Soundtracks: «Pat Garret and Billy The Kid», de Bob Dylan

Solitaria, violenta, tardo-romántica: es casi obligatorio recurrir a un diccionario para poder definir a la mítica película de Sam Peckinpah, nada más y nada menos que "Pat Garret and Billy the Kid", cinta estrenada en el año 1973 que contó con el soundtrack de la leyenda viviente de Bob Dylan, quien en ese año comenzaba a ser reconocido como mito musical luego de más de una década de encontrarse en escena.

La historia de la película, en sí, ya es otra película: Peckinpah, luego del éxito de "The Wild Bunch" (1969), se establece dentro de los estudios como un maestro en el arte de realizar un western, género que --- no me voy a cansar de repetirlo --- constituye la médula misma de lo que es el cine hollywoodense: piensen que es uno de los pocos géneros nacidos con el cine, junto con la comedia romántica, el resto proviene tanto de la literatura como del teatro. Con esta carta de prestigio bajo la manga, toma el guión de Rudy Wurlitzer y decide llevar adelante la película que toma a la leyenda de Billy the Kid junto con la de Pat Garret, dos antiguos amigos que se pasaban los días con el título individual de un outlaw y que de repente, empezada la década de 1880, tienen que vérselas como enemigos, el último declarado sheriff, el primero considerado aún un maleante con un precio sobre su cabeza. Peckinpah llega al proyecto debido a las recomendaciones de su amigo actor y protagonista de la cinta, el mismísimo James Coburn, quien se encargaría de personificar a Garret. Kris Kristofferson, hasta el momento un renombrado músico country, se queda con el papel de Billy the Kid, tratando de promover una fructífera carrera como actor de cine.

Peckinpah llega a la situación de filmar la cinta, pero pone una condición: contratar la mayor cantidad de actores relacionados con el género western que él considera imprescindibles en los papeles que van a ocupar, por más menores que sean. Así, tenemos a nombres como Katy Jurado, Chill Wills o Jason Robards, a los que había que sumar a Kristofferson, un músico devenido movie star y a otro reconocido intérprete y compositor folk rock que iba a realizar su primera aparición en la gran pantalla: un tal Bob Dylan.

Dylan aparece convocado para realizar el soundtrack de la película, llamado en alguna medida por los productores y por el propio Kristofferson, amigo del compositor. Entusiasmado por el proyecto, pregunta si puede participar de alguna manera personificando a algún personaje, cosa que no le cae muy bien a Peckinpah. Si bien el nombre lo tiene de algún lado, el director no era precisamente un fanático del trabajo del citado músico, por lo que lo convoca a una reunión privada para escuchar la música que estaba componiendo para la ocasión. Sam queda impresionado: el sonido de esas composiciones captura la esencia de la historia que quiere contar, no duda en dar el visto bueno para que continue con su labor e inventa un personaje de escasa aparición en el filme pero que cumple con el requerimiento de Bob Dylan, quien no sabe actuar, pese al entusiasmo que le pone a la situación y la profundidad con la que encarna el misterioso personaje de Alias.

El soundtrack es increíble: pasamos de varios temas en donde la utilización de los instrumentos juntos abren en cada track una suerte de espacio indeterminado, un desierto que cautiva, que convence, y que lentamente se acerca a los temas con lyrics dignos de consituir una innegable referencia dentro de la cultura popular: ¿alguno se anima a decir lo contrario con respecto a "Knockin´ On Heaven´s Doors"? En algún punto medular, la primera aparición de la canción se da con la muerte de uno de los personajes secundarios, apenas un carpintero que sueña con construir un bote y escapar de ese infierno de pueblo, de situación. Con una bala destrozándole lentamente las tripas, Baker --- tal el apellido del citado character --- se acerca a un pequeño montón de agua mientras el sol se clava en el horizonte y mira con paz la inmensidad, esperando irse de a poco. "Mama, put my guns in the ground / I can´t shoot them anymore", bien lo dicen las letras de Dylan, bien lo muestra la película, como si el verso flotase por cada escena, despegándose apenas del desolado paisaje de Durango, lugar de la filmación.

Tanto Dylan como Peckinpah, cada uno en su arte en particular, entregan una obra maestra con el mismo nombre: el primero, uno de los soundtrack de la historia, con temas que estarían destinados a convertirse en clásicos internacionales; el segundo, con una cinta que nos muestra el salvaje oeste de una forma muy poco romántica, dura, abyecta --- personajes muertos por nada: impacta la escena en que un empleado de correo se queja de haber colocado recién la puerta de la cocina, y comienza a sacarla porque el duelo entre el Kid y uno de los agentes de Garret se va a dar, y de seguro habrá alguien a quien enterrar ---: mujeres violadas, cuerpos sucios, flagelaciones, traición, muchas armas... ¿Ese es el lugar que el cine había vendido como idílico? Sin embargo, por esta falta de intenciones que buscan instalar peligrosas fantasías, la cinta logra un lirismo particular, como bien se ha dicho, tardo-romántico: ningún paisaje se ve desprendido de su instancia de meditación, de belleza particular, ningún silencio de Garret-Coburn queda sepultado en el olvido, ningún vaso de whisky queda sin ser tomado. "Pat Garret and Billy the Kid", ya sea el disco o la película, son dos obras de arte, y punto.

Les dejo aquí la primera aparición de "Knockin´ On Heaven´s Door": si bien encontré un video doblado en español, les sugiero que ya mismo consigan una versión subtitulada. De una manera u otra, noten como la música lentamente se va apoderando de la escena hasta el momento del clímax.