«Scott Pilgrim vs. the World», oda a la cultura geek

Con tan sólo tres películas a sus espaldas, Edgar Wright se ha convertido en lo más parecido a un gurú de la cultura geek que podamos tener en nuestros días. Con una temática, referentes y estilo muy personales, Wright consigue trabajo tras trabajo, desde el respeto más absoluto, retratar las aficiones y obsesiones de todo aquel fanático de los cómics. los videojuegos o el cine mas "freak".

Ya en su magnífica (e incomprensiblemente inédita en España) serie de TV "Spaced", Wright asentaba las bases de su estilo cinematográfico: Sus personajes son geeks orgullosos de serlo, pero al contrario que en otras representaciones cinematográficas de éste fenómeno, Wright los trata desde el respeto y se mete en su mundo, pues el director es uno más de ellos. A esta visión fresca de un estereotipo tan trillado hay que añadir un sentido del humor que mezcla lo mejor del humor británico y la gamberrada yanki, y una dedicación sana a la comedia en general y a la comedia romántica en particular. Tengo muy claro que Wright hace comedias románticas para geeks.

"Spaced" dinamitaba los estereotipos de la sit-com y sembraba la base de comedias de mucho más exito como "The IT Crowd" o más aún "The Big Bang Theory". Luego llegó su debut cinematográfico "Shaun of The Dead", considerada como una de las mejores (si no la mejor) parodia del cine de zombis jamás hecha, y que tuvo la osadía de colocar una invasión zombi en mitad de una comedia romántica al uso. Su segunda película, "Hot Fuzz" homenajeaba otro género tan exitoso como menospreciado, las "Buddy Movies" policíacas. Aquí la referencia no era "Dawn of the Dead", sino "Point Break", pero las constantes del cine de Wright permanecían inalterables.

Por eso esperaba con tantas ganas esta "Scott Pilgrim vs. The World". En parte por saber cómo se desenvolvería Wright sin sus actores fetiche, Simon Pegg y Nick Frost, y por otra porque el argumento del cómic me parecía tan surrealista que dudaba que se pudiera llevar a la gran pantalla con efectividad. Una vez vista la película, he de afirmar que si alguien podía superar tal reto, ese era sin duda Edgar Wright.

El cómic de Brian Lee O'Malley tenía todos los componentes que ya habíamos visto en el cine de Wright. Su argumento es una comedia romántica de las de toda la vida, protagonizada por unos personajes muy distintos a los que suelen protagonizar estas historias, y por supuesto, con doble capa de pintura freak. Wright adapta la novela gráfica con una fidelidad sorprendente, desacomplejada, y se atreve a utilizar referentes que, de no conocerlos, pueden desconcertar a un espectador no informado.

Porque si en toda historia de amor uno tiene que luchar contra el pasado de su pareja - "Chasing Amy" es un perfecto ejemplo de ello - en "Scott Pilgrim..." esta lucha no es metafórica, sino real. Pilgrim tiene que enfrentarse a cada uno de los ex-novios de Ramona, y para escenificar éstas luchas, Wright sigue al pie de la letra los designios del cómic, convirtiendo el romance de Scott en un videojuego en el que nuestro protagonista tiene que ir avanzando pantalla tras pantalla. Esto no es algo nuevo para Wright, ya que viendo la película viene rápidamente a la cabeza el capítulo de Spaced en el que el personaje de Simon Pegg convierte su rutinario día en una partida de "Resident Evil 2".

"Scott Pilgrim..." puede que no sea una película para todos los públicos. Aquellos que jamás hayan jugado a un videojuego no entenderán por qué surgen monedas de la nada, o por qué la música es capaz de crear dragones gigantes. Sin embargo esta falta de vergüenza de Wright a la hora de abusar de sus referentes es el mayor hallazgo tanto visual como narrativo del film, pese a que en su última parte se haga algo repetitivo.

Puede que los puristas me cuelguen de un árbol por lo que voy a decir, pero creo que "Scott Pilgrim vs. The World" supera con creces a la obra original. Es más divertida, más ágil y concisa que la novela gráfica, manteniendo todas y cada una de las virtudes de aquella. Los secundarios son personajes mucho más redondos que los que nos muestra O'Malley, más concretamente cada uno de los "malvados ex-novios". Pese al obligado cambio en algunos pequeños detalles, Wright se mantiene fiel al cómic, al estilo de "Sin City", sin caer en los excesos (narrativos) de aquella.

Wright monta su película en base a un reparto muy bien elegido, pese a la poca credibilidad de la vida amorosa de un chico como Michael Cera. Kieran Culkin y Mary Elizabeth Winstead bordan sus personajes, y Brandon Routh o Chris Evans demuestran que saben reírse de sí mismos.

La perfecta integración de la fotografía sin alardes de Bill Pope con unos efectos especiales deliberadamente retro, dotan al film de un aspecto visual nunca antes visto en una película comercial. Wright definitivamente ha realizado un hito dentro de la historia del cine más "geek", "freak", "nerd" o como queramos llamarlo. Una película que, a buen seguro, con el paso de los años se convertirá en todo un clásico a la altura de "Shaun of The Dead", y con la que Wright se confirma como uno de los directores más interesantes del panorama actual porque hace algo que muy pocos directores hacen: dedicarse a la comedia desde el respeto y con una visión crítica, cultural y muy cinéfila. Habrá quién espere a que Wright toque otros géneros para confirmar si realmente es o no un buen director. Yo no lo necesito, pues creo que la comedia es uno de los géneros cinematográficos más importantes, y no un género menor. Por eso espero que Wright siga realizando comedias a la altura de "Scott Pilgrim vs. The World".