«L’illusionniste», cuando Chomet conoció a Tati

Sylvain Chomet sólo cuenta con dos largometrajes como director: "Les triplettes de Belleville" y "L'illusionniste", pero no le ha hecho falta mucho más para demostrarnos su personal estilo, atraparnos con sus bizarros personajes y sobre todo hipnotizarnos con sus artesanales dibujos. La primera de las dos es una obra maravillosa, donde cada plano podría extraerse de la película y ser contemplado como una obra independiente. Ahora, siete años después, regresa con su segundo largometraje, basado en una idea original del genial Jacques Tati, aunque adaptada para la película por el propio Chomet.

En "L'illusionniste", el director nos cuenta la historia de un mago muy particular, que intenta salir adelante mediante un trabajo que verdaderamente ama pero que económicamente no es muy viable. Todo ello le lleva a distintos lugares europeos, desde París a Londres o a un pequeño pueblo costero de Escocia. Allí conoce a una niña que comparte su idea de la magia y de que gracias a ella se puede obtener cualquier cosa que se deseé, algo que está muy lejos de la realidad.

La cinta podría ser el resultado de una película de animación hecha por Tati. En ella encontramos muchos elementos del estilo del director francés, como la casi ausencia de diálogos, donde la música es el elemento auditivo principal, la comicidad de las escenas y, por supuesto el personaje protagonista, extraído directamente del Hulot de Tati. Además Chomet no oculta en ningún momento sus influencias, y las quiere dejar claras desde el primer momento: en la breve introducción se nos presenta al protagonista haciendo uno de los espectáculos de magia y tanto los gestos como el aire cómico pero a la vez serio del personaje parecen extraídos directamente de películas como "Mon Oncle". Este interés por mostrar sus influencias llega hasta el extremo de introducir en la película un extracto de la película de Tati, la cual nos sirve perfectamente para comparar los gestos y el porte entre Hulot y el mago de Chomet.

Además, al igual que ocurría en "Mon Oncle", no hay un objetivo claro del personaje, ni se muestran sus deseos para que el espectador conozca las metas que le impulsan a continuar con su vida: simplemente es una retahíla de escenas sobre un personaje muy peculiar y las situaciones con las que se va encontrando a lo largo de su carrera. Por lo tanto tenemos como resultado una obra que va en paralelo a algunas de las propuestas por Tati, utilizando mucho su estilo y especialmente, lo recalco, a su personaje protagonista.

Sin embargo la principal diferencia que se puede encontrar dentro de "L'illusionniste" si tenemos en cuenta el estilo de Chomet con el de Tati es que la película no tiene un tono tan cómico como el que podemos encontrar en películas como "Mon Oncle" o "Trafic". "L'illusionniste" es mucho más dramática, con momentos especialmente sentimentales, especialmente el agridulce final, pero también sin olvidarse del punto cómico que está muy presente durante todo el metraje, sobre todo de la mano del protagonista. A pesar de ello, la genial comicidad con la que Tati impregnaba sus películas es realmente difícil de igualar, incluso adoptando al personaje principal, algo que Chomet intenta de manera notoria pero no llega a alcanzarla del todo.

Por otra parte, hay un elemento capital de la película y que sin duda es la idea propia de Chomet que aporta a su obra. Como comentaba, el protagonista realmente ama su trabajo, incluso lo traslada a su vida diaria para alegría de todo el que le rodea. Sin embargo, el director nos demuestra que sólo de eso no puede vivir una persona, y que lamentablemente lo que prima actualmente es el dinero por encima del arte. Toda una declaración de intenciones que parece ir más allá aún.

Es inevitable pensar que el director se refiere directamente a su trabajo como animador, y en concreto a las películas de animación a las penurias que ha tenido que pasar porque no le daban las oportunidades adecuadas. Chomet siempre ha demostrado que ama la animación, y que es un arte que requiere tiempo y merece realizarse como debe ser. Sin embargo, los que financian sus películas no opinan lo mismo y el dinero es el único motor que pone en marcha una producción cinematográfica, quedando el arte en un plano secundario. Por lo tanto, lo que le ha ocurrido a Chomet es lo mismo que le sucede al mago de "L'illusionniste", creando con ello toda una declaración de intenciones sobre las situación actual de la animación.

En definitiva, el director nos regala una obra que, si bien a nivel visual sigue demostrando una calidad y un detalle al alcance de muy pocos, también esconde un mensaje claro y complejo que hay que tener en cuenta, especialmente en esta época de crisis donde el dinero parece que es lo único que nos importa en el mundo. Chomet nos demuestra que hay mucho más aparte de la idea tan materialista que se extiende sobre el arte, que en realidad se crea para despertar sentimientos e hipnotizarnos como él consigue en su última gran obra.

4 estrellas