Confieso: no soporto “Annie Hall” ni que todos necesitemos un psicoanalista

Estoy seguro de que muchos se sentirán heridos en lo más profundo por haber elegido esta obra para la sección de "Confieso: no soporto", aunque más seguro estoy aún de que otros tantos compartirán mi opinión y todavía hoy se están preguntando cómo pudo ganar esta película cuatro Oscars —guión, actriz, director y mejor película—. Creo que con ella queda más que claro que estos galardones no aúnan los gustos de todo el mundo, como es lo más lógico.

Sin embargo, tengo que reconocer que me ha supuesto un auténtico suplicio ver "Annie Hall". Es de esas películas que llaman la atención por las opiniones que se han generado en torno a ella, mucha gente la recomienda y los premios que tiene también ayudan a que, al menos, surja esa curiosidad por comprobar si de verdad es un buen material. Había intentado verla un par de veces en el pasado, movido por esa curiosidad, pero nunca la pude acabar. Sin embargo, para escribir este post me autoconvencí de verla entera, por mucho que me costara. ¡Y vaya si me ha costado!

No tengo nada en contra de Woody Allen, no es nada personal, puesto que incluso hay películas suyas que no me disgustan, aunque tampoco se pueda decir que haya visto muchas de él. Sin embargo cuando aparece en pantalla me produce un rechazo automático, ya sea por la imagen que desprende, el enorme ego que alimenta protagonizando sus propias obras o esos diálogos interminables. Por ello, me siento completamente identificado con Ned Flanders cuando dijo en un capítulo aquello de 'Me encantan las películas de Woody Allen, menos por ese odioso personajillo que sale en todas ellas'. Qué grande y qué sabio.

Creo que ese es el principal problema que se le puedo achacar al artista neoyorquino: no creo que sea tan malo como director o incluso como guionista, pero protagonizando sus películas, dando esa imagen irreal de un paranoico humorista que, nadie sabe cómo, triunfa entre los miembros del sexo opuesto, pierde toda la credibilidad que por otro lado intenta impregnar en toda la película. Pretende conseguir una historia natural, una historia de amor y desamor en una pareja que personajes muy diferenciados pero a la vez con numerosos puntos en común, y todo ello intentado dotarlo del mayor realismo posible. Pero si ya desde el principio el personaje protagonista no resulta creíble, por todo lo que he dicho antes, no se puede entrar en el discurso y hacer partícipe al espectador de que lo que les ocurre puede ser real.

Sinceramente, el mayor problema que tengo con la película es que no me la creo. No digo que no existan personas como esas, continuamente obsesionadas con los problemas internos, que filosofan a cada segundo sobre temas existenciales como la muerte o las relaciones sentimentales cuando al final todo lo basan en el sexo y las relaciones sexuales de la pareja. Creo que se produce una contradicción de términos que está utilizada para conseguir un personaje más elaborado, o al menos para dar esa impresión, cuando en verdad lo que consigue es que sea completamente irreal.

Aparte de ello, creo que el punto más negativo y por el que Allen ha sido más criticado, es el extenuante uso que hace de los diálogos, o más bien de sus monólogos. Creo que no he visto a nadie hablar tan rápido, casi sin parar un segundo y sobre los más diversos temas en ninguna otra película. Resulta ciertamente una saturación de temas, de información, como si las limitaciones cinematográficas que tiene como director le obligaran a utilizar las palabras como única vía de expresión. Creo que se ha demostrado que en el cine, y prácticamente en cualquier categoría artística, una imagen vale más que mil palabras aunque parezca que Allen no lo termine de comprender. No digo que la saturación de diálogos sea negativo para una película, puesto que uno de sus máximos exponentes, Quentin Tarantino, también hace mucho uso de este recurso pero sólo cuando es necesario y sobre todo subordinando este elemento a la idea principal del discurso. Allen en cambio nos bombardea constantemente con información, con las opiniones que tiene sobre distintos temas, con la filosofía de su vida, probablemente para parecer que es un personaje interesante y que hasta está trabajado, cuando en verdad lo único que pretende es alimentar su ego.

Esto no quiere decir que todas las frases sean despreciables, aunque si para una conversación de cinco minutos sólo podemos rescatar una línea interesante, creo que el resto se podría eliminar y no pasaría nada. En cuanto a Diane Keaton creo que es el otro elemento que se salva de la quema, con una gran actuación que pasa por encima de todo el que se encuentra a su lado. Aunque tampoco creo que tenga mucho mérito porque la mayoría de las veces su acompañante es el propio Allen así que no creo que se exigiera demasiado.

Me parece muy bien que el director esté enamorado de Nueva York, que necesite un psicoanalista constante por sus paranoias y que se crea que es todo un galán, pero al menos a mi no me convence nada su propuesta y menos aún que cuente una historia tan raída de amor y desamor que no aporta nada nuevo nada más que las elucubraciones del protagonista. Creo que para ver a un neurótico en pantalla justificando sus paranoias no hace falta gastar una preciada hora y media de vida que podríamos aprovechar en hacer algo más productivo, como por ejemplo nada.

Fotos: 24VecesPorSegundo, CineastasExtraordinarios & TheAspectRatio