A ver… ¿Qué es lo que tiene Woody Allen que nos encanta?

A ver --- lo escribo de nuevo, porque es necesario recalcarlo ---: elegir escenas de películas de Woody Allen debe ser una de las cosas más difíciles que cualquier persona podría elegir para pasar una tarde, por lo que no tenemos que menospreciar el esfuerzo que la gente de Empire Online ha realizado y, con un poco más de humildad, el que voy a tratar de llevar adelante en este momento. La idea de la publicación fue la de elegir 18 razones/escenas para justificar nuestra preferencia por el trabajo de un director tan genial, tan alucinante como lo es el ya citado Allen: sobre la base de estas 18 elecciones, decidí usar cinco escenas --- algunas dentro, otras fuera de la lista --- que, a mi juicio, constituyen pequeñas perlas dentro de un trabajo filmográfico que, nos guste o no, ha dejado su marca en la cinematografía occidental. Y la lista comienza...

5. La escena del sillón en "Manhattan" (1980)

Es un clásico, lo miremos por donde lo miremos, hasta el punto de que mi edición de Losada de La educación sentimental, en dos tomos, tiene en la contratapa una mención a este genial monólogo. Sumido en un mundo en blanco y negro, Allen hace que su personaje se sumerja en sus pensamientos con el objetivo de rescatar aquellas cosas por las que vale realmente la pena vivir: es como buscar las notas de color en un mundo de colores neutros, como si el contraste entre la fotografía y las palabras, en ese momento, fuera sublime, fuera lo que realmente vale la pena tener en cuenta.

4. El monólogo inicial de "Annie Hall" (1977)

Todo "Annie Hall" es una serie de momentos que causan un placer tremebundo, que nos hacen temblar tanto de risa como de impulsos existenciales, no sólo de esos identificatorios, sino de esa desolación en la que nos deja parados tanto los chistes del comienzo de la película como el terrible chiste final... La cinta, después de todo, es el largo monólogo del personaje hablando de esa mujer que no puede, no sabe cómo sacarse de la cabeza.

3. El diálogo final de "Crimes and Misdemeanors" (1989)

Una cinta terrible, Allen en su estado más dostoievskyano: Martin Landau y el ya citado se encuentran cerca de un piano para hablar acerca de esas situaciones en donde se pone en tela de juicio la existencia de un Dios, la posibilidad de redención, la naturaleza misma del perdón... Un trabajo que verdaderamente penetra dentro de la mente y el corazón de cualquiera y que no está de más nunca volver a ver.

2. La escena del sexo oral en "Celebrity" (1998)

Excelente momento de la película, en donde el protagonista de la cinta, Kenneth Branagh, visita a una de las actrices del momento, Melanie Griffith, con el objetivo de hacerle una entrevista. Sumido en una suerte de profunda crisis matrimonial, este escritor que se está replanteando la vida tiene un chispazo de alegría cuando la citada actriz, frente a sus avances, le advierte que su cuerpo está destinado sólo a su marido... Pero la boca sigue siendo su patrimonio personal. Todo esto realizado en el incómodo, genial escenario del cuarto de adolescente de la actriz. Sin palabras.

1. El poema de e.e. cummings en "Hanna and Her Sisters" (1986)

Que me saquen el corazón y lo envuelvan para esconderlo en algún lugar antes de que se termine de romper del todo: esta escena en particular es genial, a mi juicio, desgarradora. Michael Caine confiesa casi en un susurro poético su amor por una de sus cuñadas, un amor absolutamente prohibido, imposible, y lo hace de la única manera en que puede: pidiendo prestada la voz del otro, robándole un poema y dándole un significado personal. Cada uno de los elementos en esta escena es Woody Allen puro, no tiene ningún tipo de desperdicio... Les dejo porque tengo que ir al baño a lavarme un poco la cara que de tantas lagrimas caídas ya no veo bien la pantalla.