«Unstoppable», ¿el tren o la cámara?

Recuerdo que cuando la gente salía del cine después de ver "The Blair Witch Proyect" hablaban sobre todo del mareo que les había producido la película por el contínuo movimiento de la cámara. En esto no tiene nada que envidiarla "Unstoppable", la última película de Tony Scott.

Se trata de una película que pretende tomar tantas referencias del género de acción que se sobrepasa en estas influencias. Es verdad que en este tipo de películas se suele mover la cámara lateralmente, se utiliza el zoom y nos encontramos con muchos planos en movimiento para conseguir una contínua tensión en el espectador y sobre todo que la cinta no pierda ritmo en ningún momento. Sin embargo lo que hace aquí Scott es algo exagerado: habría estado bien si hubiera servido como una parodia del género, pero al usarlo con fines puramente narrativos sólo se consigue una repetición y saturación que siembran el desinterés en el espectador.

Es realmente exagerado el uso que se da de este elemento expresivo, como si el director sólo pudiera recurrir a estos movimientos de cámara para conseguir la tensión que exige la película, sin intentar buscar otros ya sea porque no los tiene o porque los desconoce. Y el problema más importante a raiz de esto es que la propia historia no permite seguir ese ritmo frenético que intenta dar Scott con el movimiento contínuo, porque se intercalan estas escenas de acción con otras mucho más lentas que sólo sirven para intentar dar consistencia al relato y mostrar a unos personajes mínimamente elaborados.

En cuanto a esto, estoy seguro de que ni el mejor actor en sus momentos de inspiración podría haber sacado nada interesante de estos personajes. Y menos aún cuando hablamos de un Denzel Washington en horas bajas y un Chris Pine al que no se le puede reprochar nada, puesto que no da mucho más de sí. Es una pena que Washington prefiera que en su contrato aparezcan más ceros a que el personaje que interprete sea realmente interesante. A mi parecer, desde "American Gangster" no levanta cabeza.

Y por si todo esto fuera poco, la historia se hace lo más increíble —en el peor sentido de la palabra— posible. La película narra la historia de unos maquinistas que pretenden detener un tren que, accidentalmente, lleva una carga tóxica hacia una ciudad y no hay maquinista que lo controle y tiene los frenos averiados. En resumen: una larga serie de casualidades que se tienen que dar para que la historia llegue hasta un punto algo que se le pueda llamar interesante. Sin embargo estas situaciones se dan de las maneras más inexplicables, simples e inverosímiles que no podemos más que preguntarnos si se están riendo de nosotros. ¿De verdad esperan que creamos que la palanca con la que estaba asegurada la velocidad de la locomotora por arte de magia cambia a potencia máxima? Yo no entiendo mucho de trenes, pero me parece que esto no se puede dar tan fácilmente, y menos aún tal y como nos lo muestran en la película.

Y después de ésta hay muchas más situaciones que sólo conducen al mismo objetivo: intentar mostrar al espectador que no hay manera de parar el tren. Sin embargo, desde el primer momento, lo tremendamente previsible de la historia ya nos hace suponer cuál será el final y os puedo asegurar que no nos equivocamos.

En resumen, una película que no sirve ni para pasar el rato puesto que no aporta tensión, ni consigue convencer en ningún momento de que lo que sucede pueda pasar realmente y lo único que sacas de ella es un mareo de órdago y unas ganas tremendas de explicarle al señor Scott lo que es un plano fijo.

Foto: ArgentinaWarez