En la cama con «Justin Bieber: Never Say Never»

No es la primera vez que se realiza un documental sobre cantantes, bandas de música, giras o conciertos como el que se ha realizado a propósito del concierto de Justin Bieber en el Madison Square Garden en el documental "Justin Biever: Never Say Never". La única diferencia es que mientras para ver los otros hemos tenido que recurrir a festivales especializados, como In-Edit en Barcelona, o la edición de cualquiera de ellos en DVD, las hordas de admiradoras del cantante canadiense podrán disfrutarlo en una sala de cine. Lástima que no vayan a valorarlo como lo que es, un documental sobre un cantante de 16 años.

Uno de los puntos que me parecía (y me sigue pareciendo) interesante de la historia de Justin Bieber, y uno de los motivos por los que me decidí a ver su película, era que su éxito es realmente consecuencia de la democratización que ofrecen las nuevas tecnologías. Y ciertamente la película comienza en ese mismo punto, en una pantalla de ordenador y su video en YouTube, pero rápidamente pasa de largo, apuntando el tema de la cuenta de twitter, pero sin analizar realmente el impulso que Internet ha proporcionado a su meteórica popularidad. De hecho, casi me parece una broma que utilicen la versión que Hans Zimmer realizara sobre el tema de Edvard Grieg para "The Social Network", cuando están mucho más interesados en el movimiento de pelo de Justin que en cómo aprendió a tocar la batería o los demás instrumentos que toca. ¡Mueve la cabeza Justin, mueve la cabeza! ¡Es que es tan mono! (Chica pues tírale unos cacahuetes)

No voy a decir que no haya momentos emotivos en la película, como las palabras que Justin le dedica a la niña que toca el violín en el mismo lugar en que tocara él antaño la guitarra, o las niñas elegidas para acompañar a Justin en el escenario; divertidos, como el primer peinado que luce Jaden Smith, de idéntica forma que el actor secundario Bob de "The Simpsons"; o patéticos, como la manera en que llora el padre de Justin cuando canta en un concierto. ¿Lloraría de la misma manera si en vez de cantante pop fuera concertista de piano? Y hasta excesivos, porque compararle con Michael Jackson, me parece realmente atrevido. Muy atrevido. Pero lo cierto es que da la impresión que Jon Chu, director de la película, que no ha destacado precisamente en sus anteriores trabajos, no dispone de imágenes ni momentos suficientes para ilustrar las casi dos horas que dura el documental, convenientemente completado con los números musicales, que claro, ayudan más si te gusta la música que interpreta Justin Bieber, de lo contrario lo vas a tener muy crudo.

Lo dice en la película el propio L.A. Reid ---co-fundador de LaFace Records y responsable de habernos torturado con cantantes y cantantas de la talla de Mariah Carey, Pink, Rihanna, Kanye West, Avril Lavigne, Toni Braxton, TLC, Usher, Ciara, Outkast o Dido, además del propio Bieber---, lo primero que pensó cuando vio por primera vez a Justin Bieber fue: "el Macauly Culkin de la música". Precisamente, "Justin Bieber: Never Say Never" basa la fuerza de su protagonista, no en sus cualidades musicales, que las tiene, sino en su capacidad para llenar el Madison Square Garden y la enésima versión del sueño americano. Justamente la misma cualidad que decían tenía el joven actor de la comparación cuando era un extraordinario reclamo para vender entradas de cine, según en la época admitiera Chris Columbus, director de "Home Alone" y su primera secuela. ¿Y que fuera con los años del portentoso talento de Macauly Culkin? ¿Pasará lo mismo con Justin Biever? El tiempo lo dirá…
2 estrellas