El sueño de la razón produce cisnes negros. Crítica de “Black Swan”

Hace algunos meses salía de una sala de cine, no recuerdo sinceramente la película que había visto, pero si recuerdo que junto a mis compañeros habituales de butaca, conversábamos sobre la inminente llegada de los Oscars. Nos sorprendía la conclusión de que, realmente, durante el pasado año 2010 no había demasiadas películas merecedoras de tal distinción. Obviamente lo mejor estaba aún por llegar a nuestro país, pero nos lamentábamos de la “mala cosecha” que en general había dado la temporada. Afortunadamente, el principio de 2011 nos ha traído (con retraso) algunas deliciosas sorpresas que nos hacen pensar que no está todo perdido. Una de estás refrescantes dosis de buen cine nos llegó el pasado fin de semana de la mano de Darren Aronofsky y su terroríficamente preciosa “Black Swan”. La cinta ha acumulado una larga lista de nominaciones y premios de todos los colores y en la carrera hacia los Oscars, que culmina esta misma semana, se ha colocado con las merecidas nominaciones a Mejor Edición, Fotografía, Actriz Protagonista, Director y Película.

El argumento de “Black Swan” nos sitúa en una compañía neoyorquina de ballet en la que Thomas (Vincent Cassel), su director artístico, decide estrenar la temporada con una nueva versión más dramática y visceral de El Lago de los Cisnes de Chaikovski. Beth (Winona Ryder), que durante años fue la bailarina principal de la compañía, se siente humillada y desplazada al descubrir que su carrera ha llegado al ocaso y que Thomas está buscando una nueva prima ballerina entre las miembros mas jóvenes. Ahí entra en escena Nina (Natalie Portman) una talentosa y disciplinada bailarina obsesionada con alcanzar la perfección y cuya fragilidad y pureza son perfectas para encarnar el personaje de la reina cisne, el cisne blanco. Pero hay un problema, el papel requiere que también se vista las plumas del cisne negro, reverso oscuro y malvado que debe seducir al príncipe provocando el suicido del cisne blanco. La desesperación de Nina ante su incapacidad de mostrar esta actitud oscura se acentúa con la llegada de Lily (Mila Kunis) una nueva bailarina con una técnica muy inferior a la suya, pero que es apasionada y atrevida, reuniendo todas las características de las que Nina carece. A partir de entonces la vida de Nina su vuelve una oscura pesadilla donde sus dudas e inseguridades la harán experimentar el terror a través de las personas que la rodean -empezando por su madre (Barbara Hershey)- y de su propio interior.

Reivindico “Black Swan” como una película de terror. Un terror del tipo mas escalofriante que pueda existir, el terror personal, interior. El miedo a los propios fantasmas, al lado oscuro que habita en cada uno de nosotros, a nuestros pánicos, a nuestras dudas. La paranoia a la que puede llevarnos la presión y los sentimientos exacerbados, ese malestar que nos afecta física y psicológicamente. Decía Francisco de Goya que el sueño de la razón produce monstruos y este és precisamente el océano por el que navega “Black Swan”, el de los monstruos que llevamos dentro y que se reflejan (literalmente en el caso de la cinta) en todos y cada uno de los personajes, situaciones y momentos de la vida. Además, se trata de un terror bello, dulce y sofisticado, aún mas efectivo al quedar enmarcado con gran maestría en el cándido, delicado y vestal mundo del ballet. Todo un acierto por parte del realizador.

“Black Swan” además se sirve de otros temas para componer su relato de oscuridad. Uno de ellos es la enfermiza dependencia maternal, encarnada en una escalofriante Barbara Hershey cuyo personaje tuvo que abandonar su carrera como bailarina para cuidar de Nina y en la que este resentimiento se mezcla con un sobreprotector amor, encerrando a la joven en cuarto infantil, obsesionándola con la perfección y el éxito. El sexo es otro de los temas que aborda. En realidad en toda la película se percibe un constante contenido sexual, la escena de la masturbación matutina de Nina es memorable y su represión en este sentido se relaciona estrechamente con sus dificultades para expresar la lujuriosa y seductora personalidad del cisne negro. También habla sobre el sufrimiento que conlleva el arte, la obsesión con la superación personal. Presenta el ballet con sangre, sudor y lagrimas (literalmente), como un mundo tan bello como cruel y competitivo. No es casual la elección de este peculiar contexto, el propio Aronofsky estudió danza y su hermana fue una profesional del ballet, en una reciente entrevista decía “Si miras ballets tipo El Lago de los Cisnes o Romeo y Julieta ves que son tragedias oscuras, góticas”. Por su parte, Natalie Portman lo practicó hasta los 13 años y asegura que ha sido algo realmente duro retomarlo a su edad.

Encuentro un acierto la forma en la que el director ha decidido relatarnos esta historia. La imagen granulada, imperfecta, las secuencias filmadas cámara en mano, los movimientos de cámara que emulan la coreografía de baile como si el espectador estuviera en el escenario con Portman o dentro de su cabeza. El uso subyacente de los colores blanco y negro, bien y mal, luz y oscuridad, utilizado subliminalmente (o no tanto) en el vestuario de las actrices. La inclusión de imágenes fantásticas y oníricas, como el apoteósico baile final del cisne negro. La música, exquisita, juega además un papel importante y sobrecogedor en el conjunto del filme. El director logra que el espectador se sienta tan perdido y desconcertado como la protagonista, incapaz de diferenciar a ciencia cierta cuanto hay de fantasía y de realidad en lo que percibe. Tan “loco” y desconcertado como lo está Nina. Y este juego dual no acaba con la protagonista, Aronofsky consigue crear un paralelismo brillante entre la historia de Nina y la del propio ballet, donde los personajes que la rodean se reflejan en los de chaikovski y donde la historia de amor, celos, seducción, metamorfosis y muerte culmina, en palabras de la propia Nina de forma “perfecta”.

En lo referente al reparto, Natalie Portman declaró: “Hay un antes y un después en mi carrera y en mi vida tras este papel” y no sabe hasta que punto está en lo cierto. Su interpretación en “Black Swan” es sublime. Su encarnación del sufrimiento, su transformación, la brillantez con la que muestra las dos facetas de su personaje son sencillamente dignas de reconocimiento. Espero y deseo que el próximo 27 de febrero levanté la estatuilla dorada y que sepa seguir en la estela de este impulso a su carrera. La acompaña en esta aventura una Mila Kunis que, además de ser considerada por quien escribe estas líneas como la actriz más sexy del momento, se está haciendo un hueco en una clase de cine que le sienta muy bien. Su Lily es natural, seductora y atrevida. Tan ambigua que nunca conoces sus verdaderas intenciones, desconcertando tanto al espectador como a la propia Nina. Aterradora (en el “buen” sentido de la palabra) la Barbara Hershey que se convierte aquí en la oscura y agobiante madre con una efectiva interpretación. Algo mas flojos, aunque todavía dentro de un excelente nivel están Vicent Cassel y Winona Ryder, que cumplen con solvencia pero sin destacar sus respectivos roles.

En conclusión, “Black Swan” me parece una obra absolutamente magistral, la clase de cine que me gusta, que me sorprende, que me entretiene y que me deja con una sensación de satisfacción al final de la película. Satisfecho de lo visto, con poco que criticar, maravillado de su calidad. Todas estas son sensaciones cada vez menos comunes por desgracia. Vayan a ver “Black Swan”, no gustará a todo el mundo, aviso, pero vayan a verla.

cinco estrellas