«Source Code»: anótalo y no lo pierdas

Fantástica, estupenda y divina de la muerte como ninguna me ha parecido "Source Code", la segunda película de Duncan Jones, en la que consigue sacar un fabuloso rendimiento a los ocho minutos a partir de los que está construido el relato, y a los que hace referencia ese código fuente.

Película de acción, thriller, ciencia-ficción, cine de catástrofes, casi apocalíptico, con relación de amor, con relación de amistad entre sexos opuestos… todos los géneros caben en esta demostración de la capacidad del director de "Moon" para emocionar al espectador, para hacerle pensar, para convertir los casi noventa minutos que dura la proyección en la confirmación de uno de los mejores directores del panorama cinematográfico contemporáneo.

Y lo mejor de todo es que no necesita ningún tipo de parafernalia pirotécnica --- los efectos especiales se usan única y exclusivamente en función de la historia, nunca para impresionar--- ni estética para conseguir su objetivo, sino que con un estilo clásico, claro y sencillo logra transmitir una historia que en algunos momentos puede recordar a otras historias paranoico futuristas, como "2001: A Space Odyssey", "Twelve Monkeys", "The Matrix", las comentadas adaptaciones de Philip K. Dick o incluso "Groundhog Day", pero que logra convertirse por méritos propios en una película personal y completamente atemporal, pues si no fuera por algunas referencias a guerras de la actualidad más reciente y la tecnología móvil que utilizan, no seríamos capaces de reconocer a ciencia cierta la época en la que se desarrolla la acción.

Jake Gyllenhaal consigue mantenernos pegados a la butaca con un personaje que tiene ecos de su maravilloso e inquietante "Donnie Darko". La interpretación de Michelle Monaghan logra estimularnos de la misma manera que lo hace dentro de la ficción con el protagonista. Pero la que se lleva toda la atención del espectador es la impecable interpretación de Vera Farmiga en un personaje que debe luchar entre la razón y el sentimiento, entre lo que le ordenan y lo que considera que debe hacer como ser humano.

El giro final, que por su puesto no voy a desvelar, no es un intento de buscar la originalidad, sino que conlleva una reflexión bastante más profunda de lo que a primera vista podríamos pensar, sobre las ideas que muchas veces creemos que son propias, que nacen espontáneamente, pero que finalmente nos han llegado impuestas por otras vías, mucho menos fortuitas y que, la mayoría de las veces nos pasan, lamentablemente, desapercibidas.

Sospecho que el visionado repetido de la película no hará más que enriquecer un discurso sin fisuras, perfectamente engarzado, que nos permitirá profundizar en las lecturas soterradas bajo su trama principal. Por lo que, aún a tenor de que a muchos les pueda parecer exagerado, me veo obligado a otorgarle la máxima puntuación.
5 estrellas