«Tres Metros Sobre el Cielo», un metro por debajo del listón

Recientemente se ha estrenado una de las grandes apuestas del año, en lo que a cine español se refiere, para arrastrar a los cines a ese público adolescente que tan buenos beneficios ofrece en taquilla. Se trata de “Tres Metros Sobre el Cielo” una cinta basada en la primera obra del escritor Federico Moccia y cuyo principal atractivo es reunir a varias jóvenes promesas del cine y la televisión patrios. Desgraciadamente la cosa se queda en un bonito envoltorio carente de todo corazón.

Comencemos por el principio. Federico Moccia es un escritor que ha desatado todo en fenómeno entre los adolescentes, sobretodo en su tierra natal, Italia, pero también a nivel mundial con sus relatos románticos. Como curiosidad, comentar que un detalle que aparece en los libros, como es el de colocar candados en los puentes sobre el río Tiber en señal de amor eterno, se ha convertido a raíz de ello en una practica habitual en la realidad. La novela Perdona si te llamo amor se convirtió en un best seller mundial y el propio Moccia se puso tras las cámaras para dirigir la versión cinematográfica tanto de esta como de su secuela, Perdona pero quiero casarme contigo. Pero antes de esta exitosa saga, Moccia escribió también con gran éxito las novelas A tres metros sobre el cielo y su secuela Tengo ganas de ti que también fueron llevadas al cine en Italia, y que ya comentamos aquí en Extracine. “Tres Metros Sobre el Cielo”, la española, es un remake de la versión italiana dirigida por Luca Lucini y estrenada en 2004.

A todas luces parecía que la idea de coger un fenómeno adolescente tan de moda, que ha tenido tanto éxito en un país vecino y traerlo a España interpretado por actores jóvenes, guapos y populares era una apuesta segura. No es entonces de extrañar que el sello de Antena 3 Films, el productor televisivo de éxito Daniel Écija y el director Fernando Gonzalez Molina ("Fuga de Cerebros") se pusieran manos a la obra con este remake. Digo remake pero debería decir fotocopia, porque la triste realidad es que pese a haber practicado un copiar/pegar salvaje escena por escena y plano por plano (lo cual no tiene por que ser necesariamente malo) los artífices de esta versión se han dejado atrás lo principal. Ya la historia de por si no es para tirar cohetes, seamos sinceros, pero mientras la cinta italiana es rica en matices, sobretodo en lo que respecta a definir y profundizar en los personajes, la española es tan superficial y vulgar que resulta desagradable.

El argumento es el siguiente. Babi (Maria Valverde) es la hija mayor de una adinerada familia de la zona alta de Barcelona. Hugo, o como se le conoce en la calle, “H” (Mario Casas) es un joven descarado, rebelde y peligroso con un pasado turbio y criminal. Coincidencias del destino hacen que se encuentren en una fiesta en la que el chico acaba agrediendo a un conocido de ella, que se propondrá denunciarle. A raíz de la relación de la mejor amiga de Babi (Marina Salas) y el mejor amigo de “H” (Álvaro Cervantes) los jóvenes tendrán que volver a verse. Entre ellos nacerá un amor en el que el choque de sus mundos opuestos (que en realidad no lo son tanto) y sobretodo ellos mismos se encargarán de dinamitar.

Aunque esta podría ser una sinopsis “oficial”, la verdad es que algunas cosas son discutibles, la primera su premisa. Se supone que estamos presenciando una historia de amor que bajo mi punto de vista no es tal. El otro día leí en una revista que alguien catalogaba a los personajes de esta historia como “Romeo y Julieta 2.0”. No se en que universo se puede pretender comparar lo que hay entre estos dos con los personajes de Shakespeare, pero bueno. La verdad es que lo que se produce entre ellos es mas bien un acoso y derribo por parte del chico para, a modo de capricho y con un aire machista impregnado con disimulo en cada una de sus acciones, conseguir rendir a la niña pija a sus pies pensando sobretodo en que esta no declare contra él en el juicio por agresión que se avecina. Lo siento, no es una bonita historia de amor por mucho que nos la vendan de esta manera, el se pavonea haciendo gala de unos atributos masculinos del siglo pasado y ella se deja humillar para volver dócilmente a sus brazos impresionada por unos virtudes que de tan escasas resulta inverosímil.

