Secuencias favoritas: el mundo podría haber sido otro en “The 25th Hour” de Spike Lee

Hace no mucho tiempo hablé acerca de la importancia del travelling en la obra de Spike Lee como índice de un comportamiento moral de su cine: el travelling señala, marca una distancia humana, es un caminar, no es el picado del ojo del director como ojo divino, sino que es el ojo humano que camina junto a nosotros... No por nada en las dos escenas recuperadas, las de "Malcom x" (1994) y "The 25th Hour" (2002) los personajes caminan, tienen una relación casi de epifanía con ese caminar: no vamos de Dios a los hombres como en el picado, sino de los hombres a Dios, si se me permite la comparación moral. El cine de Spike Lee es precisamente un cine humano, casi en el sentido existencialista del término: un cine que se rodea de elementos que tienen que ver con el hombre como agujero en la existencia --- pienso en Jean Paul Sartre y sus famosas definiciones presentes en trabajos como El ser y la nada ---, como negatividad, pero también como apuesta, como un arrojarse: el hombre es lo que elige ser, y esa constante negatividad es lo qu elo hace sujeto y no objeto, y no cosa --- las cosas no eligen, son lo que son; los hombres pueden elegir, son lo que eligen ser en cada momento ---. Toda esta serie de cosas no pueden estar más claras en la siguiente secuencia que retomo de "The 25th Hour", cinta de la que ya hemos hablado pero que posee tantos elementos tan interesantes que no podemos negar que es necesario volver sobre ella.

La secuencia en cuestión se da casi al final de la película, en donde el personaje de Edward Norton, Monty Brogan, toma el camino final a la prisión junto a su padre, personificado por Brian Cox. Ambos se detienen a pensar en la vida de Monty: qué ha pasado, cómo ha terminado en esa situación, que sera de su vida ahora que debe ir a la cárcel. Les adiverto, la escena puede considerarse SPOILER ya que se encuentra al final de la película.

¿Qué es lo que sucede finalmente en esta conversación? El padre le asegura a Monty que puede rehacer su vida: imaginemos, en alguna medida, que sucede tal y tal cosa. De repente, la historia comienza a verse alterada por ese voice over, que dibuja a su juicio cómo continuará el relato... Tenemos lo que en crítica de cine se conoce como narrador enmarcado, esto es, alguien que se hace responsable mediante el uso de su voz de marcar una percepción subjetiva de los hechos narrados --- a diferencia del narrador cero, que seria la visión del "director", como para ponerle un nombre, y que se suele dar cuando el relato no corresponde a un narrador enmarcado o cuando hay una suerte de visión "neutra" de la cuestión, todo pasa como si fuera en el presente: toda esta serie de términos corresponden al léxico narratológico que suele utilizarse para analizar películas ---. El padre, James Brogan, crea una vida nueva en la que Monty escapa a las autoridades, no tiene que ir a la cárcel, desaparece para siempre tanto de la vida de su progenitor como de la de sus amigos y comienza una existencia en un lugar remoto de la profundidad norteamericana, bien lejos de New York --- gran tema de la película ---. Este planteo tiene que ver precisamente con la importancia de la imaginación dentro de la vida de cualquier persona: retomando lo que dijo Sartre, la imaginación es una negación del mundo actual y el planteo de un mundo posible, una especie de compromiso con la realidad por la vía de su negación.

No es necesario decir que la película culmina con Monty en la cárcel: toda esta serie de posibilidades son negadas desde el momento en que acepta su destino, acepta profundamente el delito que cometió y se entrega a las autoridades para que lo juzguen. La posibilidad moral que plantea la película no solamente tiene que ver con la aceptación del destino trágico del personaje, sino también el despliegue de diferentes estrategias para contar este compromiso, para relatar la manera en que se abraza el destino tantas veces esquivado pero finalmente aceptado: el padre opera como un fantasma que advierte, pero que en alguna medida señala también el camino correcto a tomar.

Si bien son todas impresiones medianamente articuladas, creo que la película merece ser vista una y otra vez como para seguir revisando las estrategias de Spike Lee, ya no como nombre propio de un director, sino como nombre de un conjunto de procedimientos totalmente excitantes a la hora de ingresar al análisis cinematográfico. Y al disfrute del cine, de más está decirlo.