“The Fighter”, o la importancia de tener buenos actores

Cuando una película tiene como hilo conductor el boxeo, sea cual sea la historia que trate, es inevitable la inmediata comparación con "Raging Bull" de Scorsese, el paradigma dentro de este subgénero. Historia de superación, de mostrar cuán bajo puede caer un ser humano para poder ver el valor real que tiene salir de ahí y el resurgir, son temas que se utilizan en estas obras y que Scorsese trató a la perfección, utilizando para ello al gran Robert De Niro, en sus mejores tiempos.

Sin duda el tema del boxeo es un recurso muy utilizado para este tipo de historias tan humanas, sobre todo por las connotaciones que se pueden extraer de ellas y que el director de turno siempre utiliza: los golpes que da la vida mientras que el luchador debe mantenerse en pie por muy fuertes o dolorosos que sean estos reveses. Además, si se quiere utilizar este tema para mostrar lo dura que puede ser la vida de un ser humano, y todo ello hacerlo de la manera más natural posible, es casi indispensable que la historia que cuente esté basada en hechos reales, como ocurre con la de Scorsese y como también sucede con la última película de David O. Russell, "The Fighter".

La historia se basa principalmente en dos personajes, hermanos, interpretados por Mark Wahlberg y Christian Bale. Éste, ex-boxeador y adicto al crack, se encarga de entrenar a su hermano y en definitiva llevar su carrera deportiva cuando no está ocupado saciando su adicción. Es decir, nos muestra la carrera de un prometedor boxeador, que está desperdiciando su carrera y su vida porque en su lista de prioridades la familia está lo primero. El personajes de Bale, por otra parte, tiene unas preferencias muy distintas.

Con la introducción a la historia de los dos personajes, alegando que se está filmando un documental sobre su vida, con entrevistas incluidas, ya podemos imaginarnos lo que sucederá en las próximas dos horas, y no nos equivocaremos. Sin duda este es el fallo más grande que se le puede achacar a la historia que nos cuenta O. Russell: no nos contará nada que no hayamos visto en otras películas anteriores de este tipo, como la propia "Raging Bull", "Million Dollar Baby" o "Ali". Todas ellas son historias de superación personal, cada una con pequeños matices que pueden diferenciarlas y hacerlas mejores o peores, pero el tema básico es el mismo. Y en "The Fighter" encontraremos lo mismo que ya pudimos ver en cualquiera de esas películas que he enumerado, sin intentar aportar un nuevo punto de vista, un elemento que aporte frescura al discurso o, por qué no, un final distinto.

Incluso en lo mejor que tiene la película de O. Russell, las interpretaciones, se parece a cualquiera de esas películas que he nombrado. De Niro hizo uno de los mejores papeles de su vida, Hillary Swank igual —que la sirvió para ganar su segundo Oscar— y Will Smith hizo la mejor interpretación de su carrera como Muhammad Ali. Incluso los secundarios de las películas, como Joe Pesci o el propio Clint Eastwood, se mostraron a la altura del rol principal. Son películas hechas para que se luzca el reparto.

En "The Fighter", la ventaja que existe es que prácticamente todos los actores que tienen importancia en la película nos regalan unas interpretaciones colosales, desde Mark Wahlberg hasta Melissa Leo. Wahlberg, aunque sustenta el papel protagonista, lleva el peso de la trama principal aunque en realidad lo más interesante de la película sean las subtramas entre los distintos personajes, por lo que su papel se queda un poco a la deriva entre el protagonismo y la indiferencia. Sin embargo no destaca precisamente por hacerlo peor que sus compañeros, aunque es inevitable tener la sensación de que es un personaje que se ha amoldado a él y no al revés.

En cuanto a las dos actrices secundarias, Amy Adams y Melissa Leo, la primera interpreta a la novia de Wahlberg y la segunda a su madre. Ambas mantienen desde el primer momento un auténtico combate no sólo por lo requerido por sus roles, que chocan en cuanto se conocen, sino también a nivel interpretativo. Una desconocida Amy Adams nos regala una gran actuación —que la ha convertido en la favorita de cara a los Oscars— mientras que Melissa Leo mantiene ese rol de madre sufridora que pese a las adversidades hace todo lo posible para que su familia salga adelante, como ya la vimos en la serie Treme.

He dejado a Christian Bale para el final porque, sin duda, es lo mejor de la película. Personalmente ya me sorprendió bastante su actuación hace unos cuantos años en "American Psycho", donde si bien su personaje no era demasiado atrayente para el público por sus sangrientos episodios, merecía un reconocimiento que no obtuvo. Este año va de cabeza hacia el Oscar y no sin razón: su papel de ex-boxeador/entrenador/drogadicto es de lo mejor que hemos podido ver este año, y pese a ser un secundario, cada vez que aparece en pantalla es inevitable centrar toda nuestra atención en él. Además Bale demuestra de nuevo su implicación con un proyecto con un físico que, si bien no llega a los extremos que pudimos observar en "The Machinist", está muy alejado de sus papeles de Bruce Wayne.

Gracias a ellos, O. Russell ha conseguido salvar una película que no tiene mucho más, una trama manida, un mensaje más que refrito y una narración que tampoco destaca por ser demasiado innovadora. Parece que estaba tan seguro de que sus actores serían suficiente para conseguir una buena película que no quiso arriesgarse más. Lo "malo" es que tiene razón y sólo con ver a ese cuarteto de intérpretes darlo todo ante la cámara, ya merece la pena el visionado de la película.

3 estrellas