«Libano»: asunto de perspectivas

La perspectiva en cualquier obra de arte es un asunto a tener en cuenta. Claro que este asunto no implica necesariamente el señalamiento a una subjetividad: esa es la gran trampa de la perspectiva y, en alguna medida, de cualquier obra de arte, hacernos creer que hay una subjetividad operando --- el artista, el director, etc. --- cuando en realidad estamos frente a un complejo entramado de huellas, de marcas subjetivas, si se quiere, de rastros de algo que no está o no es. Una perspectiva funciona en sí, para sí, dentro de la obra en tanto objetividad --- con complejas particularidades, claro ---, esto es, dentro de la obra como un algo hecho. En "Lebanon" (2009), o mejor, "Líbano", todo el asunto es un tema de perspectivas, de quién ve, de qué ve y de cómo se ve, una especie de continuación de las perspectivas cruzadas de una guerra, de cualquier acontecimiento, si se quiere.

Perspectivas cruzadas: eso es lo que tenemos a la hora de enfrentarnos a la historia. Un grupo de soldados israelíes realizan una misión en territorio sirio que, aparentemente, no implicaba mayores problemas. Estamos en los tiempos de la primera guerra del Líbano, mediados del año 1982: los cuatro soldados protagonistas --- Shmuel el artillero, Assi el comandante, Herzl el cargador y Yigal el conductor --- se encuentran a lo largo de toda la cinta dentro del tanque que tienen que manejar: desde allí verán el enfrentamiento del cuerpo del ejército, la entrada en la ciudad, etc. El marco de cada una de las perspectivas es uno de los grandes logros de la película en cuestión: todo lo que suceda más allá de ese ámbito claustrofóbico de adentro del tanque será visto desde una mirilla, desde un reflejo, pero nunca en sí, ninguno de los personajes sale al exterior para participar del acontecimiento... Ese tanque media entre lo que sucede y los personajes, una manera más que interesante de retratar el ámbito bélico.

Así, pasamos de un primerísimo primer plano de Assi tocándose la barba crecida a otro en donde, a través de la mirilla del tanque, observamos los disparos de los soldados a una familia cautiva de dos sirios, el dilema que representa en ese momento para Shmuel apretar el botón y disparar un misil, el horror que significa para una madre ver muerta a su hija de 5 años y a su esposo, el impactante seguimiento de la cámara al cuerpo de esta mujer, desnudo, desarmándose en llanto... En ningún momento dejamos de presenciar estos hechos sin la "mediación" de la mirilla, resaltando, por un lado, la irrealidad a la cual se ven sujetos los soldados y, por el otro, al golpe de lo real en sus vidas: por más que parezca lejana, mediada por ese interior, la gente muere, las bombas lanzadas contra el tanque golpean, el sirio capturado en el afuera es encadenado en el interior del vehículo: no son los soldados los que se meten en la guerra, es la guerra la que trata por todos los medios de entrar en esas suerte de ataúd con ruedas.

"Lebanon" es una cruda muestra de la guerra, sea cual sea el lugar, sea cual sea el nombre específico del conflicto, y gana mucho en la medida en que el director apostó por una estrategia muy particular de enfrentarse con este hecho. Sera por eso que ciertas escenas en donde ese exterior negado se muestra con ciertos toque preciosistas --- la escena final, algunas cuotas de patetismo con respecto a lo que sucede con los personajes, etc. --- no son estrictamente ganancias del filme, sino momentos en que, en tanto obra, el trabajo flaquea: quizás si se hubiera restringido aún más la visión podríamos tener una muestra un poco más evidente de lo que la película sugiere.

Samuel Maoz, quien relató en alguna medida su experiencia en el conflicto en el cual estos soldados se encuentran, no sólo exorciza demonios particulares, sino que busca que todo el mundo se sienta tan encerrado como estos muchachos en esta tenebrosa situación. Parece soltar una idea, un concepto que atosiga tanto como las horribles visiones de la guerra: el cine es, claramente, un gran, inmenso asunto de perspectivas.