Todo esto sin entrar en que la cinta hace constante apología del vandalismo. Al personaje de Mario Casas, el “heroe” de la historia, “Romeo 2.0”, en los 111 minutos que dura la cinta (excesiva duración que la hace eterna, por cierto) le vemos pelearse, agredir a un inocente, conducir una moto sin casco, destrozar un coche, amenazar, secuestrar y allanar diversas propiedades, además de rematar la faena cruzándole la cara de un guantazo a su “Julieta”, que por cierto también le arrea una buena ostia a él en otro momento. ¡Ojo! Que nadie me tache de moralista, entre mis películas favoritas hay varios ejemplos de violencia explicita y contenido trasgresor, pero se trata de filmes honestos con lo que son. Lo que me mosquea es que me vendan un producto destinado al publico adolescente con el cartel de historia de amor y le estemos transmitiendo a ese receptivo publico unos valores e ideas del amor tan perversamente deformados. Aquí no se habla de la rebeldía de una generación, no se hace el retrato de un estrato social determinado, no son esas sus pretensiones, sino que hablarnos sobre el amor. Pues el amor no es esto niños y niñas, disfrutad de la película si queréis, pero tenedlo presente.

De hecho, ni siquiera creo que el problema venga de la historia en si, porque en la película italiana, pese a que el protagonista comete los mísmos actos delictivos, es muy diferente la forma en que esto se trata. El motivo por el que el joven decide revelarse contra el mundo es una completa estupidez, tanto en una película como en otra, pero el “Step” (apodo del chico en esta versión), interpretado por Riccardo Scamarcio es muchísimo mas profundo, infinitamente mas carismático y dulce en sus relaciones con Babi o con su propio hermano. En este filme (el italiano) consiguen hacerle ver al espectador que es un buen chico que en ocasiones concretas pierde el control, pero que ama realmente a Babi. La interpretación de Casas en la versión española nos muestra a poco mas que un primate con el cual el espectador no se identifica, ni siente empatía. ¡Eso si, lo de pasarse media película luciendo abdominales a lo “New Moon” que no falte!.

Me deja atónito leer unas declaraciones del director en las que asegura que “...esta es una historia que ofrece una fuerte empatía con el espectador, que se identifica con el amor apasionado de sus protagonistas...”. De hecho, lejos de estar en tu butaca albergando el deseo de que los enamorados superen sus problemas y acaben juntos, lo que estás es queriendo que él acabe en la cárcel (que es donde merece estar) y que ella espabile de una vez. Porque a fin de cuentas, esta pareja no ha de oponerse a trágicas impedimentas familiares, sociales o de clase, no hay nada épico ni Shakesperiano, lo único que impide su amor son sus propios actos y caracteres. El abismo tan grande que separa una película de otra es, como decía al principio, de matices pequeños pero que son toda la esencia de la cinta. No es lo mismo entrar por la fuerza en un castillo abandonado para dar una sorpresa a tu novia que hacerlo en un chalet de lujo que está en venta. Por mucho que el acto en sí sea el mismo, el matiz es distinto y eso el espectador lo percibe. Como no es lo mismo hacerse un tatuaje idéntico al de tu amado en señal de amor eterno que colocarse su inicial como una marca de ganado. Es en estas pequeñas cosas donde la versión italiana, sin ser tampoco nada del otro mundo, ha sabido ser mas elegante y sensible.

Pero cuidado, no todo es malo. Hay que saber elogiar la buena voluntad que se ha puesto en realizar este filme. Obviando la publicidad encubierta (debería decir evidente) que se hace de ciertas marcas comerciales y siguiendo con las comparaciones es obligado decir que técnicamente es infinitamente mejor que la versión italiana. Una fotografía deslumbrante, una música elegida con talento (brillante el Forever Young de Alphaville) y unas interpretaciones que, en general y salvo en el caso de Mario Casas (al que por momentos apenas se le entiende cuando habla), hacen pensar en un futuro prometedor para esta coral de jóvenes actores. Especialmente mi idolatrada Marina Salas, pero también María Valverde, la joven Nerea Camacho, la debutante Andrea Duro, el algo mas veterano Diego Martín y el una pizca sobreactuado Luis Fernández. Mirando precisamente al futuro tenemos pendientes de estreno “La Mula” de Michael Radford que repite el tándem Valverde-Casas y por parte de este último la esperada "Carne de Neón" de Paco Cabezas.

Estoy seguro de que no todo el mundo estará de acuerdo con esta crítica, tanto como estoy seguro de que esta cinta va a hacer grandes recaudaciones en taquilla y de que cuando salga en DVD va a decorar las estanterías de cientos de adolescentes. Sin embargo han desaprovechado la oportunidad de hacer una buena película por no prestar atención a los detalles. Mi consejo es que si estáis interesados en la historia, veáis la versión italiana.

dos estrellas

Fotos: Notas de cine | La Butaca