Historia del cine de animación (I)

Si entendemos como animación el procedimiento de diseñar los movimientos de los personajes o de los objetos y elementos, los primeros ejemplos que nos hemos encontrado a lo largo de la Historia se remontan unos años antes a las primeras obras de los hermanos Lumiére en 1895.

A finales del siglo XVIII un afamado mago belga llamado Étienne-Gaspard Robert, muy popular por lograr apariciones demoníacas y angelicales en sus shows, patentó el fantascopio en 1799. Se trataba de una linterna mágica con unos obturadores más desarrollados para conseguir una sensación de movimiento más natural, y aunque en principio fue utilizada para mostrar ilusiones animadas durante sus espectáculos, lo que sí podemos destacar es que sentó las bases de lo que serían los posteriores proyectores de animación.

Tras él, estos aparatos fueron perfeccionándose, con ejemplos como el fenaquitoscopio de Joseph-Antonine Plateau en 1892, que conseguía mostrar un movimiento mucho más natural de los cuerpos. Se trataba de un disco circular en el que estaban dibujados los distintos planos de un hombre o una animal realizando una acción. Al girarlo a cierta velocidad de forma constante, el espectador recibía la información visual de un cuerpo en movimiento. Sin embargo el aparato de Plateau no emitía una proyección de imágenes, sino que el observador debía mirar directamente el disco mientras giraba, por lo que la recepción sólo podía ser individual.

A partir de 1892, con los inventos de Émile Reynaud, los orígenes de la animación y del propio cine se difuminan, puesto que la cinematografía básicamente son imágenes en movimiento. Reynaud inventó el praxinoscopio: una variación del zoótropo creado en 1834 por William George Horner. Ésta consistía en una pequeña rueda en cuyo interior se colocaban los dibujos y, al hacerla girar, el observador podía percibir la sensación de movimiento. La única novedad que introdujo Reynaud al invento de Horner fue colocar en el centro de la rueda una serie de espejos, que proyectaban la imagen hacia el espectador. Este sería uno de los primeros pasos en la proyección que posteriormente se perfeccionó con el cinematógrafo.

Antes decía que las barreras entre la animación de dibujos animados que se daba originalmente y el cine como tal se difuminaban porque Reynaud comenzó a utilizar fotografías en su praxinoscopio. Así se podía observar la imagen real de un caballo galopando o un hombre caminando.

El gran paso de diferenciación entre estos dos tipos de proyecciones, que en origen estuvieron muy relacionados, se produjo a principios del siglo XX. En el año 1906, James Stuart Blackton realizó el primer cortometraje de dibujos animados de la historia tal y como hoy lo conocemos: "Humorous Phases of Funny Faces":

Lo que caracterizó esta obra fue que Blackton no se centró en inventar un nuevo aparato para que una sola persona disfrutara de la animación: él fotografió distintos momentos mientras dibujaba, que al proyectarse con un cinematógrafo sobre una pantalla a una velocidad constante consiguiera dar la sensación de movimiento y además ser admirada por un grupo numeroso de gente simultáneamente. El material que utilizó para realizar estos dibujos no fue el papel y lápiz que comúnmente se usa en la actualidad, las imágenes que se muestran están realizadas con tiza en un panel de pizarra. Incluso en algunos planos se pueden apreciar algunas zonas más blanquecinas producto de haber borrado dibujos anteriores.

Dos años después del cortometraje de Blackton, el caricaturista francés Émile Cohl realizó su famosa obra "Fantasmagorie", considerada por muchos como la primera obra de animación de la historia:

También utilizó como materiales la pizarra y la tiza, al igual que Blackton. Sin embargo lo que diferenció estas dos obras fue que la de Cohl mostraba cierta narración en algunas de sus partes, consiguiendo una continuidad, muy simple todavía, que dota a la historia de cierto sentido. Blackton se centró más en conseguir encadenar distintos dibujos para dotarles de movimiento durante una proyección, sin embargo Émile Cohl buscó ir más allá y consiguió crear una pequeña historia basada en las transformaciones de sus personajes.

Tras estos dos pioneros del cine de animación, fueron muchos los animadores que se interesaron por esta gran rama que el cine les brindaba, de la que imaginaban unos posibilidades tanto narrativas como visuales que el cine de imagen real no les podía facilitar.

Hasta aquí la primera parte del artículo. En la segunda hablaremos de los primeros largometrajes, del color y del sonido sincronizado.

Foto: LeeLibros