diner", la primera película que pude ver de este director, originario de Baltimore, fue "The Natural". Un título que amparado por un espléndido reparto encabezado por Robert Redford, que podía resultar entretenido, aunque no llegaba a convencer del todo ese realismo mágico que importaba, sin éxito, del imaginario sudamericano. A esta siguió una encantadora película auspiciada por el que por aquel entonces era considerado el "rey midas de Hollywood": Steven Spielberg. Presencia que, indudablemente, se dejó influir en "Young Sherlock Holmes".

No me interesó en su momento "Tin Men" (lo cierto es que ni me enteré) y la antipatía que tenía por aquel entonces por Robin Williams (que se tornaría simpatía en el instante en que viera "The Fisher King") evitó que me acercase por las salas de proyección a ver "Good Morning, Vietnam". Por lo que mi siguiente peldaño en la relación con Barry Levinson sería la oscarizada "Rain Man". Título que comienza a forjar mi personal imagen del cineasta, que después Robert Altman retrataría con certeza en "The Player", al tratarse de un director que aprovecha un éxito comercial reciente para aplicarle una fórmula y crear así su proyecto personal. En el caso de "Rain Man", no me extrañaría nada que el inesperado éxito de "Children of a Lesser God", le llevara a concebir una buddy movie, aportando un coche y una diferencia: que uno de los buddies sea autista. Sí, ya se que simplifico excesivamente las cosas, pero es otra manera de decir que la película no me gustó.

Aunque su siguiente película, "Avalon", conseguía momentos tiernos y entrañables, gracias nuevamente a un espléndido reparto, uno no puede evitar la sensación de estar viendo un refrito nostálgico que evoca la primera parte de "Once Upon a Time in America", aquella en la que 'Noodles' (Robert De Niro) correteaba de niño por las calles de Nueva York. Aunque ciertamente, la película que más me molesta de todas las suyas es, sin duda, "Bugsy", que no me cabe ninguna duda fue concebida ante el resurgir del cine de gángsteres con películas como "Miller's Crossing" y, sobre todo, "Goodfellas". Mismo resurgir que vivimos en estos momentos y que le ha llevado a involucrale en "Gotti: Three Generations".

"Bugsy" cuenta la historia de Bugsy Siegel (Warren Beatty), que fuera considerado el creador e impulsor de la construcción de la ciudad de Las Vegas. Un gángster con explosiones de violencia, o un psicópata con un vestuario exquisito, como prefieran. El caso es que la visión romántica de Levinson, tanto del personaje como de su gesta, dista bastante de la historia original, lo cual tampoco sería un problema si no fuera porque es la propia película la que no se aclara si quiere contar una historia de amor con psicópata o la de un gángster con delirios de grandeza, algo que Martin Scorsese sí contaba a la perfección en "Goodfellas". La interpretación del momificado Warren Beatty, tampoco ayuda a dotar de credibilidad al personaje. Ni siquiera el hecho de que en la vida real acabara contrayendo matrimonio con su compañera de reparto: Annette Bening.

Al filme de gángster enamorado, seguiría la patética historia de juguetes y militares: "Toys". Una aventura tan ambiciosa como decepcionante. Y siguiendo los pasos, precisamente de Robert Altman en "The Player", realizaría en 1994 "Jimmy Hollywood", incluyendo en su preparo a Joe Pesci, que fuera uno de los protagonistas de "Goodfellas". Se coge antes a un mentiroso que a un cojo. Y a la que seguiría "Disclosure", una película que, ya sin ningún escrúpulo, intentaba aprovechar el tirón de "Basic Instinct", importando a su propio protagonista Michael Douglas, para enfrentarlo con la actriz de moda en aquellos momentos: la insoportable Demi Moore (que, prometo, será objeto de algún futuro 'confieso: no soporto'), que acababa de protagonizar "Indecent Proposal", un bodrio del mismo director de "Fatal Attraction", también con Douglas y de la que importaba también alguna que otra idea. Y a partir de este momento di la espalda al resto de la filmografía de un cineasta que necesita ver lo que funciona, para crear un producto a su medida, o dicho sin eufemismos: todo un oportunista en la tradición de los mejores plagiarios de Hollywood.

Foto: El Buen Cine