Secuencias favoritas: “E.T.: The Extra-Terrestrial”

Cada semana, los editores de Extracine seleccionamos una secuencia favorita para comentar con ustedes, nuestros queridos lectores. Hemos rescatado fragmentos complejos a nivel técnico; momentos en donde las imágenes valen más que mil palabras; secuencias con simbolismo importante, entre otras. En esta ocasión -- mi primera contribución a la sección -- comparto la secuencia que me hizo creer en la magia del cine desde muy pequeña; sencilla pero precisa en su ejecución. Una joya que se logra gracias a Steven Spielberg, a su colaborador John Williams y a un pequeño extraterrestre que es abandonado en el planeta Tierra.

En 1982, Steven Spielberg presenta "E.T.: The Extra-Terrestrial" en una proyección especial como parte del Festival de Cannes. Al finalizar el screening, la película recibió una ovación de pie, como si se tratara de un filme en competencia. Los presentes experimentaron por primera vez esta hermosa historia, sencilla pero rica en lenguaje y distintiva en su ejecución; más que nada, por el proceso de rodaje y el estilo de las tomas.

Según las palabras del mismo director, se trata de la película más personal de su filmografía, la cual soñaba realizar desde niño. Y es precisamente a esta etapa donde nos transporta: a la infancia. Claro, aquellos que nos tocó verla cuando niños -- y no me dejarán mentir --, por un momento nos sentíamos parte de la historia, acompañando a E.T. en su aventura de regreso a casa. Nos veíamos envueltos en la magia cinematográfica de manera distinta a como lo hacemos ahora siendo adultos.

"E.T.: The Extra-Terrestrial" narra la historia de Elliot, un niño que vive con su madre y dos hermanos: Michael, un adolescente inseguro, y Gertie, la pequeña de la familia, alegre e inocente. Elliot pasa por un momento un difícil; sufre el distanciamiento y el divorcio de sus padres. Es presentado como un chico solitario e incomprendido, en parte, la idea es reforzada al tratarse del hijo de en medio. Una noche Elliot escucha ruidos afuera de su casa y, al seguir su oigen, se encuentra con una extraña criatura, un extraterrestre. Y así comienza la aventura, cuando un niño conoce a su mejor amigo, alguien que se encuentra a años luz de su hogar.

Poco a poco, conforme transcurre la historia, estos personajes crean un vínculo muy especial. Elliot le enseña a E.T. su mundo, entre un mundo de juguetes, explica el ciclo de la vida, la ley del más fuerte, sin pasar por alto los juguetes de acción -- con claras referencias a "Star Wars: Episode V - The Empire Strikes Back" --. El chico también presenta a sus hermanos al hombre de la luna, como le llamaría Gertie (una pequeñita Drew Barrymore). El extraterrestre aprende rápido a comunicarse con los niños, así como nace una fuerte conexión psíquica entre éste y Elliot. Esta conexión y la relación de E.T. con los niños, es enfatizada con las tomas a cierto nivel, a la altura del reparto infantil; es una invitación del director a mirar el filme con esos ojos, de la magia y la inocencia. De esa magia cinematográfica que no tiene caducidad.

La historia está repleta de grandes momentos, secuencias que quedan en nuestra memoria por siempre: cuando E.T. abre el refrigerador y toma unas cervezas, lo que hace que Elliot tenga el efecto del alcohol; en casa, cuando Elliot ve a E.T. vestido de señora, éste le llama por su nombre y le comparte su plan «E.T. Phone. Home.»; la noche de Halloween, cuando van caminando por la calle, E.T. voltea a ver un Yoda y dice incesantemente «Home. Home. Home.»; la secuencia final, cuando el extraterrestre se despide de sus amigos humanos; estas y muchas más, en especial la secuencia que elegí para esta ocasión. Después de tantos años, sigue poniéndome "la carne de gallina" -- como dicen acá en mi tierra --; un momento mágico.

Elliot y E.T. se dirigen al bosque en bicicleta, mientras sus hermanos siguen en las celebraciones de Halloween. En el bosque vemos tomas abiertas, mientras los seguimos por el terreno accidentado; tomas abiertas que se distinguen entre las demás pues se presentan con poca medida por el detalle comentado, la altura a nivel de los niños. Cuando Elliot dice que tendrán que ir caminando, E.T. hace uso de su magia para echar andar la bicicleta. Vemos el rostro de E.T., mientras la banda sonora de John Williams se intensifica. Se dirigen rumbo a un acantilado, a una caída segura, cuando de repente la bicicleta emprende vuelo a través del bosque, cruzando la luna bella que ilumina el cielo, acompañado por las notas de la melodía principal de la película. La magia, ante nuestros ojos infantiles, crece a su máxima expresión.

A partir de este momento, la historia se prepara para su cierre. Las tomas se mantienen abiertas con la búsqueda de E.T. en el bosque, la llegada del equipo de cuarentena y, así mismo, se ve el rostro de otros adultos, distintos a la madre. Toma especial énfasis el personaje que interpreta Peter Coyote, conocido como Keys -- aunque nunca se menciona su nombre --. Este hombre ha buscado a E.T. a lo largo de la película, como si fuera otro Elliot en busca de su amigo, según escenas posteriores. La magia toca al mundo adulto, conforme se acerca la despedida. Una secuencia que no perderá fuerza, siempre que nos dejemos llevar por la magia del cine.

Foto: Cinema Dreamer