“Little Fockers”; Más de lo mismo

La tercera entrega de la saga inciada por Jay Roach (que aquí ejerce las labores de producción) tiene tantos elementos a priori a su favor, como a posteriori en su contra. Porque Ben Stiller es uno de los mejores cómicos americanos en activo, y Robert de Niro es un valor seguro haga lo que haga. Porque no solemos ver a Harvey Keitel en papeles cómicos, y porque despues la estupenda primera entrega, y de la divertida secuela era muy difícil aburrir con esos personajes.

Pero Paul Weitz lo ha conseguido. "Little Fockers" no cumple ninguna de las expectativas que había creado. Si bien el conflicto que a priori plantea la película parece interesante, ver cómo se desenvuelven los Fockers como padres, ahora que conocemos a sus progenitores, a las primeras de cambio podemos ver que no van por ahí los tiros. Que la paternidad de Stiller y Polo es sólo una excusa para que yerno y suegro vuelvan a reunirse y Jack Byrnes pueda volver a desplegar su arsenal de sospechas y paranoias con respecto al bueno de Greg.

La película es una sucesión de situaciones a priori graciosas, pero que pierden fuelle por ya vistas en las dos anteriores entregas. Si bien "Meet The Fockers" contaba con la novedad del choque entre dos tipos de padres tan distintos, ahora ya lo hemos visto todo, y en esta tercera entrega no hay nada nuevo con respecto a las dos anteriores. Bueno algo sí que hay, la cutrez. Y es que el "Parche Hoffman" como yo lo llamo se nota a leguas.

Como muchos ya saben, Universal obligó a Weitz a rehacer la película ya filmada, para incorporar a última hora al personaje de Dustin Hoffman. La mejora que Hoffman haya podido dar a la película, yo no la veo por ningún lado. Su estancia en España es cuanto menos que ridícula, y su aparición al final de la cinta para justificar su sueldo es de todo menos verosímil. Más aún cuando el director utiliza estrategias cutres para evitar que Hoffman comparta plano con De Niro u otros actores a los que ya habían filmado. Cada uno de los planos en el que sale Hoffman (menos la secuencia final) se ve como un parche dentro de la película.

Nada de esto sería un problema si, al menos, los gags, el alma de cualquier comedia de éste tipo, funcionasen. Salvo el del pavo y el de la inyección (algo pasado de vueltas), el resto pecan todos de previsibles y repetitivos: Las llamadas al FBI, los malentendidos, la chapucera presencia del personaje de Owen Wilson... todo suena a ya visto.

Menos mal que nos queda el talento cómico de Stiller, una gran secuencia entre De Niro y Keitel, algún que otro guiño cinéfilo (divertido el homenaje a "Jaws") y la presencia de Jessica Alba, que siempre es de agradecer.